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Lord Ashdown y los guerreros afganos
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Robert Scarcia
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recientemente en las páginas de un diario estadounidense Robert Gates, el secretario de Defensa de Estados Unidos, ha lamentado la falta de éxito de las tropas de la Alianza Atlántica en la guerra en contra de los talibanes en Afganistán. Mientras tanto, el secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, acababa de nombrar a Lord Paddy Ashdown, antiguo jefe del Partido Liberal-demócrata británico y ex representante de la Unión Europea en Bosnia, enviado especial de la ONU en Afganistán. Por otra parte, el 25 de enero el presidente de Pakistán Pervez Musharraf empieza un viaje de cuatro días a Londres, capital del imperio colonial del cual su país formaba parte.
Dichos tres episodios indican la gravedad de la guerra en Afganistán y de los riesgos de desestabilización de Pakistán.
Las críticas de Gates, sucesor de Donald Rumsfeld en el cargo de jefe del Pentágono, en contra de una OTAN presuntamente inútil cuando de operaciones de contraguerrilla se trata, han provocado reacciones indignadas por parte del secretario general de la Alianza Atlántica, y por parte de los responsables políticos de algunos países que están en primera fila en la guerra afgana.
Sin embargo, aquí no se trata de un clásico triángulo diplomático hecho de críticas, de indignación y de eventuales rectificaciones pacificadoras: el jefe del Pentágono ha hecho lo que comúnmente se llama lavar los trapos sucios en público. Gates ha dado a entender que la intervención de la OTAN en Afganistán se está reduciendo a una serie de tácticas sin estrategia. Sun Tzu, el venerable sabio militar chino del sexto siglo antes de nuestra era, decía que "la táctica sin estrategia es el ruido antes de la derrota...". Pero no hace falta recordar a Sun Tzu para entender que lo que le falta desesperadamente a la última guerra afgana es una estrategia.
La vuelta de Benazir Bhutto a Pakistán servía de cobertura democrática para que los militares paquistaníes pudieran encontrar una solución negociada en Afganistán basada en un acuerdo con los sectores talibanes menos vinculados a los fundamentalistas de Al-Qaeda. Ahora, en un escenario político post-Benazir, aunque las formas y los protagonistas hayan cambiado, el objetivo de fondo es idéntico. Ashdown ha sido nombrado representante de la ONU para cumplir lo que era de esperar que cumpliera Bhutto para que los occidentales pudieran salir de Afganistán sin deshonor. Y Musharraf va a Londres precisamente para coordinar iniciativas políticas y buscar una negociación con algunos sectores talibanes.
Lo que el presidente de Pakistán intentará explicar discretamente a los descendientes de los colonizadores de su país es que en el fondo los talibanes representan las aspiraciones nacionales de los pashtún y que, consecuentemente, si a dicha comunidad se le niega un papel importante en Kabul no habrá paz en Afganistán, ni habrá estabilidad en Pakistán por estar los pashtún en ambos lados de la frontera.
Lo que en cambio Musharraf no dirá a sus anfitriones británicos -pero que Lord Ashdown debería de saber- es que durante la guerra contra los soviéticos los servicios secretos paquistaníes facilitaron el endoctrinamiento religioso fundamentalista de los talibanes-pashtún. Esta fue una decisión política cuyo objetivo era evitar que surgiera un nacionalismo pashtún que pudiera reivindicar un Pashtunistan unido rompiendo así la unidad de Pakistán. En efecto, el factor religioso de los talibanes, aunque mucho más radical de lo que se mide comúnmente en Pakistán, creaba un vínculo espiritual entre los pashtunes y los demás ciudadanos del País de los puros, o sea el Estado musulmán de Pakistán. Dicho de otra forma, Pakistán jugó la carta de la unidad religiosa para protegerse, en ambos lados de la frontera en contra de efectos inesperados del nacionalismo pashtún.
La única estrategia que le queda al británico con boina azul de la ONU Lord Ashdown de Norton-sub-Hamdon, es lograr lo que sus antepasados con salacot colonial nunca lograron: un acuerdo con la nación pashtún. Para describir el sacrificio en balde de los suyos luchando en Afganistán, Rudyard Kipling dijo: "Two thousand pounds of education/ Drops to a ten-rupee jezail", o sea que dos mil libras esterlinas de instrucción se reducen a un jezail -el rudimentario mosquete de los rebeldes afganos- de diez rupias... Poco ha cambiado desde aquellos tiempos del raj (imperio) británico.
Las críticas en contra de una OTAN presuntamente inútil, han provocado reacciones indignadas por parte de Ban Ki-moon
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La única estrategia que le queda al británico con boina azul de la ONU es un acuerdo con la nación pashtún |
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