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Todos los galardonados, arropados por representantes de la Fundación Sabino Arana y por el lehendakari Ibarretxe, al final de la gala en el Arriaga. |
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galardones sabino arana
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Premiados en tiempos difíciles
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El Teatro Arriaga acogió ayer los XIX Premios Sabino Arana que han recaído sobre el nutricionista José Mª Bengoa, la escultora Cristina Iglesias, el presidente de Vicinay Cadenas, Juan Ignacio Vicinay; Almudena Cid y Santiago Carrillo.
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Idoia Alonso
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EL lema de la Fundación Sabino Arana reza Atzokoan Finkatuz, gaur biharkoa bultzatu/Afianzándonos en el ayer, hoy impulsar el mañana. Sus galardones anuales bien podrían tomar prestado el no menos inspirador Toda una vida, letra con la que Osvaldo Farrés regaló al mundo hace ya algún tiempo. No en vano, las personas galardonadas en la XIX edición de los Premios Sabino Arana han dedicado toda una vida -incluso renunciando a su yo en momentos convulsos- en aras del bien común y la excelencia en sus respectivas profesiones.
Santiago Carrillo, ex secretario general del PCE, y José María Bengoa, ex director del departamento de Nutrición de la OMS, además de colegas de generación a sus noventa y tantos fueron la encarnación de esa solidaridad filantrópica y abrazo conciliador en la gala de entrega de los Sabino Arana, celebrada ayer en el Teatro Arriaga. La escultora donostiarra Cristina Iglesias, la gimnasta Almudena Cid y José Ignacio Vicinay, presidente de Vicinay Cadenas, tuvieron el honor de compartir reconocimiento junto a estos ilustres personajes, testimonio vivo de nuestra historia más reciente.
Medicina social, deporte de élite, arte, innovación empresarial y la política después de las trincheras, compusieron ayer el boceto de los premios, que desde hace 20 años rinden homenaje a personas que han destacado por su decidido afán de servicio a la sociedad.
Unos premios con la vocación constructiva de los Sabino Arana no pueden vivir al margen de la realidad social, venga ésta de cara o soplen vientos desfavorables. Y eso se dejo notar ayer en la gala. Los ecos de la manifestación en defensa de las instituciones vascas tras la condena del presidente de la Fundación, Juan Mari Atutxa, sobrevolaron las cabezas de los asistentes, desde la platea hasta los palcos del Arriaga de las grandes ocasiones.
Atutxa devolvió con un beso, el apoyo y cariño que demostró el público por medio de una cerrada ovación. "Ante tales circunstancias, siempre es buen momento para manifestar que creemos en los valores democráticos, en el sistema representativo y en la separación de poderes", manifestó Atutxa, al tiempo que consideró necesario reafirmar su compromiso con la democracia. "Creemos en el Estado de Derecho y en sus instituciones, en los derechos y libertades para todos -para todos-, en la convivencia entre diferentes", dijo. Reacciones políticas aparte, la gala conducida por Aintzane Bolinaga y Xavier Euzkitze discurrió en un ambiente sencillo pero con altas dosis de emotividad.
El primero en subir a recoger su premio fue el especialista internacional en nutrición, José María Bengoa, cuya afinidad con los más desfavorecidos le ha llevado a dedicar más de 65 años en la lucha contra el hambre. Fue en Venezuela, como médico rural en Sanare, donde nació su vocación por los problemas sociales de esta pandemia que aun afecta a millones de individuos en el mundo. "Allí conocí un síndrome que jamás había visto, ni en la Universidad de Valladolid, ni en Bilbao", dijo. De un dispensario, donde daba a los más pequeños las tres comidas diarias, Bengoa pasó a desarrollar una brillantísima carrera en la salud pública y nutrición, campos en los que ha dejado un importante legado teórico y metodológico.
"Es una de nuestras artistas más internacionales, y sigue revolucionando la escultura contemporánea, dándole un lenguaje propio". Esta fue la carta de presentación de Cristina Iglesias, una donostiarra en cuyas manos cemento, hormigón, cobre, cristal, bambú o la hojarasca adquieren categoría de arte y ha hecho de ella uno de los mayores valores del nuevo arte. El Guggenheim de Nueva York y su hermano bilbaino, The Renaissance Society de Chicago o la Whitechapel Art Galery albergan esos trabajos por los que compiten museos y galerías de arte de todo el mundo. Iglesias dedicó a su familia el premio, "por creer en que yo -dijo- sería capaz de construir algo en el mundo del arte". Asimismo, señaló que tiene "proyectos en todo el mundo, todos se basan en la memoria y la base de mi memoria está aquí".
I+D+I, pasión y reconciliación El siguiente en recoger el Sabino Arana fue Juan Ignacio Vicinay, presidente de una empresa familiar cuyas raíces se pierden en el túnel del tiempo y que, sin embargo, se ha convertido en líder mundial en la fabricación de cadenas de anclaje para plataformas flotantes. "Innovación" y "personas" son para Vicinay el "eje conductor" de más de 250 años de historia. "Es un honor recibir el premio, no sólo por el mérito de la fundación, sino también por el respeto que tenemos a Juan Mari como persona y por toda la labor que ha realizado en todos los años de vida pública, sobre todo al frente del Parlamento vasco".
A sus 27 años, Almudena Cid es una rara avis en el mundo de la gimnasia de alta competición, donde las niñas imponen su dictadura. El Sabino Arana de esta gasteiztarra es el del sudor y lágrimas que el brillo de las medallas no deja ver hecho persona. Su intervención aportó sacrificio y óptica de mujer a las postrimerías de la gala. La única gimnasta en el mundo en participar en tres finales olímpicas consecutivas agradeció efusivamente el galardón. "Creo que en mi caso se ha valorado más que una medalla, y se han fijado en mi carreta deportiva, en toda una trayectoria", comentó Cid. Tras dedicar el premio a su familia y pareja sentimental por su "compresión", la gimnasta sintetizó en una frase toda su carrera. "Haber estado luchando durante tantos años ha servido para demostrar que mi deporte no es sólo un deporte de niñas, sino también de mujeres".
El clímax de la ceremonia llegó de la mano del último de los homenajeados, Santiago Carrillo, que tras agradecer el premio rompió una lanza a favor del presidente de la Fundación y de la solución dialogada al conflicto vasco. El histórico líder comunista, al que La Pasionaria enseñó "el alma vasca", dijo que la condena de la Mesa del Parlamento vasco tras su negativa a disolver Sozialista Abertzaleak tiene "carácter político". Asimismo, alertó sobre la involución democrática que supondría la victoria de la derecha en las elecciones porque no respetan que el Estado "es un estado plurinacional". Reiteró que "en el terrorismo, la solución no es sólo policíaca y judicial, tiene que ser una solución política". |
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