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Estos técnicos de mantenimiento aseguran el buen funcionamiento de la maquinaria hospitalaria. |
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Técnicos de bata blanca
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La creciente tecnología hospitalaria ha convertido al personal de mantenimiento en una de las piezas indispensables de los centros de salud.
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D. Artola
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ELECTRO qué. Hay mucho desconocimiento sobre nuestro trabajo y necesitamos dar muchas explicaciones. Algunos amigos piensan que leo el periódico en Cruces". Los técnicos de mantenimiento de los centros sanitarios arrastran el anonimato tras la imponente figura de los médicos, aunque el funcionamiento de la delicada maquinaria hospitalaria depende de sus manos. La tecnología les ha convertido en actores secundarios de primera fila, en técnicos de bata blanca a los que nadie puede renunciar.
"Ahora el funcionamiento de los hospitales es mucho más complejo, con una mayor dependencia de las máquinas", confirma Ángel Justel, uno de los grandes veteranos del sector en Bizkaia con 28 años de experiencia. De hecho, representa un testigo de excepción de la imparable penetración de la tecnología. "Cuando yo empecé los hospitales a penas tenían máquinas de rayos X", recuerda.
Su memoria le traslada un funcionamiento mucho más manual donde la sencillez de los sistemas todavía permitía a los facultativos sustituir piezas básicas. "Se utilizaban probetas para los análisis clínicos y veías como cambiaba el color de la sangre. Hoy se ha perdido encanto. Un brazo mecánico lo hace todo y al final te da un papelito con el resultado. Sólo se aprietan botones", reconoce nostálgico.
Las exigencias de los hospitales modernos han acabado por encumbrar este oficio que ofrece los únicos profesionales capaces de intentar la quimera de la perfección. "No damos abasto", confiesa. Estas demandas han permitido a muchos de ellos saltar de las empresas de mantenimiento para instalarse en los hospitales. "Los centros quieren tener las espaldas cubiertas", confirma Oscar Zárate, profesional de 32 años. Tal y como describe, la demanda de la población ha elevado las revoluciones del motor de la sanidad. Y ellos están en la sala de máquinas ejerciendo de ángeles de la guardia del sistema.
No es extraño verles en un quirófano caracterizados como el personal facultativo, batas verdes y mascarilla incluidas. "Los quirófanos tienen equipos duplicados pero muchas veces resulta más rápido un arreglo sencillo que preparar la máquina de sustitución", apunta.
La excelencia también se ha trasladado a los informes, hasta el punto de convertirles en una suerte de notario del buen funcionamiento de los hospitales. "Hay que acreditar el seguimiento realizado a las máquinas para evitar la posibilidad de reclamaciones", apunta. La dependencia de este personal cualificado se refleja en la acumulación de guardias. "Cada hospital decide el grado de mantenimiento que desea. No es extraño que a los técnicos que trabajan les propongan servicios de retén en los horarios que las empresas de mantenimiento dejan sin cubrir", explica.
Lo cierto es que la terca realidad empieza a inmunizarlos contra la pretenciosidad de los médicos. "Los hay que siguen mirando por encima del hombro pero cuando surge una necesidad les cambia el tono", apunta Justel. Ellos, mientras, disfrutan del trasiego hospitalario desde la barrera en un entorno que les obliga a un constante dinamismo. También se muestran orgullosos por participar en la eterna batalla por la vida. "Sabemos que lo que hacemos mejora la salud de las personas", destaca Zárate. |
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