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Mesa de redacción
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Las ligas
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Juan Carlos Ibarra
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INCLINARSE del lado de los poderosos es una tentación muy humana y, sin embargo, hay también una tendencia no menos humana a arropar a los más cercanos, aunque ello cause en muchas ocasiones más disgustos que momentos de gloria. No todo el mundo apuesta a caballo ganador, pese a conocer cuál es el resultado más probable de la carrera. No hay más que mirar al fútbol. El comunicador Jesús Quintero, El loco de la colina, decía que el día que le confesó a su padre su condición de bético, éste, en tono triste, le espetó: "Hijo mío, vas a sufrir mucho en esta vida". Hay muchos locos como Jesús Quintero y no hace falta ir muy lejos para encontrarlos. Basta mirar alrededor para ver hinchas del Athletic, la Real, el Alavés u Osasuna, condenados de antemano a sufrir mucho en esta vida. Podrían haber optado perfectamente por hacerse seguidores del Real Madrid o del Barcelona, porque hacerse de uno u otro es gratis. Se habrían asegurado un título o más al año, los mejores jugadores, el mejor fútbol, la mejor imagen internacional... y se habrían ahorrado muchas noches de angustia y alguna que otra ronquera de tanto animar o de tanto gritarle al árbitro la impotencia propia. Pero hay mucha gente que no se hace de esos equipos, porque ya está hecha del suyo y eso tiene difícil solución. Esa gente no juega la liga de los ganadores, esa de este-año-del-Madrid/este-año-del-Barça. Si acaso, pueden soñar con una Copa de ciento en viento y una Liga algún siglo de estos, cuando pillen despistados a los poderosos. Son las cosas del fútbol, pero también de otros ámbitos. En política, por ejemplo, unos juegan la liga de los campeones, mientras otros defienden sus colores conscientes de que van a sufrir más para poder ganar algún día.
jcibarra@deia.com |
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