Esta temporada parecía que a San Mamés se le había olvidado rugir. El juego realizado por los de Caparrós no acaba de conectar con la grada y el empuje de los aficionados rojiblancos llegaba a cuentagotas. Ayer, sin embargo, San Mamés demostró que sí sabe rugir, o mejor dicho, que a La Catedral no se la ha olvidado rugir.
El gol de Fernando Llorente espoleó a los seguidores rojiblancos, que llevaron al equipo en volandas en busca del tanto de la victoria. El Barcelona, un equipo curtido en mil batallas, sintió en la nuca la presión de La Catedral. Lo de ayer tiene que ser un ensayo general de cara al próximo jueves, cuando el Athletic tiene el más difícil todavía, levantar el 2-0 de El Sardinero para dejar K.O. al Racing y colarse en las semifinales de Copa.
Lo cierto es que, pese a que la Junta Directiva había decretado el partido ante el Barcelona como Medio Día del Club, las gradas de San Mamés presentaban un inmejorable aspecto. Se rozó el lleno, aunque, todo hay que decirlo, fueron también muchos los aficionados culés. El grueso de los seguidores azulgranas se situaron en la zona de ambos videomarcadores, pero la Quinta Columna barcelonista quedó patente cuando Bojan anotó el primer tanto de la tarde-noche en Bilbao, gol que hizo levantarse de sus asientos a muchos aficionados del conjunto catalán desperdigados por las gradas.
La afición bilbaina estaba con ganas, pero a la vez expectante. Cada vez que Leo Messi cogía el balón se hacía un silencio a la espera de lo que inventara el argentino. San Mamés quería ver fútbol, fútbol directo, y por eso atronaban los pitos cada vez que los jugadores del Barcelona tocaban y tocaban el balón en su campo, o Víctor Valdés perdía tiempo en los saques de su portería.
Mientras, Caparrós, como siempre, era un manojo de nervios fuera de su banquillo, al tiempo que Frank Rijkaard se lo tomaba con más calma y sus salidas al área técnica eran mucho más esporádicas.
Los arranques de garra de Javi Martínez o el desparpajo que demostró Aitor Ramos acabaron por despertar a los aficionados del Athletic.
Con el pitido final, los jugadores del Barcelona abandonaron decepcionados el campo. Tenían la percepción de que se les habían escapado dos puntos que pueden ser vitales en su intento por dar caza al Real Madrid. Los rojiblancos, por su parte, acudieron al centro del campo para agradecer a la afición su apoyo. Por primera vez en la temporada volvió a aparecer la conexión afición-equipo. Ahora es deber de los rojiblancos el mantenerla. |