bilbao. Con buen sabor de boca. El Athletic sumó ayer uno de esos puntos que tienen un valor mayor al administrativo. Porque el conjunto rojiblanco fue capaz de renacer ante todo un Barça. Porque sirvió para redimirse de sus dos anteriores fiascos. Porque llevar la contraria a la lógica es para congratularse. Porque vale para ver el futuro con otra cara. El Athletic, lo cierto, salió vivo de un examen de altura. Que no es poco cuando se está necesitado. Su fútbol no fue para tirar cohetes. Pero su propuesta sí es de agradecer. Supo levantarse cuando peor lo tenía. Cuando sus fuerzas estaban a punto de agotarse. Cuando parecía estar abocado a otro ejercicio de impotencia. Recurrió al Athletic de los viejos tiempos. Y recurrió a la savia nueva. Dos buenas noticias, sin duda.
El Athletic sabía que tenía ante sí una papeleta de cuidado. El Barça, pese a que no está al mismo nivel de años anteriores, se encuentra a día de hoy un escalón por encima. Es así de evidente. A los azulgrana, además, les urgían los tres puntos para meter algo de presión al Real Madrid. O para no perder más terreno respecto a los merengues, que les supera ya en nueve puntos. El conjunto rojiblanco, mientras, se medía a los culés tras recibir dos golpes duros de forma consecutiva. Y eso pesa. Las derrotas del Murcia y Recreativo le mantenían de antemano fuera de la zona de descenso. Poco consuelo, pero también ayuda. La visita del Barça a San Mamés, lo cierto, no llegaba en el mejor momento. Pero lo que pinta mal no siempre es dogma de fe. El fútbol tiene su propia ley. Los de Caparrós dieron la cara. Necesitaban reinventarse. Ofrecer una imagen mejorada tras los fiascos en Iruñea y Santander. Para tumbar al conjunto de Rijkaard se necesita algo más que mera ilusión. El Athletic no está sobrado de recursos. Sí. La realidad es tozuda. Pero no tirar la toalla da pie a algún premio. Los leones así lo ilustraron. Sacaron lo poco que les quedaba dentro para darse una alegría al cuerpo. Llorente, con la colaboración de Thuram, por fin mojó en La Catedral. La acción del de Rincón de Soto, cuestionado en otras ocasiones, valió para sumar un punto bienvenido.
Caparrós se olvidó del 4-4-2 que puso en liza en El Sardinero cuatro días atrás. Es decir, rescató el 4-2-3-1. O lo que es el mismo, repitió el mismo once, salvo la presencia obligada de Ustaritz en el lugar del sancionado Amorebieta, que jugó en el Reyno de Navarra la pasada jornada de Liga. La vuelta de Yeste así lo propició, por lo que Llorente volvió a ocupar plaza en la banqueta. Frank Rijkaard, mientras, sorprendió con su defensa. Apostó de salida por Thuram y Sylvinho, que ocuparon las plazas de Milito y Abidal. No fueron sus únicas novedades, ya que Messi volvía a ser titular por primera vez desde su reaparición y Bojan se ubicó en punta junto al argentino y Henry. Un equipo como el Barça se puede permitir el lujo de mover fichas. Presume de comer caviar con asiduidad. El Athletic, en cambio, se conforma con tirar de puchero. Y en esta ocasión, sí tuvo sustancia.
El conjunto rojiblanco, donde destacó el trabajo a destajo de Javi Martínez, vivió su minuto fatídico. Entre el 32 y el 33. Ante Osasuna y Racing 120 segundos fueron suficientes para hincar la rodilla. Ayer parecía que se iba a repetir la misma historia. Cuando Aduriz, que acumula ya 18 partidos sin marcar en Liga en San Mamés, perdonó ante Valdés. El donostiarra desperdició una gran acción de Yeste y David López por banda izquierda y mandó su lanzamiento por encima del larguero. Instantes después, Bojan, que ya marcó en San Mamés con la selección de Catalunya, no perdonó. La nueva joya del Barça superó a Aranzubia con un lanzamiento sutil tras un rechace donde Messi cometió falta sobre el de Fuenmayor. El encuentro se rompió. El Barcelona, que mandaba en la posesión con sus peloteros Xavi e Iniesta y donde Messi amenazaba siempre que aparecía, acertó a la primera ocasión clara que disfrutó. Ésa es la diferencia.
cambios decisivos Joaquín Caparrós decidió en vestuarios retocar su pizarra. Prescindió de Aduriz y de un apagado Susaeta para hacer debutar en Liga a Aitor Ramos y dar entrada a Garmendia. Yeste, que tampoco fue ese jugador determinante que se desea, se ubicó en banda izquierda, y David López se mudó a la derecha. El de Utrera, por tanto, dio un giro radical al sistema. Sonaba a revolución. Activó un plan B. Quizá atrevido. O quizá debió pensar que no tenía nada que perder y sí mucho que ganar. Visto lo visto, el míster rojiblanco acertó. Que es de agradecer cuando en otros días no fue así.
El arranque del segundo acto, no obstante, invitaba a un desenlace ingrato. Porque los azulgrana pudieron matar el partido en el primer minuto, en dos acciones de Henry y Deco. El francés, que pasó desapercibido, y el portugués, que no está en su mejor momento de forma, no estuvieron afortunados. Y el Athletic bien que lo agradeció. Extraño, pero real. El Barça perdonó. Que también es humano. El nuevo Athletic se rehizo. Ramos aportó esa savia. El bermeotarra, dispuesto a comerse el mundo, contagió la ilusión del debutante al resto del equipo. Porque el conjunto rojiblanco, empujado también por la afición, se vio con opciones. Y porque el Barça pecó en su actitud. Vendió la piel del oso antes de matarlo. Messi, además, tampoco puso esa nota que marca la diferencia. En cambio, la entrada de Llorente, en lugar de un extenuado Javi Martínez, sí resultó determinante. El de Rincón de Soto, tras una buena incursión de Garmendia por banda derecha, estuvo en el lugar idóneo para forzar el autogol de Thuram. Ver para creer. Y pudo llegar más. El Athletic, ya lanzado, se fue a por la victoria. Por momentos la acarició. No llegó, pero el punto sí sirve para tomar aire fresco. Para pensar que la remontada ante el Racing en Copa sea factible. Las sensaciones así lo indican.
El colegiado otorga el gol a Llorente
La vista pudo jugarle una mala pasada a Undiano Mallenco. El navarro recogió en su acta que Fernando Llorente fue el autor del tanto del Athletic. Pero lo cierto es que las cámaras de televisión muestran que realmente fue el francés Thuram el que, en su pugna con el delantero rojiblanco, introdujo el esférico en el fondo de la red de su propia portería. Con todo, a efectos federativos el de Rincón de Soto quedará como autor de ese gol. Así las cosas, Fernando Llorente acaba una sequía de nueve meses sin marcar en San Mamés. O lo que es lo mismo, moja once partidos después de que lo hiciera la última vez. Ésta se produjo en la trigesimosegunda jornada de la pasada Liga, cuando firmó una diana que se quedó en mera anécdota, ya que sólo sirvió para maquillar la abultada derrota ante el Real Madrid por 1-4. El de ayer es, además, el tercer tanto de Llorente en el presente curso liguero, ya que se suma a los dos que firmó en Mestalla ante el Valencia. Su estreno goleador esta temporada, con todo, llegó en el partido de ida de los dieciseisavos de Copa en el Rico Pérez ante el Hércules, cuando el de Rincón de Soto marcó el primer tanto de los rojiblancos a pase de Asier del Horno. >p.r. |