El coordinador de la Comisión Ambiental del instituto gasteiztarra Jesús Obrero, Eduardo Ochoa, tuvo el pasado mes de octubre la oportunidad de conocer en persona a Al Gore, con quien comparte su visión ambiental expuesta en el documental 'Una verdad incómoda' gasteiz. El reloj que marca los años que quedan para consumar el desastre ecológico del planeta ha comenzado su cuenta atrás. Apenas queda una década para alcanzar el punto sin retorno y comenzar a padecer los efectos de una pesadilla climática.
¿Qué es más correcto, cambio climático o calentamiento global?
El cambio climático es una consecuencia del calentamiento global. La tierra, para mantener la vida como la conocemos, tiene una atmósfera que produce un efecto invernadero natural que permite que la temperatura media de 15 grados sea estable para que la vida humana prospere. El problema es que la actividad humana lanza a la atmósfera una serie de gases, fundamentalmente CO2 pero también otros, que se acumulan e incrementan el efecto.
Unas teorías dicen que nos desertizamos y otras que llega una nueva glaciación. ¿Quién tiene razón?
Los dos. Durante la última glaciación, ocurrió en Europa occidental un periodo de frío intenso después de que una corriente oceánica que suavizaba el clima se enfriara por un aporte masivo de agua deshelada procedente de glaciares en la parte norteamericana. Ahora, si por ejemplo se deshelase Groenlandia, provocaría un aporte enorme de agua dulce en el Atlántico que podría dar lugar a una glaciación. En otras zonas, como en el Sáhara, mientras tanto, podría producirse un efecto contrario. Que el clima se altere con un periodo muy seco y temperaturas muy altas.
¿Cuál es el punto sin retorno?
Casi todos los científicos coinciden en señalar que el punto sin retorno llegará cuando la temperatura media de la tierra supere un aumento de dos grados. De acuerdo con las medidas más recientes, ahora andamos pro los 1,3 ó 1,4 grados de incremento. Si superamos la barrera de los dos grados existe un consenso casi total sobre que las consecuencias serán irreversibles.
Al paso que vamos, ¿cuánto nos queda para llegar a ese punto?
No quiero ser pesimista, pero muchos estudios nos dan una década de margen para actuar de forma eficaz. No quiero decir que lo tengamos que solucionar en 10 años, que es imposible, sino que debemos empezar a cambiar porque ya percibimos algunos cambios. Por ejemplo, antes las cigüeñas emigraban cuando llegaba el frío y ahora se quedan en Vitoria.
¿Puede ser que el agotamiento del petróleo y de la contaminación que genera su empleo sea, al final, una buena noticia para el planeta?
Digamos que vendría bien que la proximidad de ese hecho nos alertara. No planteo que debamos esperar a una situación dramática porque, evidentemente, no se puede sustituir una economía basada en el petróleo por otra basada en renovables.
¿No resulta paradójico que Al Gore hable de cambio climático y que pague una factura eléctrica de más de 6.000 dólares?
Visto así lo parece, pero se trata de un dato aislado. Como decía otro gran ecologista es humano no ser coherente al 100%. Él se defendió argumentando que en sus posesiones emplea energías renovables y que lo que se pierde por una parte él lo reinvierte en la causa. Las cosas no son blancas ni negras.