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Mesa de redacción
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Tenemos talento
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Oscar Subijana
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lAS cadenas de televisión vienen pisándose el terreno unas a otras en la intención final de descubrir nuevos talentos... de la nada. Si ustedes se fijan, programas como Tienes talento y Tú sí que vales intentan prestigiar profesiones como mago o malabarista, cuentachistes o experto en artes marciales, con el único fin de entretener. Ante demostraciones individuales o colectivas de lo más dispares, y bajo la apariencia de una hora para el divertimento, se esconde un concepto muy de nuestros días, y que se practica a diario en cualquiera de las empresas que nos rodean: es el casting, o lo que coloquialmente conocemos como recursos humanos o selección de personal. ¿A que a usted le preguntaron momentos antes de acceder al primer contrato laboral serio qué sabía hacer? ¿Dijo la verdad, mintió? Eso ya es harina de otro costal. Creo que el 100% de nosotros ha pasado alguna vez en su vida por el trance de demostrar al consultor de turno o al mando intermedio de cualquier empresa nuestras capacidades laborales. Es un momento placentero a veces, o desagradable en otras, según los objetivos que se marque la firma y si nuestro perfil coincide con la necesidad que se quiere cubrir. Lo que quiero resaltar es que la vida que vivimos, en infinidad de ocasiones, se encarga de recordarnos que vivimos inmersos en un interminable casting en el que nos vemos obligados a demostrar nuestros conocimientos y valía para que se nos tenga en consideración. Con la seguridad de saberse valorado como profesional, siempre convive esa dolorosa sensación de indiferencia que sentimos en demasiadas ocasiones, aunque en la mayoría de estos casos nos confundamos por desconocimiento. Naturalidad y, sobre todo, profesionalidad, son los ingredientes para superar este casting permanente. |
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