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Rajoy y los inmigrantes
El dirigente derechista español Mariano Rajoy ha declarado que en el caso de alcanzar la presidencia obligará a los inmigrantes que lleguen a España a "cumplir las leyes, aprender la lengua y respetar las costumbres de los españoles". El cinismo de la derecha española no conoce límites. ¿Por qué no pide a sus compatriotas españoles, residentes en Euskadi durante décadas, que aprendan euskera y respeten las costumbres y las pautas culturales de los vascos?
Asier Ecenarro Arancibia Bilbao
Al "profesional" Yeste
Para Fran Yeste y Cía.: Para ser deportista de élite y rendir en función de la retribución que uno percibe, amén de lo que los socios y la afición esperan, se necesita básicamente tres condiciones (aparte de ser seleccionado por los técnicos), y que deseo enumerar: 1. El entrenamiento. 2. El descanso. 3. La alimentación. Si una de las tres condiciones enumeradas no se cumpliese, las otras dos no sirven para nada.
Luis A. Lekue Urduliz
De radares y modales
Apreciado consejero de Interior: me parece muy bien que la Ertzaintza trabaje con celo profesional para descubrir los sistemas antirradar, con ese aparato casi infalible, y poder circular todos con la misma precaución, sin ventajas. Ahora bien, le ruego proporcione algún cursillo de cortesía entre sus componentes, pues hay veces que uno se siente un proscrito ante la soberbia de quien te para y te registra sin motivo aparente. El domingo pasado, sobre las once de la mañana, su pareja de vigilantes me paró en la entrada al aeropuerto, haciendo gestos ostentosos, para que desde el carril de la izquierda cruzase hacia el de la derecha y luego parara en un hueco, en la vía, cerca de la última curva que accede a embarques. Relato su actuación. "Buenos días, ¿a qué velocidad viene, si pone a 60 km/h? Abra el capó". Un agente se pone a mirar el contenido del capó y como no encuentra lo que busca, el otro hace lo mismo, y hurgan en la izquierda, en el centro y luego cierran el capó. "¿Qué buscan?". Su respuesta: "Déme la documentación". La mira, me la devuelve y dice: "Siga". Previamente, le había comentado a mi mujer: "Mira qué coche averiado debajo del puente, en la recta de acceso, es nuevo, está con una sola placa de averiado y qué raro que le permitan estar aquí". ¿Tanto les hubiera costado decir: Estamos haciendo un control de búsqueda de antirradar? Así me hubiera sentido menos incordiado, como si fuese partícipe de una banda de delincuentes.
Ángel Marqués Cortazar Bilbao
No sólo en campaña electoral
Con las elecciones en puertas, todos tienen para las viudas hermosas promesas de mejora en las pensiones. Pero mientras llegan estas hipotéticas subidas, nuestra realidad cotidiana es acuciantemente opresiva. Un tercio de los mayores de 65 años son viudos, unos 2,5 millones, de los que casi dos somos viudas. Como la mayoría somos una generación que no trabajó fuera de casa, sólo un 26% de viudas percibe pensión de jubilación propia, frente a un 88% de hombres. El resto vive con el 52% de la pensión de jubilación del marido. Así pues, se ha de sobrevivir con una pensión media de 505 euros, media matemática que sólo maquilla la realidad de quienes malviven con los 338 euros del Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez. Así, las viudas sufrimos una triple discriminación: ser mujer, no tener compañía y vivir en precario en el mismo umbral de la pobreza. En la UE estamos a la cola en la cuantía de nuestras pensiones. Situadas la mayoría entre los 300 y los 600 y pico euros, paguen agua, luz… Y no me digan que las viudas no somos auténticas heroínas solitarias de la administración para llegar a final de mes. La heroicidad muta a puro milagro si hay cargas familiares. Y si el impacto social de esta precariedad no es mayor, se debe, no a la Administración, sino a la ayuda de la familia o a que vivimos con los hijos. Pedimos a los políticos que se acuerden de nosotras no sólo en elecciones, sino en el momento de hacer efectivas sus promesas. Que no hagan como con el anteproyecto de 12 de septiembre de 2007, donde acuerdan que no se acumulen fiscalmente la pensión de viudedad y la renta de trabajo, a sabiendas de que por lo avanzado de la legislatura no sería posible aprobarlo. Ahora el proyecto duerme el sueño de los justos, y en la próxima legislatura deberá comenzarse de cero. Me gustaría recordar a nuestros gobernantes que el progreso de un país se mide no sólo por el PIB, sino por cómo se trata a los eslabones más desfavorecidos de la sociedad. Y no sólo en campaña electoral.
Lucía Linares Presidenta de Aireratu
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