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Pernando
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José Luis Úriz Iglesias
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la mañana del pasado lunes era detenido Pernando Barrena, el último portavoz veterano de la ilegalizada Batasuna que quedaba libre. Al conocer la noticia tuve la misma sensación de desazón y disgusto, que el día de la detención de Mikel Antza y Anboto allí por octubre de 2004, cuando puse negro sobre blanco mi análisis sobre lo erróneo de una medida, que rompía en mil pedazos años de trabajo y diálogo para intentar convencer a ese mundo, de lo innecesario e inútil que es utilizar métodos violentos para conseguir unos fines políticos, que probablemente en su ausencia resultarían más fáciles.
Es probable que esa experiencia novedosa que marcaba el futuro a seguir por la Izquierda Abertzale, Aralar, tuviera algo que ver con análisis compartidos. Se quebró entonces una inversión realizada, quiebra que se produce por segunda vez con la detención de Barrena.
Sentía entonces, y siento ahora que un nuevo puente se nos viene abajo, y la sensación de incomunicación con la otra orilla es a partir de ese instante aún mayor si cabe.
Cuando tomábamos como modelo la experiencia de Irlanda (ahora los teóricos del MLNV se fijan en otros confines más peligrosos como Kosovo), veíamos cómo los históricos acuerdos de Stormont se producían después de largo tiempo de discretos contactos y unos cuantos cafés (sería mejor decir tés) entre tres figuras claves, John Humes, David Trimble, y Jerry Adams. Que la componente humana incidía, y de qué manera, en la política, y para cultivarla se necesitaba mucho tiempo hasta crear la confianza suficiente entre los interlocutores. Nos preguntábamos entonces quién sería el Jerry Adams de aquí, y en mi opinión una vez visto el fiasco de Otegi todo apuntaba a Barrena.
Conocí a Pernando Barrena en 1998 cuando acaba de entrar en la Mesa Nacional de Batasuna. En aquel momento tenía puesta mi atención en una figura incuestionable como Patxi Zabaleta, y por eso no le presté demasiada atención. Posteriormente coincidí con él la legislatura 1999-2003 en el Parlamento de Navarra. ¿Cuántas iniciativas se negociaron coincidiendo en un frente común contra la derecha de UPN? Eran los tiempos en los que los planteamientos de izquierdas parecía que se imponían a los puramente nacionalistas en el seno de Batasuna, y me sorprendió la facilidad en concretar acuerdos. Tenían un grupo parlamentario potente; desde el propio Pernando pasando por Santi Kiroga, Félix Puyo o Mariné Pueyo. Con esta última, una de las voces emergentes después de su deba-cle judicial, acordamos con prontitud y máxima coincidencia la Ley contra la violencia de género, después de duros debates con una derecha (UPN y CDN) que se resistía a cualquier planteamiento mínimamente progresista. Fue un cuatrienio muy interesante en lo referente a la comunicación, personal y política, entre PSN y Batasuna, que posteriormente se quebró por cambios en una y otra orilla.
Esa relación que empezó siendo puramente parlamentaria se fue convirtiendo en amistad. Cuántas horas hablando de lo humano y lo divino. El primer punto en común era que su padre es un veterano militante del PSN, con el que coincidí en un grupo crítico que batalló contra Urralburu. Por eso ante su desaparición del escenario político me pregunto: ¿Es eficaz en el camino de la paz que exista ese grado de comunicación y confianza entre ambas orillas? La respuesta es clara: indudablemente sí, y no sólo es eficaz también es necesaria, imprescindible.
¿Es más eficaz realizar movimientos a corto, de cara a desactivar la dura campaña del PP y sus adláteres, o debiéramos plantearnos de manera estratégica este tipo de operaciones? ¿Resulta realmente rentable romper puentes construidos durante años de esfuerzo para evitar la victoria del PP, o sería más conveniente jugárnosla arriesgando?
Parece ser que los que toman las decisiones han optado por la primera alternativa. Ellos tienen una mayor visión de la jugada y muchas claves que ignoro, pero me da que esta vez se puedan equivocar, lo que nos llevaría a un escenario terrible.
Siempre he defendido que el conflicto que padecemos habrá que resolverlo con medidas policiales y judiciales, pero también políticas y sociales. Tener por tanto interlocutores válidos, que piensen, que sean capaces de reflexionar y con los que exista un grado de confianza, e incluso de complicidad (tomada ésta en positivo lógicamente), va a resultar imprescindible. Por eso pienso que la detención de Barrena es una mala noticia. Midiendo las palabras, porque hablar de un tema así en periodo preelectoral es sumamente difícil y peligroso, pero sólo desde la audacia, la imaginación, y la valentía se ayuda a solucionar ciertos problemas, más aún si están enquistados.
Corren malos tiempos para la lírica, y ahora sólo me queda apoyarle en lo personal desde estas líneas, esperando con el optimismo que me suele caracterizar, que lleguen tiempos mejores y podamos volver a vernos, incluso coincidir políticamente cuando el final de esta violencia estéril pueda anteponer los planteamientos de izquierdas a los puramente nacionalistas.
Allí nos veremos Pernando. |
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