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Un espectador compra ayer su entrada en una de las salas de cine de Bilbao. La taquilla está abierta y los clientes acuden en forma de goteo a lo largo de la tarde. foto: josé sampedro |
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Las salas de cine se vacían
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El número de espectadores de cine en Bizkaia ha descendido un 30% en tan sólo cinco años, al pasar de 3,7 millones de personas en 2002 a 2,6 millones en 2007. Para evitar que se mantenga esta tendencia, las salas han mantenido en Bilbao el precio de las entradas.
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María R . Aranguren
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cI o ce?", solía preguntarle a Silvia Prieto su abuelo cuando ésta era pequeña. "¿Cine o cena?", insistía el viejo recordando tiempos en los que permitirse acudir al cine suponía llegar a casa con el estómago vacío. "Cine y cena, abuelo, cine y cena", le contestaba la nieta. Todavía hoy no concibe llegar a casa sin comer por culpa de la gran pantalla, pero admite que cada vez ve menos las butacas de los cines y más las del salón de casa.
Los datos confirman que el de Silvia no es un caso aislado. En los últimos años, el descenso de las personas que acuden a las salas de cine es muy significativo y esta dinámica no es ajena al País Vasco.
Las últimas cifras ofrecidas por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales reflejan que en cinco años la cifra de espectadores ha caído un 30%. En 2002, acudieron al cine 3.785.214 personas en Bizkaia, mientras que en 2007 la asistencia se situó en 2.625.184 personas. Esta disminución, además, ha sido común en el resto de territorios de la CAV. En Gipuzkoa, por ejemplo, en los últimos cinco años, el público se ha reducido casi a la mitad. Más de 2,7 millones de espectadores se colocaron frente a una gran pantalla a lo largo de 2002 y 2007 registró 1,5 millones de cinéfilos, un 45% menos.
Todas las ciudades comparten la realidad de que la recaudación en las taquillas disminuye. Así, ¿es hoy el cine un capricho para bolsillos privilegiados o ha disminuido el interés por las actuales producciones?
opiniones contrarias Víctor Villanueva, gerente del Circuito Coliseo, al que pertenecen prácticamente todas las salas de Bilbao, confirma que el descenso de público es generalizado y lo atribuye a diversas causas. "La gente joven es la que está dejando de ir", comienza explicando. "Por un lado, cada vez hay menos jóvenes por el envejecimiento natural de la población. Por otro, el producto que se hace no es el que la gente joven demanda".
¿Cuál es ese producto? "Yo creo que películas de acción que estén bien hechas. Últimamente abunda el cine tipo franquicia, es decir, películas americanas que han triunfado y que sacan nuevas partes como Spiderman 3 o Piratas del Caribe 4. Me parece que este sector de población tiene más inquietudes que no se ven satisfechas por estos filmes. Antes se hacían más películas y más interesantes. Ahora todo se reduce a la época de Navidad y el verano", continúa. "Dependemos demasiado del cine norteamericano. Si éste no funciona, nosotros tampoco", apunta Villanueva.
Pero más allá de las opiniones, lo que es una realidad es que la mayoría de la juventud se queja del alto precio de las entradas. Ayer, cerca de los Multicines de Bilbao, especializados en cine de autor, apenas un número reducido de personas esperaba a que abriesen la taquilla para poder adquirir una entrada para This is England, El amor en tiempos de cólera, El prado de las estrellas o 4 meses, 3 semanas y 2 días, entre otras películas.
Iñigo ha estudiado Comunicación Audiovisual y, aunque se confiesa un gran "cinéfilo", reconoce que le resulta difícil acudir al cine con frecuencia. "Las entradas cuestan 6,10 euros. Cuando sé que hay una película que merece mucho la pena vengo al cine. Si tengo el mes difícil, prefiero ir a la Biblioteca de Bidebarrieta y cogerme algún clásico", explica.
Según denuncia un estudio de Facua-Consumidores en Acción, el precio es tan sólo una de las causas de este descenso. La asociación acusa la imposición "ilegal" que establecen muchos cines de entrar en las salas exclusivamente con bebidas o alimentos adquiridos en el interior de sus recintos, cuyos elevados precios llegan a ser, en el caso de los refrescos, hasta cinco veces más caros que en otros establecimientos. La asociación recomienda a los usuarios afectados que exijan hojas de reclamaciones para denunciar estas irregularidades, ya que la citada imposición es "una cláusula abusiva establecida en el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios".
publicidad Otras críticas tienen que ver con el hecho de que numerosos cines no cuentan con un buen aislamiento acústico entre sus salas o la falta de puntualidad en el comienzo de la película con respecto a la hora indicada, debido a la inclusión de una cantidad excesiva de publicidad en ciertas salas.
Como en todo, hay personas satisfechas con el servicio. "A mí me parece que estos problemas no se dan en el País Vasco. Por otro lado, es normal que el cine sea caro, teniendo en cuenta el presupuesto que se dedica para producir películas y que los propietarios de las salas algo tienen que ganar", opina una aficionada al séptimo arte antes de entrar a ver El amor en los tiempos del cólera, la última película de Mike Newell.
Lo cierto es que para el presente año, quizá en un intento de contrarrestar esta paulatina caída de los espectadores, los precios se han mantenido en la capital vizcaína. "No hemos querido subir ni el IPC", explica Villanueva.
el cine en el teatro La bajada de público se ha detectado sobre todo en los centros comerciales de la periferia. Aunque en las ciudades se exhibe principalmente en salas comerciales de titularidad privada, además de en museos y espacios culturales diversos, muchos pueblos carecen de salas comerciales y emiten cintas en centros de cultura y teatros, películas que normalmente no están en las carteleras de los cines convencionales y que se pueden ver a un precio más asequible. "A mí me parece una buena solución. Si la película está bien, me da igual verla un año más tarde. Para mí no ha perdido calidad. El cine debería ser más accesible para el público. Al fin y al cabo, es un bien cultural", opina Silvia Prieto.
inquietud cultural Aunque en 2007 en el Estado acudieron un 15% menos de personas a las salas de cine que el año anterior, el descenso en Bilbao ha sido menor, de un 7%. "Yo creo que aquí hay una mayor inquietud cultural y también un nivel adquisitivo más alto", opina Villanueva.
Los vizcaínos aún se libran. Las entradas más caras del país son las de Barcelona, que cuestan 6,60 euros de media un día normal. En el lado opuesto se encuentra Córdoba, con una media por entrada de 4,13 euros. El estudio de Facua-Consumidores en acción, que ha comparado los precios de 104 cines en 33 ciudades españolas, ha detectado diferencias de hasta el 90% en los precios de las entradas. La media, en cualquier caso, es de 5,41 euros por entrada a nivel nacional. Si éste es un precio caro o no dependerá, en todo caso, de la percepción de los públicos. |
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