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08-02-2008
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Itziar Mendizabal, bailarina solista del Ballet de Leipzig, durante una coreografía. Foto: deia
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Itziar Mendizabal Bailarina solista del ballet de Leipzig
Cristina Tapia
Con sólo cuatro años le dijo a su madre que quería ser bailarina, y ahora, con 26, es solista del Ballet de Leipzig. Por el camino, la hondarribiarra Itziar Mendizabal ha pasado por Madrid y Zúrich durante sus diez años como profesional. Hoy y mañana actúa en el Victoria Eugenia donostiarra

Donostia. Primero estudió con Elvira Ubierna, en Hondarribia, y después, a los 14 años se fue a Madrid a la Escuela de Víctor Ullate. Dos años después empezó a bailar con su compañía y a los 21 marchó a Zúrich porque, según explica, "tenía ganas de cambiar de estilo, de repertorio y de aprender más cosas". Posteriormente se trasladó a Leipzig donde le ofrecieron el contrato de solista. "Desde el principio tuve muy buen feeling con el director. Este es mi segundo año y estoy encantada", explica.

¿Bailar fue su sueño desde pequeña?

Sí. Desde muy pequeña. A los cuatro años le dije a mi madre que quería hacer ballet. Entonces, me apuntó como a todas las niñas y cada vez que le sacaba el tema pensaba que eran cosas de niña. Lo tuve siempre muy claro.

¿Y cómo se lo tomaron en casa?

Los más cercanos no, pero mucha gente con sorpresa y decían: '¿Cómo que bailarina? ¿De dónde ha salido eso?' De hecho, muchas personas están descubriendo ahora el mundo del ballet clásico gracias a profesionales como Lucía Lacarra, Igor Yebra, Alicia Amatriain... y es una alegría.

¿Fue consciente de la dificultad que entrañaba esta profesión en un lugar donde no es habitual?

Ésta es una carrera que exige una dedicación total y hay momentos muy difíciles, porque no todo sale como uno quiere. Las dificultades han merecido la pena porque al final de todo se aprende y si trabajara en una oficina también pasaría por malos tragos. Yo soy una privilegiada por poder trabajar en algo que para mí es una pasión. Bailo y hago lo que me gusta todos los días, y encima vivo de ello. No me puedo quejar.

¿Es el extranjero la única solución para los bailarines de ballet clásicos?

No me atrevería a decir que es la única solución porque existen compañías en España. Lo que pasa es que en Alemania, por ejemplo, cada ciudad, grande o pequeña, tiene su teatro, su ópera y su ballet muy apoyados por su gobierno y aquí eso no pasa. En el extranjero, al estar mejor pagados y tener más facilidades, hay más opciones. Además, hay un público asiduo y más cultura de la danza. Pero hay que destacar que en España hay muchos proyectos, aunque no tantas ayudas. Hay gente que ha trabajado muy duro y pelea todos los días el poder tener un espectáculo. Gente como Víctor (Ullate) llevan años y años trabajando y aún así le cuesta muchísimo conseguir subvenciones para sacar adelante su compañía y, por eso, muchos bailarines se han tenido que ir fuera, porque las condiciones aquí no son muy buenas para trabajar.

¿Qué le ha supuesto mayor esfuerzo?

Fue difícil irme a los catorce años a la escuela, a Madrid. Estás sola, eres muy joven, es una época en la que estás descubriendo todo y hay que tomar decisiones y muchas veces son equivocadas, pero también se aprende de eso.

¿Qué le empujó a tomar la decisión de ir a Madrid?

Elvira Ubierna es una fantástica profesora y ha hecho un trabajo increíble tanto en Hondarribia como en Tolosa, pero llegó un momento en el que ella misma me decía que si quería llegar a la profesionalidad tendría que irme a escuelas con un nivel más alto. Si a los trece o catorce años no estás en un lugar en condiciones vas para atrás. Esa edad es el momento ideal para crecer. Junto con mis padres decidimos ir a Víctor Ullate después de mirar más de una escuela en la capital. Yo quería irme a Alemania directamente, pero mis padres me dijeron: 'primero vamos a probar un poco más cerca y si todo va bien, adelante'.

¿Fue esta etapa madrileña la más difícil?

Sí. Sobre todo, la etapa de la escuela. Yo ahora tengo 26 años y tengo otra madurez. Con catorce años te pilla todo de sopetón y la escuela no suele ser fácil: los profesores son muy duros y muy exigentes, el desgaste físico al final hace que mentalmente también sea difícil mantenerse bien... Hay circunstancias en las que te dan ganas de coger la maleta y volverte a casa, pero eso sólo te dura un día.

De Hondarribia a solista, ¿demasiada responsabilidad o recompensa por el trabajo de tanto tiempo?

No es algo que haya venido de un día para otro. Y no es nada que me haya llegado de repente. Ya llevo diez años como profesional y he ido asimilando las cosas poco a poco. No ha sido "de Hondarribia a solista" porque ha habido un camino muy largo en medio. La responsabilidad la he ido asumiendo progresivamente: he bailado haciendo cuerpo de baile, de solista... y vas empezando a darte cuenta de lo que supone esto. Y cuando tienes un contrato de solista ya eres capaz de asumir ese trabajo. No es una lotería, esto es algo que se gana con mucho trabajo.

¿El sacrificio y el esfuerzo podrían ser una recomendación para los que empiezan?

Lo principal es tener claro que éste es tu sueño, no el de tus padres ni el de tu profesora. Si te metes en una carrera así y no es lo que tú deseas de verdad sí se vuelve difícil y duro. Y en el momento en el que ves que esta carrera te hace infeliz hay que decir: 'no es para mí'. Pero si realmente es lo que quieres habrá momentos difíciles y no hay que tirar la toalla a la primera. Sufrir, se sufre, pero tienes que estar contento con lo que haces.

¿En su caso es un sacrificio que gratifica?

Sí. Los días que tengo más trabajo y salgo sin poder andar son los días en los que llego a casa y digo: 'Qué día más estupendo'. Es una gran recompensa porque ves resultados a tu trabajo.

¿Cuáles son las virtudes de Itziar Mendizabal?

No estaría bien echarme flores a mí misma. (Y contesta el manager de la compañía). "Tiene presencia, tiene fuerza, una energía muy positiva cuando baila y tiene algo que decir encima del escenario".

¿Qué objetivos tiene ahora?

Esto ha sido lo que he soñado desde pequeña. Nunca me puse como meta ser primera bailarina. Lo único que quiero es estar encima del escenario bailar y disfrutar. En cada momento de mi carrera, siendo cuerpo de baile o figurante he disfrutado como he disfrutado haciendo un Odette-Odile en El lago de los cisnes. Por su puesto que, conforme vas avanzando te vas exigiendo más pero nunca me he puesto metas. Creo que para ser feliz hay que serlo cada día y no esperar a conseguir determinadas cosas.

¿Entonces, cómo se plantea el futuro?

Pienso en el futuro inmediato. No me planteo llegar a ningún sitio. Por ahora estoy feliz aquí y sigo trabajando todos los días para mejorar, no para demostrar nada a nadie sino por mí misma. Y en el momento en el que no esté feliz ya se verá. Quiero bailar, sentirme a gusto y aprender.

¿Qué podría decir de su actuación en el Victoria Eugenia?

Por un lado, son dos ballets de Uwe Scholz. Se trata de piezas muy virtuosas, muy musicales y donde la técnica clásica se lleva hasta el límite. Las mujeres son muy femeninas y los hombres muy masculinos. Es una demostración de lo que se puede hacer en la danza clásica. Son ballets neoclásicos pero con una gran técnica en puntas. No puedes confundirte porque la música te lleva. En mi opinión son muy bonitas y creo que más de uno saldrá con una sonrisa. Por otro lado, la pieza de Pierrot Lunaire es muy especial, muy sofisticada, muy profunda y muy teatral y puede tocarte el corazón. Es un programa interesante.

Por segunda vez en el Victoria Eugenia

Su presencia, hoy y mañana, en el Victoria Eugenia no será la primera vez en la que Itziar Mendizabal se sube al escenario del teatro donostiarra; su primera representación tuvo lugar cuando la hondarribiarra contaba con tan sólo siete años. "Fue mi primera vez y ahora vuelvo. Lo considero mi teatro y por eso es todavía más especial", afirma la bailarina. Así, podrá actuar delante de amigos y familia, algo que no hace habitualmente: "Estoy emocionadísima de volver a casa y de poder dar este regalo a todos los que me quieren. Me produce una satisfacción increíble", sostiene Mendizabal. >c.t.

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