bilbao. "El caso de Ermua es uno entre cientos. La única diferencia es que los padres han acudido a los medios de comunicación", resuelve segura la psicóloga clínica especializada en infancia y adolescencia Isabel Menéndez. Frente a las declaraciones del consejero de Justicia Joseba Azkarraga, los datos recabados por la facultativa entre la Fiscalía del Estado y el defensor del menor son tajantes: "Las agresiones de hijos a padres han aumentado un 55% en tres años y los delitos cometidos por los menores han crecido un 490% en quince años. No se puede negar ese aumento".
El quid de la cuestión está muy claro para esta psicóloga. Los padres no están educando todo lo bien que deberían, sin inculcar los valores para desenvolverse correctamente en la vida, una opinión que también comparte la psicopedagoga y profesora de la Universidad de Deusto Carmen Vildavia. Menéndez describe las bases de la violencia como una interacción de factores biológicos, sociológicos y familiares. Recuerda que estudios científicos han hallado que los lóbulos frontales del cerebro, encargados de conectar lo emocional con lo racional, no acaban de desarrollarse hasta los 21 años. Ello explicaría la falta de autocontrol típica de la adolescencia, "que antes se solucionaba con un par de portazos en casa".
Pero ahora se suma unos factores sociológicos que incluyen la adoración constante en los medios de comunicación "a la violencia, la fama, el poder y la riqueza rápida y sin esfuerzo, que luego generan frustraciones, un sentimiento al que los adolescentes no están acostumbrados por un exceso de sobreprotección".
Y por último la familia. La falta de valores, también en la escuela, termina por convertir la mezcla en un "cóctel explosivo". En el caso de la agresora y agredida de Ermua se unen patologías clínicas, un posible trastorno de la personalidad e hiperactividad, que deben ser tratadas farmacológica y terapéuticamente. Y que a este punto del camino, a los 16 años, resultará complicado dar marcha atrás. Pero, ¿por qué los cinco cómplices de la agresión no la detuvieron? "Vivimos en una sociedad egoísta en la que los padres enseñan a sus hijos a no meterse en líos. Esos chicos se convirtieron en meros espectadores. La solución estaba en ellos, en que actuaran, pero callaron en una situación en la que siempre se debe defender al más débil", concluye Menéndez. |