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Mesa de redacción
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Modelos y espejos
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Enrique Santarén
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kOSOVO vuela a su aire. Quizá se estrelle contra el duro suelo, tal vez regrese un día al nido, es posible que sea abatido al anochecer por un cazador furtivo. Ya se sabe que los hay que aman tanto la libertad que le cortan las alas, para hacerla suya. "Eta nik txoria nuen maite". Muy curiosas han sido algunas de las reacciones suscitadas en nuestros entornos. Kosovo no sirve de ejemplo para Euskadi, dicen. Vale. Tampoco -recordemos- servía el modelo de Irlanda. Ni el de Quebec. Ni Montenegro. Ni Escocia. Ni Bélgica. Nada, ninguno. Somos tan diferentes a todo y a todos que no nos sirve ningún espejo. Curioso, porque quienes más empeño ponen en destacar las insalvables diferencias de nuestro caso con el resto del mundo, e incluso con nuestros vecinos cercanos, se ponen estos días exquisitos y, tras la oficialización de la renuncia de Fidel Castro, no se cortan un pelo en señalar a la incorrupta transición española como ejemplo a seguir por Cuba. Nada menos. Y quienes no encuentran más que abismos entre las realidades de Euskadi y otras partes que no debemos ni mirarlas de reojo, son capaces de irse a Finlandia para compararnos con su eficiente modelo educativo, ya que, como todos sabemos, Finlandia y Euskal Herria tienen realidades políticas, sociales, económicas, culturales y lingüísticas idénticas. Será por eso. En efecto, cada país, cada nación, tiene su propio camino. Aquí lo hay. Forjado de tímidos avances y de muchos fracasos. Hemos ideado Estatutos, negociaciones con pistolas encima de la mesa, Pactos de Ajuria Enea, de Lizarra y de Madrid, planes y documentos, reformas, consultas... Nadie puede decir, desde luego, que copiamos. Pero, hombre, convengamos con Voltaire en que "hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás". |
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