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Risto Mejide, Noemí Galera y Ángel Llácer, un jurado muy distante para 531 candidatos. |
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Donostia, pasión por el casting
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La pasión por demostrar lo que valen, por salir en la tele o por pasar un rato fueron las motivaciones para que, en sólo veinticuatro horas, casi mil personas se presentaran a los casting de 'Tú sí que vales' y 'Operación triunfo'.
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Rosana Lakunza
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EL casting de Operación Triunfo ha perdido fuelle, ya no es lo que era. No fue necesario pernoctar para conseguir número en Donostia, tampoco era imprescindible madrugar... Sólo los que llegaban de autonomías cercanas habían necesitado pasar la noche en la capital guipuzcoana o estar atentos al despertador. Josu Agirrekoa, de 17 años, llegó con sus padres desde Estella; Sergio y Alain desde Bilbao, Cristina, una veterana en estas lides, lo hacía desde Irún... Todos ellos tenían una historia que contar y muchas ganas de cantar, pero sus sueños quedaron, una vez más, en eso, sueños. Empecemos con el casting, ha llegado la hora de la verdad.
Josu Agirrekoa estaba ansioso por entrar y poder entonar todo lo que llevaba preparado para este día. Con los nervios se le olvidó el carné de identidad, pero al final pudo cantar. Sus padres esperaban fuera. Creen que canta bien y quisieron darle la oportunidad.
Cristina se ha presentado cinco veces y las cinco ha obtenido la misma respuesta, no. Pero ella no se resigna, quiere cantar y lo va a seguir intentando. Tiene 29 años y es "muy cabezota", tanto que la víspera se presentó a otro casting de la misma cadena y que busca diversos talentos, el programa Tu sí que vales: "Seguro que el año que viene me vuelven a ver, estoy dispuesta a continuar en esto. Yo trabajo en un taller metalúrgico y los fines de semana canto para la BBC (bodas, bautizos y comuniones) con una orquesta". Fuera ya del casting le acompañan Katixa y Aída de Donostia. Las tres se lo están pasando en grande, aunque no hayan sido seleccionadas.
en treinta segundos Los aspirantes tienen que demostrar lo que vale su voz en medio minuto: "No hay derecho, no te dan tiempo ni a respirar. He abierto la boca y ya me han mandado fuera". María se queja de que no le han dejado expresar todo lo que llevaba dentro. Para desquitarse de su pequeña frustración se acerca al micro de una de las televisiones y lanza su voz a pleno pulmón. Los alrededores del lugar del casting se van tranquilizando según pasa el tiempo. La cola es bastante moderada a las once menos cuarto. Los transeúntes se quedan mirando, incluso algunos señores de edad se atreven a entonar una canción. "Cantamos mejor que los que van a tele".
Algunos jóvenes van abandonando el recinto con cara de desilusión; otros, cargados con guitarras, se lamentan de no haber podido mostrar todo lo que sabían: "¿Tocar la guitarra? No he podido ni sacarla. A cantar y fuera. Estuve el año pasado y esta vez son mucho más duros". Alain tampoco ha tenido mucha suerte y promete volver en la próxima edición, no desespera: "Ésta era la segunda vez que me presento. Me gusta la música; componer, cantar... He estudiado Periodismo, pero me dedico a la hostelería, tengo un asador de pollos". Estas palabras nos las dijo antes de entrar, después tenía prisa por volver a Bilbao.
Llega risto Son casi las once de la mañana, unos compañeros de televisión se dan cuenta de que llega un taxi con Risto Mejide a bordo. El personaje más impertinente de todos los jurados conocidos lleva bien aprendido el papel y no deja lugar a dudas. Todo está bajo guión. Pasa revista a la cola como si fuera un general y va hablando con los que esperan para pasar la prueba. La sonrisa es mitad desdén, mitad hastío... Es su puesta en escena y el papel de borde le va.
Tras varias poses, más estudiadas para las cámaras que para los concursantes, se acerca a un joven, le enseña un libro, le dice algo y se va. Inmediatamente este candidato se convierte en el más popular. Se llama Sergio y es de Bilbao. El libro que le ha regalado es nada menos que 1984, del británico George Orwell: "Me ha dicho que si me aprendo esto, él se encarga de pasarme". El chaval miraba nervioso a todos los que se le acercaban, aclaraba que no era necesario saberse el libro entero, nos lo imaginábamos, pero hacía bien en explicarlo. Tampoco tuvo suerte: o no se supo el párrafo o el divo del jurado le tomó el pelo.
Los padres Los progenitores de algunos jóvenes esperaban nerviosos el desenlace de la prueba. Éste era el caso de Cristina y José Antonio, una pareja que había llegado de Iparralde con su hija Estefanía, de diecisiete años: "Sólo sabemos que ha pasado la prueba, que está encantada. Ha salido un rato, nos hemos abrazado, hemos llorado un poco y ha vuelto a entrar". La chica es la pequeña de cinco hermanos y sus padres han querido arroparla en sus deseos. "Es el sueño de su vida, espero que lo consiga, quiere cantar desde pequeña y nosotros hemos venido con ella porque es menor de edad y porque queremos que logre estar feliz". Cristina esperaba con paciencia y resignación que alguien le dijera qué iba a ocurrir en las próximas horas, pero estaba encantada.
habla el jurado Con media hora de retraso y con el tiempo contado, el jurado dio los primeros datos. Risto sólo abrió la boca para decir que estaba contento de estar allí: "Espero no ser tan duro y que todos sean maravillosos para que luego no acaben en Supervivientes. No diré más". Noemí Galera, también miembro del jurado, señaló que ha bajado el número de aspirantes porque la gente se mira al espejo y es consciente de lo que vale. Ángel Llácer confesó que en Barcelona un candidato se hizo con su teléfono móvil y le amenazó por haber sido eliminado.
Esta vez, a las doce del mediodía el casting había terminado. Fuera los rechazados cantaban ante los micros que encontraban a su paso, una forma de desahogar las tensiones. Porque más de uno se tomó muy a pecho su participación y mal su escasa suerte. Otra vez será. |
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