EN medio del estruendo electoralista, la semana deja un ambiente inquietante después de escuchar, en boca del comisario europeo Almunia, que la Comisión Europea rebaja las previsiones de crecimiento para el conjunto de la UE en general y para la economía española en particular, dejándola en el 2,7 por ciento, al tiempo que proseguirá la presión inflacionista que impide al BCE bajar los tipos de interés. La situación actual, sin ser mala, es preocupante porque el origen de la desaceleración económica española está en el negocio-burbuja del ladrillo que ha pinchado y en el consumismo interno que empieza a dejar de serlo.
Claro que la situación es algo más esperanzadora en Euskadi, donde las previsiones del Gobierno Vasco señalan un crecimiento del 3,2 por ciento para 2008, junto a la creación entre 18.000 y 20.000 nuevos puestos de trabajo. La vicelehendakari destacó que corresponderá al sector industrial el mayor impulso con un crecimiento del 3,4 por ciento. Alguien podrá decir que son previsiones anunciadas en plena campaña del 9-M y, por tanto, conllevan cierto carácter electoralista.
En efecto, podría ser electoralista. Ocurre, no obstante, que esta misma semana también hemos conocido el balance del ejercicio 2007 de la gestión de la SPRI (Sociedad para la Promoción y Renovación Industrial). El informe anual de la agencia creada en 1981 destaca, entre otros aspectos, la importante internacionalización del tejido industrial vasco, avalada por las 242 ayudas prestadas a otros tanto proyectos exteriores, así como el establecimiento de oficinas comerciales por parte de 53 industrias y 17 abrieron plantas productivas.
Pero, como siempre ocurre, lo más destacable no está en lo hecho hasta la fecha, ni los éxitos alcanzados, sino en lo que resta por hacer para mantener y acrecentar lo conseguido. En este sentido, la SPRI, entre los cuatro ejes de actividad para 2008, pone especial énfasis en la innovación que, sin ser la panacea, aporta no pocas dosis de esperanza respecto al futuro, porque se trata de una línea de trabajo que incide fundamentalmente en las Pymes, que vienen a ser la necesaria infraestructura que rodea, acompaña y complementa a la gran industria. Innovarlas y modernizarlas permanentemente es una necesidad.
Si esto es así, bueno sería que los políticos tomaran buena nota de ello para apoyar a estas pequeñas y medianas empresas, cuyo horizonte industrial y comercial puede ser bueno, pero puede verse comprometido si no hay un blindaje de las normas fiscales consagradas en el Concierto Económico porque, entre otras cosas, la Unión Europea sigue sin reconocer la autonomía fiscal vasca. El compromiso de los políticos debe ir más allá de unas elecciones o un escaño. |