Normalizar en todos los ámbitos La reunión mantenida ayer por los responsables de las políticas lingüísticas en la CAV y Navarra debe ser un primer paso para crear una sólida coraza de protección que salvaguarde al euskera de los avatares y las coyunturas políticas.
LA primera palabra del diccionario del euskera debería ser normalizazio: normalización. Ese término es, en cambio, la gran carencia de la lengua vasca, tanto en lo que se refiere a su implantación y desarrollo social tras un proceso de minorización impuesto durante muchas décadas, como en lo relativo a las relaciones entre los responsables de las políticas lingüísticas de las distintas administraciones en las que está dividido hoy Euskadi como país. Si en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca existe un proceso de normalización en el aprendizaje y uso, impulsado por las instituciones en sus diferentes niveles (Gobierno vasco, diputaciones y ayuntamientos), en la Comunidad Foral de Navarra ese proceso ha sufrido durante años una deriva regresiva, en la que desde el poder político se ha presentado la cuestión lingüística como un elemento de confrontación y tensión que, en realidad, la sociedad navarra no vivía como tal a pie de calle. La reunión de ayer entre los responsables de las políticas lingüísticas de los ejecutivos de Gasteiz e Iruñea, tras ocho años sin un solo encuentro por una voluntad unilateral, puede suponer un punto de inflexión. Lo que debería ser normal, tratándose de intercambiar experiencias e iniciativas en torno al desarrollo de una misma lengua, se convierte, en cambio, en noticia. Los dos responsables de Cultura de los respectivos gobiernos, Miren Azkarate y Carlos Pérez Nievas, coincidieron en recurrir a esa primera palabra del diccionario del euskera, y abogaron por recuperar y mantener unas relaciones en este ámbito "lo más normalizadas posible". La consejera del Ejecutivo de Ibarretxe recordó que la foto de ayer no es muy habitual, pero destacó que la vocación es hablar del día de hoy y del futuro. Su homólogo navarro abundó en ese deseo y apostó por unas relaciones "lo más razonables y normales posibles". Ambos estuvieron acompañados por el nuevo director del Instituto Navarro del Vascuence, Xabier Azanza, y por el viceconsejero de Política Lingüística de la CAV, Patxi Baztarrika, en cuyas manos quedará depositada la responsabilidad de estrechar los lazos en las políticas concernientes al euskera, dejando a un lado las otras políticas, que han servido a algunos como ariete para cargar contra el elemento más débil de toda esta compleja realidad: la lengua vasca. Y es precisamente la debilidad de un bien cultural y social tan preciado para un país como es su idioma, la que debe guiar los pasos de los responsables de su salvaguarda y desarrollo, de forma que se garantice su pervivencia y su competencia en una sociedad moderna. Es una obligación de los poderes políticos crear para el euskera una sólida coraza de protección, para preservarlo, precisamente, de los avatares y las coyunturas de la política. El de ayer es un paso en la buena dirección, la de la normalización.