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Mesa de redacción
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El debate
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Félix Iriarte
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Del contenido ya nos ocuparemos largo y tendido en otras páginas y durante días. Traerá cola lo que digan y hasta lo que no digan. No siento un especial interés por lo que vayan a decir, por lo que ya habrán dicho. Creo además que ni Zapatero ni Rajoy despejarán las dudas de los indecisos, que deben ser unos cuantos, por lo que dicen. El cara a cara entre los dos líderes con opciones para ser el próximo presidente del Gobierno español no será debate ni nada que se le parezca. Han elegido la peor de las opciones para los televidentes, pero seguramente el mejor para sus intereses. Todo está atado y bien atado antes de que salgan sus rostros por la pantalla. Los planos de cada uno, la duración de cada intervención, los temas a tratar...todo aclarado para que no haya sorpresas molestas. Y sin ciudadanos que puedan sorprenderles con preguntas fuera del guión. Los ciudadanos sólo cuentan para ser mudos testigos de los dos monólogos. Para eso no hacía falta que se refugiaran con sus colaboradores para preparar la cita. O quizás sí porque lo que no se puede poner a punto es lo imprevisible, la respuesta a una pregunta insospechada. Ninguno de los dos caerá en el fuera de juego. Los encargados del asunto ya dirán luego que ha ganado uno u otro, siempre en función de las convicciones mostradas en las alocuciones. No han aprendido nada desde 1993, desde aquel duelo entre Aznar y Felipe González. O no han querido aprender porque lo que persiguen no es el debate de verdad sino buscar un gesto o una frase ocurrente. Hasta la elección de los moderadores casa a la perfección con no debate: Manuel Campo Vidal repite. Como en 1993, como si quince años hubiesen pasado en balde. Todo es de otros tiempos, hasta el bipartidismo televisivo que quieren imponer.
firiarte@deia.com |
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