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El lobo existe
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Robert Pastor
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el lobo, que suele utilizarse en singular genérico por el plural, que actúa en manada, existe. Y si Pedro dio tantas alarmas que, cuando llegó de verdad, ya no le creyeron, la campaña electoral ya oficial y a toda máquina esconde la razón en los eslóganes y planteamientos de los dos grandes partidos españoles... cuando se refieren al contrario. Dicen los socialistas, al menos en Catalunya, que si no vamos (a las urnas y a votarles, se entiende) ellos volverán. Ellos son Acebes, Zaplana y compañía, con atuendos de hombres de negro. Pero es claro que los populares tampoco van del todo desencaminados en las denuncias de los incumplimientos del líder a batir.
Quienes vivimos en naciones no reconocidas, bajo administración española, sabemos muy bien que los dos lobos, y algunos más, con fuerzas menores, no sólo nos acechan, sino que nos arrancan trozos de carne, de identidad y autonomía, en cuanto encuentran oportunidad para la dentellada.
Todavía distinguimos, eso sí, entre propuestas y propuestas, populismo en forma de promesas de subvenciones económicas y planteamientos ultraconsevadores contra los inmigrantes, o propuestas de rebajar la edad penal ni más ni menos que hasta los doce años, según los casos, que ponen los pelos de punta, si no los tuviéramos ya bastante erguidos entre el convencimiento moral de las torturas mantenidas y la acciones judiciales indiscriminadas de tribunales, especiales y no.
Pero también, muchos y desde hace años que conocemos la mentira dualista a la cual quieren enfrentarnos. Porque hay muchas más listas que dos. Y en el Principat, como en Euskalherria, o en Galicia, disponemos de opciones propias, que más o menos defiendan el rebaño del cual nos sentimos todavía parte (algunos, sin caer en el gregarismo acrítico y ovejil).
Es claro que algunas ofertas ha sido prohibidas, retiradas del mercado, robadas, en lugar de dar al conjunto de la ciudadanía la oportunidad de reducirla a sus verdaderas dimensiones minoritarias cuando no las han victimizado. Como es igualmente claro el nivel variable, pero en todo caso alto, de entreguismo resignado que muestran con las imposiciones españolas, y en función de pragmatismos e intereses partidarios las que ellos llaman nacionalistas, que en el caso catalán son CiU, Iniciativa-Verds-IU y Esquerra, sin que el orden indique ningún tipo de valoración gradual.
Al final, veamos o no los cara a cara entre Rajoy y Zapatero, nos machaquen más o menos los eslóganes, carteles y espacios informativos en los más diversos medios, acabaremos eligiendo entre el pasotismo estéril de la abstención, la rebelión inútil del voto blanco o nulo... o acabar llevando a la urna la papeleta de los de siempre, con una pinza en la nariz, por si el olor a podrido, no precisamente en Dinamarca.
Mientras son otras las imágenes y los debates que, como en los viejos tiempos, sitúan en escenarios más o menos lejanos, como ajenos, los problemas vividos en propia carne. Aquellos años cuando el lobo era único, mordía sin piedad y sin alternativa de defensa, y encima amordazaba con la censura. Estos días, y los que vendrán, toca Kosovo.
Si, además de ver, observamos, contemplaremos la euforia de la independencia proclamada por la mayoría sobrevenida en diferentes oleadas migratorias con banderas de la gran Albania, de los Estados Unidos, de Inglaterra (también la Unión Jack)... Mientras, los rebotados porque pierden la pieza -para ellos originaria y fundacional, como Don Pelayo y Covadonga para otros- de aquella Gran Serbia en la que siguen soñando aunque ya no exista Milosevic... Esos, enarbolan la bandera española; la constitucional, que llaman.
La campaña electoral esconde la razón en los eslóganes y planteamientos de los dos grandes partidos españoles
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Sin embargo, en el Principat, como en Euskalherria, o en Galicia, se dispone de opciones de voto propias |
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