barcelona. El británico Martin Amis, que ayer presentó su nueva novela, La casa de los encuentros, en la que relata la historia de dos hermanos en un campo de concentración siberiano, considera que es "sorprendente" que hoy se conozca "tan poco del Gulag soviético y no se le dé la importancia que tiene".
Acompañado por los editores de Anagrama y Empúries, el autor de Oxford, en una concurrida rueda de prensa en Barcelona, explicó que uno escribe "como respuesta a una presión interior", que en este caso empezó a producirse después de haber acumulado a lo largo del tiempo mucha información sobre Stalin y su época.
El proceso mediante el cual una persona desarrolla, a partir de ahí, una novela es, según Amis, "muy misterioso, pero siempre hay un detonante, que en este caso es la frase con la que empiezo: Mi hermano pequeño vino al campo en 1948 (cuando yo ya estaba allí), en el apogeo de la guerra entre las bestias y las putas...".
Construye el narrador un relato, que también es una historia de amor triangular entre los dos hermanos y la joven judía Zoya, en el que retrata una Rusia en la que el Estado siempre se antepone al pueblo, con una institución como la del Gulag, que calificó como del "mayor abuso perpetrado por un Estado en contra de la humanidad".
holocausto A su juicio, es paradójico que mientras del Holocausto nazi existe mucha información y un ambiente "casi sagrado sobre lo que fue", en el caso del Gulag "no existe esa sacralización del corpus de su conocimiento, pero a consecuencia de estos campos murieron más de 30 millones de personas".
Para Martin Amis es "como si la Historia no los viera como crímenes que están a un nivel similar" y agregó que todavía hoy existe una "gran empatía" por parte de algunos intelectuales por el experimento soviético, lo que le "choca, porque buscan alguna idea válida y no se enfrentan al hecho de los terribles crímenes que se cometieron durante ese régimen". El escritor reconoció que nunca ha estado en Rusia y dijo que ahora tampoco cree que vaya a ir porque no quiere acabar como Alexander Litvinenko, la primera víctima conocida contaminada por polonio 210.
Por si los periodistas no lo hubieran entendido, apostilló que lo que acababa de decir equivalía "a una mala crítica del señor Putin". A la pregunta sobre su ideología y sobre el hecho de que se le ha llegado a tildar de conservador, respondió que "es muy importante no identificarse con un posicionamiento político" y agregó que "cada uno debe encontrar su propio centro. No estoy afiliado a ningún partido político ni pienso estarlo", concluyó. |