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26-02-2008
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José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy se estrechan la mano poco antes de comenzar el debate que moderó Manuel Campo Vidal. Foto: efe
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El rosario de cifras, la escasa frescura y los continuos reproches marcaron el primer gran debate en el Estado.
Igor Camaño
bilbao. Zapatero y Rajoy demostraron ayer que Euskadi les queda muy lejos. Ni el actual presidente ni el candidato popular hicieron referencia alguna a los problemas o a los retos de los vascos durante la hora y media de debate de anoche y únicamente recurrieron a ETA como un argumento más para echarse los trastos a la cabeza. Sólo Rajoy aludió al "referéndum de separación" de Ibarretxe, gancho que Zapatero repelió con su ya habitual "España no se rompe".

Si algún telespectador llegó anoche a este mundo, hoy creerá que un presidente es quien dice muchas cifras y quien saca los trapos sucios de otro. A eso se redujo la hora y media de supuesto debate -más bien dos monólogos- entre los principales aspirantes a La Moncloa. Abordaron cinco temas: economía y empleo; política social; política exterior y seguridad; política institucional; y retos de futuro. Uno y otro pusieron encima de la mesa más cifras que todas las que tiene la colección de Rubio, aquellos cuadernos de matemáticas con los que los escolares aprendían a sumar, restar, multiplicar y dividir. Los verdaderos protagonistas del cara a cara fueron el señor datos y el señor fuentes. Tantos por ciento, incrementos, descensos, subidas, índices... Seguramente, a los espectadores les sucedió como a un niño cuando entra en una juguetería: hay tantas cosas, tanta variedad, que no sabe con qué quedarse. Demasiados números.

Zapatero enumeró mil y un éxitos, esfuerzos y compromisos; Rajoy le reprochó mil y un fracasos, mentiras y decepciones. Lo que para uno era bueno, para el otro era malo. Ambos se ciñeron a sus papeles, a un guión fijo preparado por sus asesores, leído en la mayoría de las intervenciones, sin espontaneidad, sin naturalidad y acotado en un tiempo predeterminado y pactado por ellos. Empezó Rajoy, vestido con traje azul -el que da bien en la tele-, camisa azul clara y corbata granate, más tieso que el palo de una fregona, con los ojos clavados en la cámara, rígido -luego se soltó-, pero con la escopeta cargada. El líder del PP fue a por Zapatero desde el principio. Caña, caña y caña. Eso sí, con la misma posta lobera que en la precampaña. Zapatero, vestido de la misma forma pero con corbata azul, se mostró más suelto, más ágil, más tranquilo -acabó más inquieto, interrumpiendo en más de una ocasión a su oponente-. Quizá el actual presidente ganó algún punto al tenderle la mano a Rajoy instantes antes de iniciarse el debate, cuando las treinta televisiones que retransmitieron el evento ya estaban en el aire. Ahí dio la impresión de tomar la iniciativa.

Rajoy acusó a Zapatero de romper todos los consensos gestados en la Transición, del aumento del precio de la vivienda, de que los huevos hayan subido un 29 por ciento, la leche un once y el pan un trece. Zapatero le censuró por haber hecho oposición al Gobierno con el terrorismo de ETA, le acusó de sólo haber dedicado tres minutos a la economía durante los debates sobre el Estado de la Nación de esta legislatura, o de haber aumentado los gases de efecto invernadero. Todo aderezado con tablas y gráficos en la mano que ambos mostraron a cámara dando a entender que estaban muy bien informados.

eta y referéndum En el tramo final, Mariano Rajoy sacó los papeles preparados sobre terrorismo, sobre el "referéndum separatista" del lehendakari, sobre las ilegalizaciones y sobre las víctimas. Zapatero evitó en todo momento entrar a ese trapo -pese a que el popular insistió- y contraatacó con las mentiras del 11-M, por ejemplo. Las encuestas y los expertos dirán hoy quién ganó. Parece que Zapatero. Euskadi desde luego que no.
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