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09-03-2008
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Georgina Sastre.
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Los progresos en el tratamiento del cáncer de mama son indiscutibles, pero sólo las mujeres y hombres que lo padecen saben lo que significa recaer "cuando te creías que estabas curada". Cuatro mujeres nos cuentan su historia.
gEORGINA Sastre, Mari Jose Macaya, Kayka Gil y Mari Jose del Río son cuatro mujeres que un día recibieron una inesperada noticia: estaban afectadas por un cáncer de mama. A partir de ahí, la quimioterapia, el quirófano, la falta de una mama y la peluca pasaron a formar parte de sus vidas. Sustituyeron los lloros y la autocompasión por alegría y esperanza, y no dudaron en acudir a la Asociación de Cáncer de Mama de Bizkaia (ACAMBI) en busca de ayuda y personas con las que poder compartir sus nuevas vivencias, y encontrar en el "mal de muchos" fortaleza y no consuelo.

Ahora, la asociación que les prestó ayuda en su enfermedad reclama la ampliación de la edad de las mamografías. Piden que al menos se practiquen desde los 45 años y que, en cualquier caso, "aconsejen a las mujeres del País Vasco a que, de forma voluntaria y pagándoselas ellas de su bolsillo, se realicen mamografías de control".

Aseguraron, en sus declaraciones a DEIA, que desde Sanidad se les ha afirmado que "no existen evidencias de que el cáncer afecte a gente joven, pero nosotras aquí estamos. Hemos padecido cáncer antes de los cuarenta y cinco". Acusaron a la Comisión de Sanidad del Parlamento vasco y al departamento de Sanidad del Gobierno vasco, de estar practicando una "desinformación" acerca de la realidad del cáncer de mama. Se muestran convencidas de que todo obedece a cuestiones económicas: "Yo creo que se están equivocando, porque sale más caro el tratamiento de la que tiene cáncer y su baja laboral o jubilación anticipada, que hacer mamografías cada dos años", aseguró Mari Jose del Río, perteneciente a ACAMBI.

La asociación no lucha en su beneficio "ya que a nosotras la labor preventiva ya no nos sirve. Lo pedimos para el resto de las mujeres". María José Macaya, tesorera de la asociación, acusó a la Comisión de Sanidad de haberles facilitado unas estadísticas "poco fiables".

Además de esto, ACAMBI solicita que todas las pruebas cuyos resultados se basen en una imagen, como puede ser una mamografía, sean siempre valoradas por dos radiólogos "ya que cuatro ojos ven más que dos. Hay radiólogos que quieren que se haga así para estar más seguros de sus diagnósticos".

Asimismo, consideran que "la organización de los hospitales de la CAV es incorrecta". Piden que todos los pacientes sean atendidos en cualquiera de los hospitales en función de los protocolos de cada uno de ellos: "La resonancia magnética la tienen como protocolo en los hospitales de Basurto y Galdakao, pero en Cruces no. Como consecuencia, los pacientes de Cruces no podemos beneficiarnos de ello", aseguró Kayka Gil.

Pruebas genéticas Georgina Sastre, presidenta de ACAMBI, fue mastectomizada de ambas mamas y es considerada como una perfecta candidata para la realización de pruebas genéticas, y así poder saber si su hija ha heredado el gen causante del cáncer de mama. El hospital de Cruces "es pionero en estos ensayos genéticos, pero me han negado las pruebas por falta de presupuesto. Ya somos 71 personas las que estamos en lista de espera y esto no puede seguir así". Desde la Asociación aseguraron que "se han producido muchos avances contra este tipo de cáncer pero no se rematan bien las cosas".

Mari Jose Macaya y Kayka Gil aún siguen luchando por combatir el cáncer. Por el contrario Mari Jose del Río y Georgina Sastre respiran tranquilas, aunque con miedo a la recaída. Estas cuatro amigas y decenas de afectadas más ayudan con sus testimonios, su voluntariado y su lucha a todas aquellas que "reciben un boleto premiado por el que ni tan siquiera habían apostado". A día de hoy no se conforman con luchar contra su propia enfermedad, sino que trabajan en busca de un correcto tratamiento de esta patología que, aunque parezca mentira, aún tiene muchas lagunas.

georgina sastre, Primera mastectomía a los 44 años

"Yo ponía al mismo nivel el cáncer y la muerte"

Es la actual presidenta de ACAMBI y hace 22 años, a la edad de 44, la diagnosticaron un cáncer de mama: "Yo ponía al mismo nivel el cáncer y la muerte, y por eso para mi fue un palo tremendo". En el mes de abril la practicaron una mastectomía, y en mayo la extirparon los ovarios. La ofrecieron practicarla una reconstrucción de la mama pero no accedió: "Me estaba metiendo al quirófano sin querer y no me iba a meter por propia voluntad".

Una de las cosas que peor llevó fue la pérdida del pelo. "Se te cae de repente. Se queda la cabeza como el torso de la mano de la noche a la mañana", pero quizá esto se convirtió en una nimiedad cuando a los seis años la diagnosticaron cáncer en la otra mama. "Hoy es el día que paso miedo cuando me hacen las revisiones, aunque ya han pasado muchos años", comentó.

Aprendió a valorarlo todo. Desde el tiempo hasta el afecto: "Nunca me he visto rechazada ni por mis hijos ni por mi marido. Ahora tengo seis nietos y me considero afortunada". Reconoce que cuesta asimilar que "te haya tocado a ti" y que es difícil mantenerse al margen de muchas cosas pese a las secuelas: "Te dicen que no cojas pesos, que no planches, que no pases la aspiradora con el brazo afectado, y qué hago ¿me pago una interina? Es muy fácil dar consejos".

Actualmente está totalmente recuperada, aunque los recuerdos y las cicatrices del pasado nunca se vayan del todo. Georgina dijo adiós al cáncer pero no al problema, e invierte parte de su vida en ayudar a todos los que se acercan a ACAMBI en busca de lo que otros no tienen y allí pueden proporcionarles: la experiencia.

mari jose macaya, mastectomizada a los 44 años

"Estuve un año de tratamiento y llevé fatal lo del pelo"

Le miró de reojo con la entrada del nuevo milenio y aún lucha contra él. Su caso fue debido, en parte, a una negligencia médica. En el año 2000 acudió a una revisión ginecológica y le informó a su doctora de un pequeño bulto que tenía en el pecho. Tras una biopsia la negaron una mamografía y descartaron la presencia de cáncer. Al año siguiente la situación se complicó: "Ya no era un bulto localizado, era un tumor de diez centímetros extendido por toda la mama", aseguró. Su caso fue llevado a los juzgados saliendo victoriosa, pero aún se lamenta de que esa doctora "me firmase mi sentencia de muerte". Comenzó su andadura también a los 44 años.

Tres meses de quimioterapia, punción, mastectomía radical y sin pelo: "Estuve un año en tratamiento y lo del pelo lo llevé fatal. No debería ser así, porque crece, pero hay que pasarlo". Nunca ha dejado de lado su sentido del humor y una visión positiva de la vida, aunque admite que "de vez en cuando se llora en casa". Da las gracias a los grupos de terapia que organizan en la asociación, ya que la ayudaron a asimilar la situación.

Cuando creía que había ganado la batalla al cáncer, llegó la recaída. Empezó con dolores en las lumbares y comenzó una nueva lucha con los médicos por conseguir que la hicieran una Tomografía por Emisión de Positrones, mediante la cual se detecta la actividad tumoral en el organismo. Tras esta prueba y una resonancia magnética la diagnosticaron metástasis ósea en tres lumbares, y volvió la quimioterapia: "Sé que hasta que esté aquí, viviré con tratamientos, pero mientras hay vida hay esperanza".

kayka gil, mastectomizada a los 41 años

"Por mucho que parpadees eso sigue estando ahí"

"Intenté poner la mejor cara posible, porque la actitud del paciente es de lo más importante". Es admirable esta actitud a unas horas de volver a plantarle cara a la quimioterapia. A Kayka la negaron una mamografía en 2002 y en 2003 la practicaron una mastectomía radical y la extirparon los ganglios de la axila. Durante sus declaraciones a DEIA, escondía bajo su ropa la evidencia de que al día siguiente comenzaría el proceso. Bajo un esparadrapo, un catéter colocado en un porta - cath esperaba ser utilizado. Se trata de un pequeño disco redondo similar a una moneda, por el que se inyecta la quimioterapia, para evitar pinchar las venas constantemente.

"Así que a empezar otra vez con todo. Por mucho que parpadees eso sigue estando ahí", afirmó resignada, "recuerdo que en la otra ocasión cuando me daban las sesiones de quimioterapia, estaba tres o cuatro días mala, pero luego me iba a la calle porque allí no piensas tanto en lo que te ha caído encima".

Los que están alrededor de ellas, también sufren, pero Kayka está orgullosa de su marido: "Mikel siempre ha estado ahí, y no se que hubiera pasado si no fuera por él". Asegura además que en la asociación ha encontrado amigas y hermanas: "Para mi la asociación ha sido una válvula de descarga muy grande".

Momentos antes Kayka y más de cien afectadas por el cáncer de mama, se reunieron en el hotel Carlton para celebrar el veinte aniversario de la asociación. Fue un día de fiesta. Todas compartían una enfermedad pero también compartían la esperanza. Al día siguiente Kayka volvería a luchar.

mari jose del río, mastectomizada a los 40 años

"No quería tener nada que no fuera mío"

Las mamografías no indicaban que hubiese problemas: "Yo iba al ginecólogo diciéndole que el bulto era cada vez más grande, pero me decía que no tenía pinta de ser malo". Pasó el tiempo y al final consiguió que la practicasen una punción para descartar la presencia de cáncer: "Con el asombro de todos, lo que no parecía fue". No la extirparon la mama completa, recibió radioterapia, quimioterapia, el pañuelo en la cabeza pasó a ser una prenda más de su atuendo y "a pasar página".

Justo en el momento en que todo parecía estar saliendo perfecto, un pequeño bulto comenzó a asomarse por la cicatriz del anterior: "Le dije al médico que me lo quitara porque no quería tener nada que no fuera mío". Cuando la metieron al quirófano descubrieron que tenía más tumores. La idea de que el cáncer está superado, convierte las recaídas en algo inaceptable.

Para Mari José la segunda vez resultó si cabe más dura que la primera, pero para la tercera ya estaba más preparada: "Tuve un problema con los ganglios del cuello y otra vez volvía empezar con lo mismo".

Confiesa que se vive con mucho miedo de que la enfermedad pueda reaparecer, es quizás el invitado más inesperado, y cuya presencia se intenta evitar por todos los medios de que disponen a su alcance: "A nosotras de alguna manera nos han puesto fecha de caducidad. Ni un solo día se me ha olvidado que he tenido cáncer".

Las revisiones médicas para estas mujeres, lejos de ser un alivio o un simple trámite se convierten en una auténtica preocupación. Les recomiendan que acudan a consulta como mínimo una vez al año para comprobar que su salud sigue en perfectas condiciones.

Entre cita y cita con el médico intentan vivir la vida sin perder el tiempo, pero desde la víspera del regreso a la consulta ya comienzan a sentir los nervios de otras veces: "Yo voy con miedo. Hasta cuando me confirman que todo va bien, y que vuelva dentro de tres meses, estoy preocupada por si se han equivocado en algo".

"De alguna manera nos han puesto fecha de caducidad. El cáncer nunca se olvida"

"A las revisiones se va con miedo, y los nervios aparecen ya desde la víspera"
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