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Independencia
El ansia de independencia personal o insumisión es una tendencia innata en el vasco debido a su individualismo, tendencia que se extiende lógicamente al vasco como pueblo y como nación: comunidad de hombres solidarizados por la unidad de origen, territorio, cultura, lengua, conciencia nacional y de destino histórico. Esto está asumido por la mayoría que, como consecuencia normal, sueña con la independencia. Pero… Cuando una nación se siente sometida por un estado más fuerte tiene dos vías para conseguir su emancipación: la política o la fuerza. La primera vía es difícil, sobre todo, si median otros intereses y se trata de estados jacobinos, salvo que se cuente con el aval de socios más fuertes y poderosos que el estado sometedor, como en el reciente caso de Kosovo. Y aún así… La segunda vía no deja de ser una utopía. ¿Qué pueblo sometido cuenta con un ejército más poderoso que el dominante? Y ¿qué otra nación va a emprender una guerra a su favor, salvo que el petróleo, por ejemplo, sea una tentación suficiente? Pero volvamos a nuestra realidad. Un gran sector prefiere la vía política, la del diálogo para ir consiguiendo cotas y cuotas de autogobierno. Cierto que los logros son exiguos, insignificantes debido a la férrea oposición central pero lo siguen intentando. Otro sector más reducido intenta una vía más violenta: la lucha armada. Y yo me hago la misma consideración pero, en este caso, más cruel y desesperada. Para lograr la independencia por esa vía hace falta un ejército más poderoso y mejor armado que el español y el francés. Esta guerra no se gana matando a un obrero ni poniendo bombas. ¿Lo tenéis? Claro que no. En ese caso, si no optáis por la vía del diálogo por ineficaz, y sabéis que no vais a ganar esa guerra, no llego a entender qué es lo que realmente perseguís o intentáis conseguir. ¿Por qué no se lo explicáis al pueblo y escucháis luego su opinión?
Pedro Mari Altuna Gernika
Las mutuas
El día 12, estando en mi puesto de trabajo, me dio un cólico renal. Es un dolor que creo que sólo lo entenderá el que haya pasado por ello. Resulta que mi puesto de trabajo se encuentra pegado, pared con pared, con la Mutua Mutualia de Basauri, donde se supone que hay médicos. Me acerqué hasta allí y les dije lo que me pasaba. Me vieron en qué condiciones llegué. Pues, bien, me pidieron el DNI y me dijeron que tenía que ir a otra mutua, que a mí no me corresponde la mencionada Mutualia. Intenté ir a la mutua que me corresponde, distante tan sólo unos 300 metros, pero me fue imposible. Empecé a vomitar, hasta que vino un compañero de trabajo y me acercó en coche hasta la mutua Asepeyo. ¿A dónde voy con mi comentario? Pues, bien, entré en Asepeyo y al momento me atendió un médico sin preguntarme si estoy apuntado en Asepeyo o no. Me atendió porque me vio mal. Me trasladaron al hospital en una ambulancia. Y al final, casi cuando me marchaba, me preguntaron si me correspondía la mutua Asepeyo. Le di mis datos y ahí queda el tema. Mi comentario es que no se pongan malos y vayan a la Mutualia de Basauri, porque aunque le vean con la cabeza en las manos no le atenderán si no están apuntados en la referida Mutualia. ¿A dónde hemos llegado? Aquí no importa la salud, sólo importa el dinero. Un tirón de orejas para Mutualia de Basauri. Gracias por el trato al personal a Asepeyo de Basauri.
José Miguel Ariño Basauri
Ruido de cazadores
Una vez más nos detiene el ruido estremecedor que causan los disparos de los cazadores. Es un estruendo desordenado y helador, que ahoga, en el hiriente silencio que le sigue, el latido manso de la montaña. Sobre el paisaje, como un filo implacable, se abate ahora un estremecimiento punzante y angustioso, una grave inquietud turbia y lacerante. En el momento de sentir las descargas, atravesamos, envueltos por una luz callada y dulce, una extensa ladera cubierta de bosques densos y verdes, un armonioso brocado de hebras gráciles urdido con aguas humildes y temblores de sol. Tras los estallidos, mi perra Lagun, sobresaltada, se detiene de forma repentina y vuelve sus ojos para interrogarme. Yo, incapaz de responder a su muda súplica, la atraigo hacia mí, y trato de calmar entre mis brazos el desatado temblor que conmueve su cuerpecillo dorado.
José Santos de la Iglesia Ugarte Gasteiz
El tiro de ETA
EL tiro de ETA es una guerra psicológica enquistada contra la libertad en un país demócrata. La llama del odio, mecha del tiro de ETA, gasolina contra la vida humana. Por ello, hay que ir más allá de la condena a ese disparo que ciega existencias y, entre todos, buscar una luz de agua que apague el incendiario terror de unos criminales que juegan con la vida que no les pertenece. Hay que abrir un auténtico cortafuego, de una vez por todas en la piel de toro para que a los tiradores se les apague la chispa con la brisa democrática. La endemoniada ETA sigue en sus trece de matar y destruir vidas y bienes, con el tiro siempre a punto como hacha de guerra, gravando a fuego miedos y amenazas en una sociedad que ha tomado como suyos, en libertad, valores ejemplares de justicia, igualdad y aceptación de la pluralidad. Son lamentables, pues, las acciones de quienes aprietan el gatillo a sangre fría o caliente, lo hacen contra la misma sociedad, contra todos. No se puede imponer criterio alguno por la fuerza del tiro en la nuca, a costa del atropello del fundamental derecho humano, el que a uno le dejen vivir. Festejamos cuando se abolió la pena de muerte, y también nos gustaría celebrar la abolición del tiro de ETA. Jamás el perverso tiro de ETA podrá justificarse ideológicamente en un pueblo soberano, donde la misma creación de partidos y su misma actividad son libres. El tiro de ETA es, en toda regla, un disparo contra la libertad social de un país, una detonación a los derechos humanos, una descarga que amedrenta el derecho a la vida y a la integridad física y moral de las personas. El tiro de ETA humilla, arremete y agrede a lo más hondo de la dignidad humana. Esto nos obliga a cultivar la indisoluble unidad contra el terrorismo, a expresar responsablemente el rechazo al pistoletazo de ETA y a condenar sus hazañas, así como cualquier forma de colaboración con quienes ejercitan o justifican estos viles fogonazos contra un Estado social y democrático de Derecho. Al tiro de ETA hay que enjuiciarlo moralmente como terrorismo puro y duro. Sin miramiento alguno.
Víctor Corcoba Herrero Bilbao
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