Medio millar de psiquiatras tomaron parte la semana pasada en un congreso pionero en el ámbito estatal que se desarrolló en Gasteiz. Bajo el epígrafe 'El mundo paranoide', se pretendió ahondar en las características de un trastorno muy extendido pero poco conocido Gasteiz. Delirios persecutorios, megalomaníacos, somáticos, sexuales, por celos... La paranoia, presente en gran parte de las enfermedades psiquiátricas, se expresa de formas muy diferentes, puede afectar a cualquier grupo de edad y género, y es difícil de detectar a simple vista o tratar con fármacos una vez manifestada. El paranoico generalmente nace pero también puede hacerse por el influjo de sustancias tóxicas como el alcohol y las drogas, en algunos casos hasta conducirle a ideas suicidas, debido a que vive "en un mundo hostil y se siente acosado por el medio que le rodea". Miguel Gutiérrez, codirector del congreso y catedrático de la UPV, advierte por todo ello de que "nadie es inmune a lo paranoide". No existen estadísticas sobre su afección y todavía hay mucho que investigar en este campo, una de las razones de ser del congreso de actualización en psiquiatría. Expertos participantes solicitaron a las administraciones que habiliten espacios de atención a los enfermos graves, como hospitales de día o centros de rehabilitación, para facilitar su tratamiento.
Los términos paranoia o paranoide están muy presentes en nuestro día a día, pero parece que en el ámbito psiquiátrico aún queda mucho por explorar, ¿por qué motivo?
Como fenómeno psicológico, lo paranoide está presente en muchas enfermedades psiquiátricas y, además, puede darse en todas las edades y géneros. Se puede expresar de formas muy distintas y, por eso, constituye una parcela muy amplia de la psiquiatría. Nadie es inmune a las patologías paranoides.
¿Qué incidencia global tiene lo paranoide en el ámbito de la psiquiatría?
Es muy difícil saberlo por ese motivo, porque está presente en muchas patologías. Puede aparecer en trastornos de personalidad, demencias, depresiones, trastornos bipolares, ansiedad... fenómenos muy frecuentes entre los pacientes psiquiátricos.
Existen trastornos clínicos y otros adquiridos, como por consumo de alcohol y drogas, ¿pero se manifiestan de la misma forma?
Hay personas que tienen una personalidad paranoide y van a ser siempre más proclives a desarrollar trastornos de este tipo: ideas delirantes de contenido persecutorio, sexual, megalomaníaco... Pero también es cierto que personas eventualmente normales desarrollan cuadros paranoides que son en un momento dado indistinguibles de lo que es una paranoia estructurada de un enfermo en situaciones de consumo de determinados tóxicos estimulantes, como anfetaminas y cocaína. Esta coincidencia clínica ha permitido en los últimos 40 años estudiar las enfermedades psiquiátricas psicóticas, referidas al estudio de los efectos de las drogas en el cerebro.
¿Cuál es la tipología de paranoia que afecta a un segmento más amplio de población?
Las ideas persecutorias son las más frecuentes, porque están presentes en una parte importante de los enfermos que padecen esquizofrenias y trastornos bipolares.
Poniéndonos en la mente de quienes sufren lo paranoide, ¿qué pensamientos o sensaciones tiene el enfermo?
El enfermo paranoide sufre mucho porque vive en un mundo hostil y se siente acosado por el medio que le rodea, fundamentalmente personas. Incluso puede llegar a darse el fenómeno de la comunidad paranoide, en el que tiene la impresión de que todos están en su contra.
¿En qué medida lo paranoide es peligroso?
Cuando el enfermo concluye que hay que finalizar con el problema, e incluso puede llegar al suicidio. Y si lo paranoide está asociado al consumo de drogas, por la desinhibición de impulsos.
¿Cómo se trata desde el punto de vista clínico?
Los antipsicóticos neutralizan en la medida de lo posible los síntomas e intentan mejorar la calidad de vida de los pacientes. Pero lo paranoide es muy difícil de abordar, porque el paciente también suele creer que el médico quiere perjudicarle.