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Raúl Castro, el hombre sin tiempo
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José Luis Hurtado
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EL cantautor cubano Silvio Rodríguez, nada sospechoso de ser desafecto al régimen, decía que Raúl Castro "es el revolucionario en quien más confianza hay" en Cuba y que "por su trayectoria se ha ganado el derecho a ser presidente" del país. También hay que destacar que el primer acto oficial del nuevo presidente cubano fue recibir al secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone. La diplomacia vaticana, fiel a su tradición de eficacia y sobriedad, nuevamente estaba en el lugar adecuado en el momento oportuno. Además, los obispos cubanos dieron "un voto de confianza" a la nueva cúpula de la isla para que pueda "llevar adelante con decisión" las "medidas trascendentales progresivas" que "puedan comenzar a satisfacer desde ahora las ansias e inquietudes expresadas por los cubanos".
Pero ¿será capaz Raúl Castro de interpretar y vehicular dentro del cerrado régimen cubano esas ansias e inquietudes?
Es una verdad admitida que, en política, el juego de las expectativas sí tiene en ocasiones consecuencias mucho más profundas que la propia realidad. En estos momentos, las esperanzas depositadas en el pragmatismo que se le supone a Raúl Castro son tantas que pueden jugar en contra de los intereses del Gobierno, con lo que la contradicción puede instaurarse dentro del mismo.
Pero, ¿es Raúl Castro un pragmático? Si nos atenemos a la formación del nuevo Consejo de Estado cubano, la respuesta es no. Sería más bien un ortodoxo comunista. Definición que corrobora un somero vistazo a su biografía. Al hermano de Fidel Castro la fama de duro le viene de su rigurosidad en el trabajo al frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), desde su fundación el 16 de octubre de 1959, cuando sólo tenía 28 años. Es uno de los asaltantes del cuartel de Moncada (1953). Por este acto fue detenido y condenado a trece años de cárcel. Liberado en mayo de 1955, se exilia en México. Con su hermano prepara el asalto de la isla, a bordo del Granma. Asalto en el que sólo sobrevivieron 16 guerrilleros.
Algunos alegan que siempre fue comunista al contrario que su hermano. Para ello, señalan el hecho de que durante los primeros meses de la llegada de los guerrilleros al poder, Raúl fue mantenido lejos del foco de atención, pues se consideraba que su militancia no era conveniente a los intereses de su hermano Fidel. También se ha hablado y escrito mucho sobre la relación que mantienen los dos hermanos. Paternalismo, sometimiento y complejo de inferioridad son algunas de las cualidades adscritas a Raúl, una figura de bajo perfil, con escaso poder de oratoria pero con gran capacidad organizativa y de trabajo.
Desde el triunfo revolucionario, y junto con Ernesto Che Guevara, se convierte en el brazo derecho de Fidel. Raúl ha sido el número dos en todas las instancias oficiales del poder en Cuba: en la jefatura del Estado, en el partido, en el Ejército. Las leyes cubanas establecen que, en caso de desaparición o dimisión de Fidel, Raúl ocuparía automáticamente su lugar. La ocasión ha venido propiciada por el abandono del poder de Fidel a causa de la enfermedad.
El nuevo liderazgo cubano tiene que tomar medidas que sencillamente no se contemplaban antes de la enfermedad de Fidel. Si esas medidas llegan o no demasiado tarde, el tiempo lo dirá. Pero el Gobierno sabe que no puede aplazarlas. La dura realidad es que la situación económica de Cuba no admite más dilaciones.
"Hoy se requiere una estructura más compacta y funcional, con menor número de organismos de la administración central del Estado y una mejor distribución de las funciones que cumplen". "Tenemos que hacer más eficiente la gestión de nuestro Gobierno". Estas son frases sobre la economía cubana que Raúl Castro pronunció en su discurso de asunción como nuevo presidente y refleja claramente el reconocimiento implícito de las dificultades por las que pasa la isla.
Otra variable importante es la actuación de la oposición interna cubana. Es evidente que podría estar dejando pasar de largo un momento histórico del país, una transición generacional que puede llegar a provocar profundos cambios, sobre todo en el terreno económico. El problema es que la agenda opositora se diferencia mucho de los temas más discutidos en la calle por la población. Mientras los disidentes reclaman mayores libertades políticas, los ciudadanos comunes buscan mejoras económicas inmediatas. Además, la mayoría de los opositores creen que el actual debate nacional y el anuncio de reformas económicas son sólo retoques cosméticos que no producirán ninguna transformación de fondo en el país. Por si esto fuera poco, la disidencia está fragmentada en decenas de pequeños grupos, entre los que existe una enorme desconfianza y rivalidad que en más de una ocasión se ha traducido en durísimas acusaciones mutuas.
¿Y los Estados Unidos? No parece probable que el poderoso vecino del norte varíe su política respecto a Cuba a pesar de los tímidos intentos de acercamiento realizados por Raúl en el tiempo cercano. EE.UU. anunció inmediatamente después de su toma de posesión que el bloqueo al que somete a la isla seguirá vigente. La frase del viceportavoz del Departamento de Estado, Tom Casey, resume a la perfección el espíritu que anima Washington. Casey equiparó el relevo con la canción del mítico grupo de rock The Who Won't Get Fooled Again ("No nos engañarán otra vez") y citó la frase más famosa del tema: Meet the new boss, same as the old boss ("Conozca al nuevo jefe, igual que el antiguo jefe"). Fuera de las referencias musicales, Casey, sin embargo, no dejó lugar a las dudas cuando envió el mensaje oficial: "Desafortunadamente, el pueblo cubano se merece mucho más que la entrega del negocio de familia de una dictadura entre los hermanos Castro".
"Entre los pocos que apreciaron algún cambio estuvo The New York Times. Para el diario neoyorquino, Raúl Castro tiene una reputación como un hombre de consenso, un hombre que escucha atentamente a sus consejeros, que delega autoridad y que hace responsables a sus inferiores de sus decisiones.
Estamos por tanto ante una personalidad compleja. Un comunista ortodoxo al que las necesidades y urgencias del pueblo cubano pueden transformar en un ortodoxo pragmático. Dijo Fidel tras ser acusado y condenado por el asalto al cuartel de Moncada que "la Historia me absolverá". A Raúl, un hombre nacido en 1931, no le queda mucho tiempo más si quiere pasar a la historia como el hombre que transformó Cuba. |
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