¿Lo mejor es que siga Rajoy? La decisión de Rajoy de someterse a la reelección en junio no hace más que retrasar la crisis interna tras perder las elecciones del domingo y posibilita a otros barones del partido rearmar sus estrategias para presentar batalla.
MARIANO Rajoy no se va. No dimite. Sigue al frente del Partido Popular hasta junio. Eso sí, decide adelantar un Congreso previsto para octubre con la intención de dar imagen de normalidad democrática. Tal vez no haga falta recordar aquí que Rajoy perdió las elecciones del 9 de marzo. Que a pesar de crecer en votos y en escaños con respeto al año 2004, volvió a fracasar por segunda vez en su lucha por alcanzar la presidencia del Gobierno de España. Escaso consuelo conseguir adeptos cuando uno quiere presidir un país. Con este panorama, no son pocas las voces que han venido hablando desde la misma noche electoral que lo mejor para el PP era que su líder renunciara a seguir al frente del partido. Sin embargo, Rajoy no sólo se mantiene en el cargo sino que promete presentarse de nuevo. ¿Es la mejor decisión para el PP? Desde hoy hasta la fecha en la que se celebre el Congreso hay casi cuatro meses, tiempo más que suficiente para que dentro del partido tomen fuerza otras opciones. Porque candidatos no faltan. De todos es conocida la situación en la que quedó el actual alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, cuando Rajoy optó por sacarle de las listas de candidatos electorales. Y es de sobra conocida la ambición política de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, por optar a lo máximo en su carrera política. Son sólo dos ejemplos de lo que se puede cocer dentro del PP de aquí a junio. Ayer, sin ir más lejos, el líder del partido en Galicia, Alberto Núñez Feijoó, no quiso pronunciarse sobre si apoyaría a Rajoy como candidato en ese Congreso de junio. Primeras indefiniciones que abren múltiples escenarios posibles y francamente muy peligrosos para el actual líder. La crisis tras perder las elecciones generales se traslada a junio. Mariano Rajoy tendrá, sin embargo, muchas dificultades para mantener el nivel de crispación de todos los mensajes que ha lanzado hasta minutos antes de la jornada de reflexión. Dice que quiere formar un equipo de su confianza, un mensaje que ya debe retumbar en los oídos de Eduardo Zaplana y Ángel Acebes, los muñidores de José María Aznar en el PP desde el 11-M. Sin el núcleo duro del partido al frente del componente ideológico más ultramontano, Rajoy se queda sin argumentos. Porque parece poco creíble que un líder de su perfil -más bien amable- sea capaz de aguantar otros cuatro años lanzando mensajes catastrofistas e intentando convencer a nuevos votantes de las posibilidades reales de la derecha. Rajoy acaba de abrir la caja de los truenos que se cerrará en junio. Todos los barones del partido con posibilidades limpian ya su armamento pesado para optar al relevo. El único que puede parar la batalla es Aznar, que ya colocó a dedo a Rajoy y lo puede volver a hacer con el candidato no quemado que a él le convenga. Poder absoluto.