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Nacer mujer
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Carmen Torres Ripa
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Cuando las ideas vuelan al país de la no inspiración, intento encontrar motivos que me animen a seguir frente al teclado, y lo que realmente me emociona es un recorte que tengo en mi mesa. En una entrevista reciente, Juan José Millás decía: "Mi deseo para las mujeres que escriben es que tengan ánimo para ponerse cada día frente al ordenador, que la distancia entre lo que imaginan que quieren hacer y lo que finalmente hacen no sea excesiva". Cada mañana, al leerla, pienso que sigue siendo una aventura arriesgada ser mujer. Con tantos siglos -los mismos que los varones- a nuestras espaldas, seguimos cuestionándonos nuestro valor. "Qué extraño, una mujer que escribe", decían en la Edad Media de Hildegarda de Bingen. "¡Qué raro, una mujer que piensa!", comentaban de Santa Teresa. Aquellas mujeres tuvieron que enclaustrarse para poder componer música, pintar y hacer versos.
En el Talmud se dice: "Se quemará la palabra pero no se comunicará a la mujer". Y Platón -quién me mandará tenerle simpatía- confesaba hace 2400 años: "Doy gracias a Dios por haber nacido griego, y no bárbaro; por haber nacido libre, y no esclavo; por haber nacido hombre, y no mujer". Santo Tomás de Aquino, hablando del aborto, decía que hay un alma vegetativa, un alma animal y un alma racional y el aborto no era pecado mientras el alma racional no llegase al embrión. Para el santo: "El alma llega al feto masculino a los 40 días, al feto femenino mucho más tarde". Ahora que se sabe el sexo desde el principio, si la futura madre ha concebido una niña, no hay problema. Puede desprenderse de ella -al menos en aquel tiempo- sin problemas de excomunión. Supuesto esto, el aborto es tan discutible como la Suma Teológica del santo. Hasta en este asunto tan controvertido ser mujer tiene sus condicionantes. La vida…
El aborto es un tema delicado que suele preocuparme porque creo -lo creo firmemente- que la mujer que engendra ha de ser libre para elegir la continuidad del embarazo si éste tiene problemas. La vida es personal y como tal hay que vivirla. Un señor no puede vivir mi propia vida por mucho que lo intente. ¿Por qué ha de legislar sobre esa vida? Y sobre la legislación también hay mucho que hablar. La Iglesia tiene una función de magisterio y otra función legislativa. He leído algo a los teólogos sobre el tema y, según la doctrina oficial de la Iglesia, la prohibición del aborto no está sujeta al magisterio de la Iglesia y no se rige por la infalibilidad papal. Aunque la práctica del aborto da motivo a la excomunión -lo cual es una decisión legislativa- la base teológica para este castigo todavía no se ha establecido adecuadamente e "infaliblemente" como enseñanza de la Iglesia.
También habría mucho que hablar sobre el divorcio y otros temas que preocupan al Colegio Episcopal, y, quizás, no han leído detenidamente mucha de la doctrina de la Iglesia. Actualmente, un grupo de obispos determinado se fija en el Antiguo Testamento sin darse cuenta que felizmente Jesús de Nazaret vino a renovar las viejas escrituras. Jesús volvería a sacar el látigo y azotar a tantos escribas y fariseos que han olvidado que Jesús vino a predicar una religión para el corazón, sin catedrales, ni templos, ni basílicas, monumentales. Los duros de corazón no entran en los planes divinos o entran con mucha dificultad. "Amaros los unos a los otros" no tiene nada que ver con las polémicas actuales. Jesús dijo que esa era su doctrina. "Id y predicad esto".
Y ya ven, las mujeres volvemos a ser importantes para Jesús. No me imagino a ninguna mujer humillada o avergonzada por sus relaciones extrañas. No me imagino que Jesús echase de su lado a los homosexuales y a las lesbianas. No me imagino que las mujeres para estar junto a Él tuvieran que ser monjas o exclusivamente madres. Jesús dedicó a la mujer las más hermosas páginas de su vida y la doctrina más hermosa del Evangelio está protagonizada por una mujer que no siempre es "políticamente correcta". La mujer pública, la adúltera, la samaritana, María Magdalena… Y, además, dijo a los sacerdotes y fariseos: "los pecadores y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos" (Mateo 21. 31,32)
Yo no sé si la política y los votos tienen algo que ver con esta doctrina de Jesús de Nazaret. Creo que nada. Jesús volvería a sacar el látigo contra tanta falsedad. ¿Cómo puede la Iglesia criticar a los homosexuales y tapar a los numerosos pederastas -sacerdotes, obispos, arzobispos…- bajo el manto de la Iglesia católica?
No sé, Jesús, pero este mundo está muy mal. |
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