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Markel Susaeta trata de ganar la posición. Foto: zigor alkorta |
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Al Athletic le quema el balón
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Curiosamente, la estadística es inversa a domicilio, donde el equipo juega más cómodo.
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Igor Santamaría
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BILBAO. "Creceremos". Pasan las jornadas y, en cada comparecencia tras los partidos en San Mamés, Joaquín Caparrós se refugia en un discurso similar. No en vano, en los tres últimos encuentros de los leones ante su parroquia, lejos de remitir, se ha ido acrecentando una sintomatología: al Athletic le duele tener el balón, y no digamos en las segundas partes. En los cinco compromisos más recientes en La Catedral el rival de turno ha acabado con un porcentaje mayor de posesión, lo que denota cuánto les cuesta construir el juego a los rojiblancos delante de sus fieles. Bien por desconfianza, bien por falta de claridad de ideas.
Tanto Valladolid como Villarreal finalizaron con un 56% de tiempo con el balón en sus pies, e incluso el Levante llegó hasta el 53%; más normal son los casos de Barcelona y Sevilla, con un 58% y 55%, respectivamente. Dadas las características de estos últimos, el detalle no es tan significativo, pero en el supuesto del colista y de los pucelanos, sí. Tanto frente a estos dos como ante el submarino amarillo, el Athletic salió tras el descanso regalándoles la pelota y durante muchos minutos permaneció resguardado en su área.
Esta rémora se traspasa a otros apartados estadísticos, que evidencian el inconveniente de los bilbainos ante su público. Sus contrarios engordan el apartado de remates, realizan más jugadas de ataque, presentan un balance equilibrado en cuanto a balones perdidos y, en la mayoría de ocasiones, son los vizcainos quienes cometen más faltas.
Curiosamente, en los desplazamientos ocurre al revés. El ejemplo más próximo tuvo lugar en Almería, donde el Athletic tuvo un 51% de posesión de balón, con 15 remates a puerta (tres más que el rival), perdió cuatro balones menos y sumó ocho infracciones menos; esto se fue cimentando principalmente tras encajar el gol y entrar Orbaiz en el campo, instante en el que los leones se hicieron dueños del choque. En La Romareda, pese al resultado adverso, el Athletic también tuvo un 55% de posesión, contabilizó más jugadas ofensivas, recuperó más balones (67 por 58 del Zaragoza) y perdió tres menos (83 por 86), cometiendo menos faltas (15 por 19 del contrario). Es decir, el equipo de Caparrós se encuentra más cómodo o menos presionado, o las dos cosas, lejos de San Mamés.
un once consolidado Lo que sí está notando positivamente el bloque del andaluz es la continuidad que está dando asus futbolistas. Comenzando por la portería, donde Armando se asienta con el paso de las jornadas; qué decir de la retaguardia, donde, con excepción de los lances puntuales en que ha recurrido a Ustaritz, el eje lo componen Aitor Ocio y Fernando Amorebieta, con Iraola y Koikili en los laterales. En el mediocampo Javi Martínez ha ido recuperando la chispa que ofreció en la campaña pasada, con un derroche físico tan extremo que hasta Caparrós le ha demandado que aprenda a dosificarse; junto a él se intuye fundamental la compañía de Pablo Orbaiz, quien continúa siendo el mejor compañero de fatigas para esa tarea de presión y de llevar la manija en el doble pivote. Otra historia son las bandas: Yeste no se ha desprendido de su liderazgo. Gabilondo ha aparecido, por sorpresa, en el momento propicio; por la derecha, Susaeta acostumbra a desbordar bastante más que un David López que se ha visto relegado al banquillo. Etxeberria funciona tanto ahí como de punta, lugar donde Fernando Llorente se erige ya en indiscutible. El que más está bailando es el puesto de segundo delantero, que se lo reparten Aduriz y el joven Aitor Ramos.
El Athletic debe atreverse en estas once jornadas que restan a confiar más en sus maniobras con el cuero, sin que el hecho de ponerse en ventaja signifique dar un paso atrás. Si en las primeras partes sale con el motor encendido hacia el área contraria, el paso por vestuarios no debe suponer un cambio de mentalidad. Porque, según Caparrós, éste es el problema: psicológico. Ni parece ser él quien da esa orden, ni suele ser el conjunto rival quien meta en la cueva a los leones. El Athletic dispone de jugadores capacitados para tocarla. Para conjugar la brega con el fútbol de alta escuela. |
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