FUE un acto solemne y austero, celebrado dos días después de las elecciones generales, que apenas duró diez minutos y en él que no hubo lugar para los discursos, sólo para el silencio y la música.
Los familiares de las víctimas, que no llegaban al centenar, tuvieron un lugar reservado frente al cilindro de cristal, aunque algunas de las sillas quedaron vacías. El acto fue presidido por los reyes y una nutrida representación de las instituciones del Estado.
Un silencio sólo roto por la voces del coro de la Capilla Real de Cataluña y Madrid que, dirigido por Jordi Savall, interpretó la obra "Da Pacem Domine" del músico estonio Arvo Part que la compuso después de la masacre, inspirado por la emoción y siguiendo los parámetros del cántico gregoriano del siglo IX.
Entre los cantantes, vestidos de negro, destacaba en primera fila Sonsoles Espinosa, la esposa del presidente del Gobierno que en esta ocasión no le acompañaba de manera oficial en este acto.
Antes de este homenaje frente al monumento de cristal, los Reyes, Zapatero, Fernández de la Vega, el alcalde de Madrid, y la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, descendieron a la sala situada bajo el cilindro y donde se ven escritos los nombres de las víctimas y los mensajes que, en multitud de idiomas, fueron dejando en Atocha cientos de ciudadanos anónimos durante los días posteriores a los atentados.
Al término del acto, los Reyes y las autoridades fueron despedidos por los aplausos de algunos centenares de ciudadanos que se congregaron a distancia, detrás de las vallas.
Fue entonces cuando algunas víctimas comentaron el dolor que sienten, en especial, en esta fecha.
La madre de José María Carrillero Baeza, muerto en los trenes, se quejó de no haber participado en otros actos: "Todo el día llorando y no pinto nada", dijo, mientras que Sandra Montserrat, esposa de uno de los heridos, aseguró que esta tragedia "la llevamos siempre, no se puede olvidar". También habló la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua, quien consideró que este homenaje "sobrio", "es una manera de simbolizar que toda la sociedad española con su máxima representación dice no al terror y que tiene que permanecer unida". A lo largo de la mañana las distintas asociaciones de víctimas también celebraron otros homenajes en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia.
Cruce de miradas entre Rajoy y Zapatero
El esperado encuentro entre el presidente del Gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, se limitó ayer a un cruce de miradas y a un saludo con la cabeza desde la distancia. Al término del acto presidido por los Reyes en homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004, y mientras Zapatero acompañaba a don Juan Carlos y a doña Sofía a los vehículos oficiales, pasó junto a Rajoy y ambos se intercambiaron un breve saludo gestual. Cuando comenzó el homenaje era tal la distancia que separaba a Zapatero de Rajoy que el líder de la oposición ni siquiera se percató de la llegada de los Reyes y permanecía de espaldas, hablando con otros invitados presentes en el acto. Rajoy, flanqueado por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la presidenta de la Asamblea madrileña, Elvira Rodríguez, y a poca distancia del nuncio del Vaticano en España, Manuel Monteiro, presenció el homenaje desde el espacio reservado a los invitados. Mientras tanto, los Reyes, Zapatero y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón -que organizó el acto- estaban en la zona de honor. EFE . >efe |