Su 'tranvía' circula a toda velocidad. Aitzol Aramaio presentará en abril su ópera prima 'Un poco de chocolate', basada en 'Un tranvía en SP', de Unai Elorriaga. El director confiesa que "el filme es tan potente que, al verlo por primera vez, también Unai se quedó sin poder hablar" bilbao. El ondarrutarra Aitzol Aramaio (1971) está a punto de tomar la alternativa. Tras cosechar una larga serie de premios con su cortometraje Terminal (2003) (Festival Internacional de Cine de Berlín, Festival de Brest, Festival Lacinemafe de Nueva York...) acaba de finalizar el rodaje del que será su debut en el mundo del largometraje: Un poco de chocolate. "En principio, lo íbamos a titular como el libro de Elorriaga, Un tranvía en SP, pero la gente empezó a preguntarnos: ¿Qué es eso de SP? ¿Servicio Público? Al final, decidimos cambiarlo", explica Aramaio mientras espera para embarcar rumbo a Lanzarote, donde se preparará para la agenda maratoniana que le aguarda a partir de ahora.
¿Qué quiere contar con Un poco de chocolate?
Lo que quiero contar en la película es que la vida no es ni buena ni mala, lo que importa es la actitud que se toma ante ella. Es un melodrama mágico lleno de vida, contado desde la posibilidad de la muerte, cuyos temas centrales son el amor y la bondad.
Para la gente que no haya leído el libro, ¿cuál es la historia de este tranvía?
Es la historia de Lucas, un hombre de 80 años, que encarna Héctor Alterio. Lucas mezcla sus recuerdos con la realidad y sueña con subir los ocho mil metros del monte Shisha Pangma (SP). Daniel Brühl hace el papel de Marcos, un joven okupa que pasa a compartir la vida de Lucas.
Ahora que todo ha terminado, ya puede confesar cómo convenció a estos actores para que participaran en su ópera prima.
Ni yo mismo me lo creo, pero sencillamente leyeron el guión que hice junto con Michel Gaztambide, que también participó en Vacas con Julio Medem, y se animaron. Y la verdad es que ha habido química entre todo el equipo de actores y técnicos. Eso se nota en la película.
Incluso al final se apuntaron espontáneos en el rodaje del Puerto Viejo de Algorta...
Ja, ja, ja... Sí, es verdad, teníamos nuestros propios extras, pero al final participó gente de la zona. Tenemos un montón de anécdotas que nos pasaron durante el rodaje.
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, un día que llovía muchísimo, apareció una señora con bata de casa y nos regaló una tarta estupenda. Fue precioso.
Por cierto, ¿por qué el título de Un poco de chocolate?
Estuvimos barajando un montón de nombres y al final nos decidimos por éste. En un momento muy determinado de la historia, una persona dice esa frase. Es una secuencia fundamental de la película, pero no puedo revelarlo porque se estropearía el efecto.
¿Y su relación con Unai Elorriaga? ¿Ha colaborado en el rodaje?
Él ha estado desde el primer momento conmigo, llevamos desde 2002 hablando. Cuando leí su libro, me impactó muchísimo. Suponía para mí un reto porque tenía que transmitir con imágenes las sensaciones del libro. A pesar de que el guión cambia algunos aspectos de la novela o toma caminos diferentes para resolver algunas escenas, la película tenía que mantener el espíritu de Un tranvía en SP.
¿Y lo ha conseguido?
Sólo sé que cuando vi la película montada por primera vez estuve diez minutos sin poder decir nada, sin hablar. Me emocioné. Y este sentimiento se ha repetido mucho entre nosotros. Sé que a Héctor Alterio le ha pasado algo parecido. Una vez, en la playa, le di las gracias por haber participado en mi proyecto y haber creído en mí. Él me miró y me dijo simplemente: "No hables y mira el mar". Todos los días se levantaba muy ilusionado. Ha sido una pasada trabajar con él.
¿Y Unai Elorriaga? ¿Ya ha visto la película?
Todavía no ha visto la última versión porque la acabamos de terminar. Pero cuando vio la anterior me dijo que era grande. Le pasó lo mismo que a mí, se quedó sin poder hablar.
¿Tanto va a sobrecoger al público?
Me conformo con que mi película le haga soñar, que le brinde placer. El mensaje que he querido transmitir es de optimismo y esperanza. Me gustaría que esta película tuviera la capacidad de transmitirnos algo que nos hace ver la vida con otros ojos, con los cuales podamos ver la realidad, nuestra dura realidad, el día a día, a través de unos cristales que la optimicen. El espectador se enamora de un personaje, y a mitad de la película se da cuenta de que se está muriendo. Y, aun así, no es una historia triste, sino de amor. Quiero que el espectador, cuando termine este viaje, se haya reconciliado con la vida.
Ha elegido el Festival Internacional de Cine de Málaga para estrenarla. ¿Por qué?
Ya sé que se ha rodado en Euskadi, que el libro es de un escritor vasco, pero una vez que acabas la película, dejas a la distribuidora que elija la campaña. El público la podrá ver en las pantallas del cine a partir del 30 de abril. Espero que guste al público.
¿Espera ganar con Un poco de chocolate tantos premios como con su corto?
Los festivales son una manera estupenda de promocionar tus trabajos. Yo tengo mucho que agradecer al programa Kimuak del Gobierno vasco, que me premió y me ha ayudado a presentar mi corto a nivel internacional. Pero luego tu filme tiene que funcionar en taquilla. Esta película ha tenido un presupuesto bajo, alrededor de 2.600.000 euros, pero para un director novel como yo no es nada fácil de conseguir. Espero que me abra puertas en el futuro.
¿Tiene ya otro proyecto en cartera?
Todavía tengo que encontrar la historia. De momento, no la busco, tiene que buscarme ella a mí. Cuando encuentre una historia que me mueva por dentro emocional y sentimentalmente, como me ocurrió con la de Unai Elorriaga, ahí voy a estar.