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El alfarero Paco Presa trabaja en su taller en el barrio de Las Delicias. Foto: aitor alonso |
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El actual desarrollo económico de Barakaldo arrincona los oficios más tradicionales
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Profesionales alfareros, ebanistas o carboneros advierten de la ausencia de relevos generacionales.
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Aitor Alonso
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barakaldo. La transformación económica de Barakaldo ha colocado a los oficios tradicionales en peligro de extinción. El sector servicios ha impuesto su ley de la mano de las grandes superficies comerciales haciendo de los dependientes, cajeros, recepcionistas, teleoperadores o auxiliares administrativos los reyes de las ofertas laborales en la localidad fabril. En el otro extremo, ebanistas, alfareros o carboneros, representantes cualificados de la artesanía, apuran los últimos días laborables de sus respectivos oficios en Barakaldo.
En Bizkaia subsisten alrededor de 20 alfareros. Paco Presa es el representante de esta profesión en Barakaldo desde hace 24 años tras instalar un pequeño taller en el barrio de Las Delicias. Aprendió el oficio en Huelva y mientras moldea el barro asegura tajante que su trabajo "se está acabando porque es muy difícil buscarse la vida con esto".
Alfareros Muy pocos clientes visitan su centro de trabajo. Presa da salida a la mayor parte de sus creaciones en las ferias de artesanía, aunque también tiene contactos con alguna tienda de decoración. "La mayor parte de los ingresos provienen de las ferias, aunque es complicado que la gente pague alegremente entre 300 y 500 euros por un cuadro. Muchos prefieren comprar una baratija en una tienda de todo a cien", subraya.
Él ha optado por la especialización para buscarse su propio nicho de mercado. Sus creaciones están inspiradas en su mayor parte en la cultura vasca y salpicada con símbolos como el lauburu o la ikurriña.
El panorama también se presenta sombrío para la ebanistería tras el desembarco en Barakaldo de las multinacionales del mueble. "Las grandes cadenas han hecho que este pueblo se haya convertido en una plaza muy difícil, sobre todo teniendo en cuenta que el producto que venden tampoco es malo", se lamenta Jesús Ramírez, especialista en la fabricación de muebles artesanales.
La ebanistería Carresa, ante la terrible competencia, ha tomado la decisión de adaptarse a las necesidades de un público de poder adquisitivo "medio-alto" que le hacen "dos o tres encargos al mes con muebles de capricho con maderas que alcanzan un precio de 3.000 euros el metro cúbico". Aun así, ha tenido que dar un giro al negocio y abrirse también a la carpintería para mantener a flote la empresa que fundó su padre hace 40 años.
Carbonero A sus 34 años, José Verde se ha convertido en una institución en la localidad fabril conocido popularmente por su oficio como el carbonero de San Vicente. Actualmente, él es uno de los cuatro que sobrevive en toda Bizkaia tras heredar el negocio que puso su abuelo hace 40 años. Todos los viernes se pone al volante de su furgoneta y reparte el negro mineral por las casas que aún se aferran a la cocina de chapa. Obviamente, cada vez son muchas menos. Aunque cubre el norte de Burgos, el 90% de los encargos corresponden a Ezkerraldea. Por eso, es consciente de que su oficio está llamado a desaparecer en muy pocos años. "Van a prohibir el carbón de hulla así que conmigo se acaba esto", reconoce. Él ya se ha adelantado y diversifica los ingresos con otro oficio "más agradecido" en el que se centrará cuando eche la persiana al negocio familiar. |
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