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El zaguero guipuzcoano Aritz Laskurain comenzó siendo niño su contacto con la pelota mano en la ikastola de 'Plaentxi', su pueblo natal. |
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Una onza de chocolate
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Aritz Laskurain aguarda "tranquilo y con ilusión" la final del Parejas, que junto a Titín le medirá a Olaizola II y Mendizabal II el próximo domingo en Gasteiz, donde estará acompañado por 140 vecinos de Soraluze.
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César ortuzar
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Los sueños de los obreros, de la gente sencilla, se construyen en la cotidianidad por efímeros. Instantes que alimentan el día a día. Pequeños placeres. Es lo que ha enseñado Encarna a su hijo, Aritz Laskurain (Soraluze, 3 de octubre de 1979), finalista del Parejas. Todavía, de cuando en cuando, la madre le recuerda la lección: "Hacer lo ordinario extraordinario". Un ideario que el zaguero de Soraluze cuida con mimo para saborear la vida. Espartano en la enunciación, es sin embargo, riquísimo en su contenido. Arte de vivir. Filosofía. Apenas cuatro palabras que sintetizan una manera de asomarse a la realidad. De entenderla. De saber valorar las pequeñas cosas. Y tal vez por eso las ensoñaciones de Laskurain están fijadas a la tierra. En una onza de chocolate.
Hace año y medio que Aritz cambió de coche "porque el otro era para un chaval de 20 años". El otro se trataba de un Citroën Xsara coupé, cómodo para los que viajan delante, pero apretado en las plazas traseras. Incómodo para Encarna y Gustavo, sus padres, que acompañan a Laskurain a los frontones para verle jugar. Aritz adquirió un Peugeot 407 familiar "para que los padres vayan más cómodos, y claro, también porque me gustan este tipo de coches. Además la vida cambia, cambias de mentalidad. Ya tengo 28 años. Es un coche muy práctico, para compartir". Los coches no le vuelven loco, "está bien, sin más", dice. Laskurain sólo se permitió un capricho, un techo acristalado por donde le acaricia el sol y le guían las estrellas. Cielo abierto. "Eso lo tenía claro, quería un techo panorámico". Un pequeño homenaje. Un sueño proletario,
Torno y frontón Aritz lo es en sentido literal. Trabaja como tornero programando una máquina de control numérico a media jornada en Lasher, Laskurain Hermanos, el taller familiar enclavado en Soraluze, un pueblo apretado contra la angosta orografía y las empresas que lo rodean . "Llevo trabajando en el taller desde los 20 años. Los dos primeros años, hasta que debuté en profesionales, trabajaba a jornada completa. Ahora lo compagino con la pelota. Tengo un horario flexible. Si tengo que entrenar a la mañana trabajo a la tarde y al revés". A pesar de estar instalado en la élite a base de esfuerzo "porque yo sé que no tengo la calidad que tienen otros y lo mío es trabajar en el frontón", Laskurain sostiene que las horas que mete en el taller "me sirven para desconectar de la pelota. Estás a otras cosas. Trabajar no es ningún problema, todo lo contrario". Al taller familiar, que se dedica a la fabricación de piezas especiales, Laskurain llegó después de finalizar un ciclo formativo. "Hice la selectividad por si acaso, (obtuvo un 7,5 de media), pero pienso que de alguna manera si llego a entrar en la Universidad no dejaría de estudiar nunca. Primero sería acabar la carrera, luego un Máster, y más tarde seguir formándome". Una espiral. "¿Qué es más duro? No sé. Es diferente. La pelota es más sufrida pero más gratificante. El taller no es tan duro, pero la recompensa es menor", concreta el de Soraluze.
quince meses parado Su pueblo está en carne viva. En el túnel de las obras. La entrada principal está cortada. Las calles, levantadas. Las molestias para las mejoras. Laskurain vivió el mismo proceso. Reconstrucción. Desde julio de 2004 hasta octubre de 2005. Un papiloma en su mano derecha le crucificó durante 15 meses. "Fueron momentos duros, no me gusta hablar de ellos. Ya lo he pasado y ahora estoy disfrutando". En julio de 2004, Laskurain, que había debutado en el Astelena de Eibar el 9 de junio de 2002, iba a formar con Titín. "A mí me hacía mucha ilusión jugar con Titín, pero no pude hacerlo". El papiloma no le dejó. "Tardaron en diagnosticarlo y eso retrasó todo el proceso de recuperación. Además en la operación no me lo pudieron extirpar del todo", relata Laskurain. Visitó infinidad de médicos en busca de una solución, pero nadie acertaba con la dolencia del zaguero guipuzcoano. "Eso es lo que te desespera, pero tampoco dejé de ser optimista, aunque es verdad que se te pasan muchas cosas por la cabeza", reconoce. Entrenó con la zurda durante algún tiempo, pero dejó de hacerlo "porque tampoco tenía demasiado sentido". Eso sí, nunca descuidó la preparación física. "Sabía que cuando volviera estaría bien físicamente y el juego ya lo iría cogiendo". Finalmente fue operado el 12 de agosto de 2004, "justo un año antes de la operación a Barriola", matiza. La intervención debía acabar con el papiloma, pero éste se le reprodujo. "Eso fue lo peor, porque te ilusionas, ves el final del problema y resulta que no salió bien. La recaída fue muy dura. Te cambia el carácter, estás más triste". Piedra. Le costó reponerse del golpe. "Piensas que se te ha podido acabar la pelota". El trabajo, la familia, los amigos y los compañeros le acurrucaron. Hasta que un buen día, el papiloma se evaporó de su derecha. "Como vino se fue", apunta Laskurain, que todavía no sabe muy bien "cómo se produjo el contagio". Retornó a las canchas el 16 de octubre de 2005 tras dos intentonas frustradas. "Es como debutar de nuevo". Vuelta a empezar. De aquella experiencia, Laskurain se dio cuenta "de lo frágiles que somos". "Son cosas que te marcan. Te hacen ver las cosas de otra manera. Pero pienso que, de alguna manera, me vino bien. Me enseñó que las cosas no hay que darlas nunca por sentado, que todo puede cambiar en un momento. Aprendes a valorar más las cosas".
De zaguero a delantero Con las manos curadas, una sonrisa se dibujó en su rostro. Volvió a la mina. A reescribir su historia. Palmo a palmo. Desde el primer párrafo. "Si estás bien es cuestión de trabajo". Lo había hecho con anterioridad. Cuando cambió de posición. "Hasta los 20 años jugué de delantero. Me gustaba jugar en los cuadros alegres", indica Laskurain. Comenzó a jugar a pelota con cuatro años en la ikastola de Plaentxi, porque para los vecinos del pueblo Soraluze es Plaentxi. A los 17 años, en el estatal, derrotó a Aimar Olaizola en la final. "Creo que jugamos uno contra el otro tres veces. Él me ganó dos veces y yo a él una. Pero fue hace mucho tiempo. Éramos unos chavales. Yo de delantero no hubiera hecho nada. Como mucho sería aficionado y mira el nivel de Aimar". En Soraluze no tenía con quien entrenar, era el único delantero. A Aritz le costaba "defender, pero con el gancho iba bien". Ubera se fijó en él y le planteó la posibilidad de retrasar la posición en el frontón. "Siempre he tenido postura de zaguero, aunque lo que me gustaba era jugar de delantero. Lo que pasa que en un campeonato en Deba había tres delanteros, así que yo me retrase, jugué de zaguero y llegamos a la final". En su reconversión también influyó Kepa Arroitajauregi, seleccionador de Euskadi de mano. "Arroitajauregi me llamó para hacer unos entrenamientos de calidad en Zornotza como zaguero. No fue una decisión fácil para él porque hacía poco que había cambiado de posición, y su apuesta generó algo de polémica. Yo formaba con Andoni Eguskiza". Tanto Ubera como Arroitajauregi acertaron en su diagnóstico. De pleno. Laskurain era un zaguero escondido, ajeno, sin embargo, puro. En 2001, un año antes de su bautismo profesional, con apenas unos meses en la zaga, conquistó con Ubera el Torneo Diario Vasco, el más prestigioso de los que se diputan en la modalidad de parejas. En la final se impusieron a Agesta y Argote. En su nueva piel, Aspe se hizo con los servicios del guipuzcoano. Se vistió de blanco en el Astelena de Eibar, su frontón. La catedral está a la vuelta de la esquina de Soraluze. Allí entrena. "En invierno apenas le hago kilómetros al coche", reconoce. Aún así, a Laskurain le encanta conducir. "El coche siempre lo llevo yo. A mi ritmo". Más ahora que es testigo del firmamento. Al llegar a destino para el motor y se toma su tiempo, un par de minutos, antes de bajarse del coche y pisar el frontón. "Me relaja. Siempre lo he hecho".
dieta macrobiótica Desde el estreno de su andadura profesional en el Astelena, en el que formando pareja con Imanol Agirre cedió 22-10 ante Galarza V y Eulate, es Igor Gutiérrez quien prepara el físico de Laskurain. Igor posee una consulta a 20 metros de la casa de Aritz y dirige el centro Bioqiros de Beasain. Su relación es de confianza absoluta. "Somos amigos desde pequeños. Igor sabe de pelota, no sólo como técnico, él ha jugado mucho y eso se nota a la hora de preparar y entender al pelotari", defiende Laskurain. El zaguero acude semanalmente a la consulta de Igor, donde le espera una máquina que mejora "la circulación de la sangre". Igor Gutiérrez le ha introducido en la dieta macrobiótica. "La dieta me va bien, pero la llevo a mi manera". Su renovada alimentación, procedente de Japón, que enfatiza el consumo de cereales, ha desplazado el chocolate de la despensa de Laskurain. "Me he acostumbrado bien a la dieta, pero echo de menos el chocolate. Antes lo comía con asiduidad para recuperar fuerzas, pero ahora apenas lo pruebo. Es un pequeño vicio". Un gozo.
tranquilo ante la final Igual al que anida en su alma de obrero cuando vislumbra la final del Parejas. Sus vecinos le recuerdan la gesta. Todos los días. Soniquete. "A ver quién hace en el pueblo lo que has hecho tú. Tú ya has cumplido, hagas lo que hagas en la final". En Soraluze, acudirán unos 140 vecinos a la final, todo son saludos y felicitaciones. "Es de agradecer", dice Laskurain alejándose de cualquier foco. Dice estar tranquilo "porque para mí lo importante es mantener esta regularidad que estoy teniendo y bueno, si ganamos, mejor". Enfoca el duelo del domingo en el Ogueta de Gasteiz con "ilusión". "Titín y Aimar son delanteros punteros y luego estamos Oier y yo, dos novatos, pero es difícil saber cómo saldrá el partido. Creo que influirán los nervios, el que esté tranquilo tendrá mucho ganado", disecciona Laskurain, que confiesa que jugar junto al delantero de Tricio es "sencillo porque te ayuda mucho, te quita mucha pelota mala y tiene gran facilidad para acabar el tanto". Un placer. Una onza de chocolate. |
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