Bilbao Basket 78 - 79 Real Madrid bilbao. Atraco. Asalto. Robo. Hurto. Sustracción. Latrocinio. Desvalijación. Saqueo. Pillaje. Rapiña. Despojo. Afano. Lapurketa en euskera. Basta con echar un vistazo al Diccionario de Sinónimos y Antónimos de Espasa para diseccionar lo que sufrió ayer en sus carnes el Iurbentia Bilbao Basket. A los hombres de negro les quitaron una victoria que era suya por méritos propios. Por orgullo, por tesón, por corazón, por no dar su brazo a torcer, por creer en sus posibilidades cuando la inmensa mayoría del graderío apuntaba ya la sexta derrota consecutiva. Porque los anfitriones fueron casi siempre a remolque pero nunca se rindieron. Carácter Iurbentia. ¿Que enfrente estaba el todopoderoso Real Madrid, el líder destacado de la ACB? ¡Y qué más da! Este equipo no respeta las jerarquías. Cuando tiene fondo de armario y caudal de recursos humanos para hacer frente al rival éste tiene que asegurarse de que los de Txus Vidorreta están completamente muertos, porque de lo contrario resurgen de sus cenizas. Cuando les dejan. Cuando no sufren un descarado atraco.
Porque faltando menos de dos minutos para el bocinazo final, los de Joan Plaza ganaban por un plácido 63-72, pero el Iurbentia Bilbao no estaba muerto. Reaccionó a base de amor propio, canastas de Banic y triples de Paco Vázquez. 73-77 a 42 segundos del final. El gigante se tambaleaba. Balón para los blancos, pero los locales lo roban y Javi Salgado enchufa otro triple. 76-77. Nueva oportunidad para los visitantes. Fallo. En la siguiente jugada Marcelinho Huertas no perdona. 78-77 a 8,6 segundos del final. Delirio en las gradas. Los hombres de negro se agigantan. El Madrid se achica. El balón es suyo y Alex Mumbrú anota una entrada a canasta. 78-79. No hay tiempo para lamentaciones. Los de Vidorreta sacan de banda. Salgado ve correr a Recker por el carril central y le da el pase de la victoria, el estadounidense deja el balón encima del aro... y surge la mano de Axel Hervelle para repelerlo cuando éste se encontraba ya en trayectoria descendente. El trío arbitral -Martín Bertrán, Conde y Cardús- ve un tapón legal. Son los únicos. Los jugadores del Madrid dan saltos de alegría. Alguno de ellos no puede disimular la cara de incredulidad. Mientras tanto, los locales protestan de manera airada. Maldicen. Es curioso. Sus protestas no encuentran destinatario. El color naranja desaparece de las canchas en escasísimos segundos. ¡Qué rapidez la de los colegiados a la hora de ganar el túnel de vestuarios! ¡Qué rapidez de reflejos! ¡Qué lástima que no vaya acompañada de mayor agudeza! Porque en la propia cancha parecía claro que el balón estaba bajando, pero las imágenes de ETB lo confirman con creces. Tapón ilegal. Canasta y victoria para el Bilbao Basket. Eso es lo que tendría que haber acontecido si la justicia hubiese hecho acto de presencia. Porque la pregunta de los aficionados -ver sus caras mientras abandonaban el pabellón era la clara escenificación de la impotencia, la indignación y la rabia contenida- en los aledaños de La Casilla era casi unánime. ¿Qué habría pasado si esa entrada la hace un madridista y el que rechaza el balón es un hombre de negro? Poco más hay que añadir. Ya se sabe que el pez grande acostumbra a comerse al chico en estas circunstancias.
En definitiva, la que debió ser una victoria de relumbrón acabó convirtiéndose en la sexta derrota consecutiva. Bien es cierto que el Iurbentia Bilbao fue casi siempre a remolque de un Real Madrid que contó con un Felipe Reyes colosal y que falló bastantes lanzamientos claros que hubiesen hecho posible llegar al tramo final en situación más ventajosa, pero no lo es menos que, con la ley en la mano, la victoria debió ser suya. Pero no lo fue. Y no lo fue porque sufrió un robo en toda regla. El robo del siglo.