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Desde la grada
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Ganó la táctica
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J.MTNEZ DE IRUJO
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Fue una final dura, muy peloteada para un frontón tan sufrido como el Ogueta, en la que la txapela fue a parar a la cabeza de la pareja que salió con las ideas más claras. Aimar y Mendizabal urdieron desde el vestuario la táctica que les tenía que llevar a derrotar a sus rivales: buscaron a Laskurain. Y no cejaron en su empeño hasta el final del partido. Creo que al de Soraluze le traicionaron los nervios en el tramo decisivo del encuentro y, en cierto modo, la final, todo lo que le rodea, le superó. Quedó claro que la pelota no le entraba en la mano, que no era capaz de gozar y eso, quizás, les costó, a él y a Augusto, el campeonato. ¿Por qué ocurrió? Es sencillo, porque el material que sacaron sus rivales no les iba nada. Sufrieron mucho con él. Las pelotas de Aimar y Mendizabal eran lentas, de las que congelan un partido, y permitieron al delantero de Goizueta defender con más comodidad.
De todas formas, no creo que el material decidiese el desenlace final del encuentro. Me decanto más por el gran partido de Aimar como factor determinante. Es cierto que rehuyó la pelea con Augusto, porque sabía las consecuencias que eso podría acarrearle, y como está con toque y tiene golpe, tomó la decisión de cargar atrás. Su objetivo era Laskurain. La táctica le ha salido bien. Aimar ha sido, sin duda, el mejor del partido y ha firmado una gran final que ha resultado diferente. ¿En qué sentido? En que las dos parejas han aprovechado bien su material, por eso ha sido un duelo de tacadas, de rachas.
Si bien considero que Olaizola fue el mejor del partido, cabe apuntar también que éste estuvo bien respaldado en la zaga por Mendizabal. El zaguero se adaptó bien al material y pudo quitar aire a un Titín que estuvo intermitente. Lo hizo bien cuando pudo tomar parte en el juego, pero el problema para él fue que la táctica de sus rivales no pasaba por cederle la iniciativa al riojano. Sus intervenciones fueron contadas. Ahí estuvo la clave de la final. |
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