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Vida sin fronteras
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Ceguera
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Rafa Redondo
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TODO lenguaje, por su estructura, funciona como un filtro sobre la captación de la realidad. Existen experiencias sutiles que, según sea el idioma que las aborda, entran, o no, en la órbita de la conciencia. Un poeta oriental, por ejemplo, se queda callado ante un amanecer; su lenguaje favorece la fusión con lo que contempla, siendo el silencio el receptáculo de su vivencia. En Occidente, embargados por la lógica cartesiana, y no tan sensibles a la fusión silenciosa con lo natural, nuestros poetas también cantan a las flores. Pero antes las arrancan.
Aquí, hemos desarrollado un excelente entramado lingüístico racional para extender, por ejemplo, el saber tecnológico o informático, pero somos enormemente torpes para expresar nuestros sentimientos. Vemos y comprendemos lo que nos es permitido ver y comprender.
Además, todo grupo humano desarrolla un sistema de categorías de pensamiento, de tal manera condicionado, que existen cosas que no sólo no se pueden expresar, sino tan siquiera pensar. Contraste usted mismo, lector, en un mundo tan racional como el empresarial, cómo queda la virtud de la objetividad cuando abordan el tema sindical, y podrá comprobar por su propia cuenta cómo se construyen esos filtros que configuran lo que se ha venido en llamar Pensamiento Único, y que no es otra cosa que lo que queda en la conciencia después de haberla filtrado en el cedazo de tanta represión. Lo mismo ocurre con la política y con la religión. Vivimos dentro del tabú y nuestra conciencia ordinaria no deja de ser un cúmulo de mentiras determinadas menos por la razón que por el miedo a ver la verdadera realidad, que sigue permaneciendo censurada.
El cambio de conciencia es nuestra asignatura pendiente para despertar a lo real. Y para liberarnos de las autocensuras que nos hipnotizan. |
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