cuando me propusieron hacer esta misa puse dos condiciones: que se realizara aquí, en Begoña, y que fuera una celebración de gratitud". Así comenzaba Carmelo Echenagusia su última homilía como obispo auxiliar de Bilbao ante los que han sido sus feligreses durante trece años, que abarrotaron la basílica en la eucaristía en su honor que tuvo lugar ayer.
Estuvo arropado por numerosos sacerdotes sentados en las tres primeras filas de bancos y alrededor del altar, entre los que figuraba Ricardo Blázquez. A él dirigió unas emotivas palabras agradeciendo sus "atenciones y servicios todos estos años en los que ha sido un ejemplo de vida callada y de servicio sin tener jamás una palabra hiriente ni una expresión humillante". También se acordó del que será su sucesor, Mario Iceta, "una persona mucho más joven y capaz".
Los vecinos no acababan de acostumbrarse a relacionar su nombre con un puesto en el que Don Carmelo ha dejado el listón muy alto. Rosario Hoyos se acercaba al templo media hora antes de que se iniciara la misa "por si no hay sitio, porque seguro que se llena". "¿Qué vamos a decir? Ha hecho un papel tremendo", alababa teniendo muy presente "el recuerdo de lo bien que se portó con mi familia". Cuando su marido se encontraba ingresado en la clínica San Sebastián, de Deusto, ella llamó a Begoña "para pedir un sacerdote" ante la gravedad de su estado de salud y "se ofreció a ir él mismo. Valoramos mucho ese gesto". Aseguraba que "las palabras del obispo Ricardo Blázquez al llegar a Bilbao en las que decía entre risas que no podía haber encontrado mejor profesor demuestran su categoría".
Una catequista de Begoña que prefería no dar su nombre ha compartido con él horas de trabajo en la parroquia y ayer destacaba "su inteligencia, la manera tan bonita y tan poética en que oficia, pero por encima de todo, su categoría personal y el cariño con el que trata a todo el mundo". En la nueva etapa que emprende "se va a quitar responsabilidad", pero "se le echará de menos".
los feligreses le definen
"Campechano y entrañable"
José Mari San Martín y José Mari Etxebarria, que regentan la tienda de recuerdos de la basílica de Begoña, destacaron que "no había un día que no entrara a saludar con su carácter tan campechano y entrañable". Por eso, piensan que "merece esta misa y cualquier otro homenaje que se le haga".
"Nosotras creemos que todo es poco", compartía un grupo de religiosas de las Carmelitas Misioneras Teresianas, "pero él diría que todo es demasiado". "Ha trabajado mucho por las personas mayores, eso lo hemos visto nosotras el tiempo que hemos pasado en la residencia de los Venerables de aquí al lado. Y siempre estaba ahí para ayudar a levantarse a quien atravesara una mala época".
Ahora que ha alcanzado la jubilación con una mezcla de "ilusión y desgarro interior", según sus propias palabras, se retira a Berriz "donde las Misioneras Mercedarias han aceptado hospedarme". Sin embargo, estará "siempre dispuesto a ayudar" hasta donde se lo permitan sus "menguadas fuerzas".
"Mi sucesor, Mario Iceta, es una persona mucho más joven y capaz que yo"
"Llego a la jubilación con una mezcla de ilusión ante esta etapa de desgarro interior" |