Es una de las decisiones que más de cabeza trae a los aitas cuando está a punto de llegar su bebé. Genera más discusiones que la elección de la cunita, la guardería o el restaurante del bautizo. Y es que el nombre marca. Es esa seña identificativa que todos llevamos grabada a fuego a lo largo de nuestra vida. Son muchos los progenitores que deciden ponerles a sus hijos nombres euskaldunes. De hecho, Euskaltzaindia recibe cada día a través de e-mail entre 15 y 20 consultas relativas a nombres propios de personas. Los interesados plantean dudas relativas a grafía, onomástica, etc. “De todas las consultas que recibe la página web de Euskaltzaindia, más de la mitad es sobre nombres propios”, explica Mikel Gorrotxategi, secretario de la Comisión de Onomástica de Euskaltzaindia. “El nombre es muy importante porque es lo único que tiene todo el mundo”, afirma. Además, Euskaltzaindia recibe una media de tres consultas telefónicas desde el registro civil que les plantean dudas que les surgen sobre algunos nombres vascos con los que los padres han inscrito a sus hijos. Entre las dudas que suelen surgir con respecto a los nombres propios, las más habituales son las relativas a la grafía. “Hay gente que ha oído un nombre pero que no sabe cómo se escribe, y hay casos de personas que quieren usar grafías que hoy día no son apropiadas”, explica Gorrotxategi. Es el caso de el nombre de Nahia, que hay quien quiere escribirlo sin la letra hache, alegando que antes se escribía así.
“Hoy el nivel de alfabetización en euskeraesaltoyyescribir ese nombre sin hache es una falta de ortografía clara”, explica Gorrotxategi. Otra de las cuestiones que más ampollas levanta es si un nombre determinado es para chico o para chica. “Ala hora de poner nombres la ley tiene una serie de limitaciones. No se pueden poner nombres que puedan ser perjudiciales para la persona o nombres que creen confusión sobre el sexo de su dueño”, explica Gorrotxategi. De este modo, ya no se le puede poner a un chico Resurrección o Aitziber aunque antaño sí se pudiera.
Sin embargo, las posibilidades a la hora de poner un nombre a un chiquillo son amplias. Si usted ha conocido a su pareja en la punta del Gorbeia, y desea ponerle al fruto de ese amor el nombre de este monte legendario, puede hacerlo. “Si no es feo, claro que se puede poner el nombre de un monte o un lugar que te gusta: Gorbeia, Aralar...”, explica Gorrotxategi. “Otra cosa es que quieras ponerle, por ejemplo, Hiru Erregeen Mahaia... Eso es denigrante”, apostilla.
Una de las consultas habituales hace referencia a la onomástica de los nombres. Curiosamente, tres de cada cuatro consultas de esta índole llegan desde Catalunya, donde se acostumbra a celebrar estas fechas señaladas. “Mucha gente de fuera del País Vasco tiene nombres vascos, sobre todo en Catalunya, aunque últimamente Iker no, por razones futbolísticas...”, dice sonriendo. El éxito de los nombres vascos fue fuera de nuestras fronteras es un hecho evidente. “Hace unos años había más Ainhoas en Madrid que en Bizkaia”, comenta. “Arantza, con la grafía en euskera, es un nombre que se está abriendo paso en España”, explica. “Arancha, con ch, lo ven muy normal y se busca el exotismo”, añade. “Afortunadamente los nombres vascos están de moda.
Una de las particularidades de Euskal Herria es que exporta nombres”, asegura Gorrotxategi. “Hay muchos nombres en euskera bonitos y fáciles, y en España se están extendiendo algunos como Idoia, Mikel...”.
En el País Vasco, muchos de los nombres que más se usan son en euskera, como Iker,Aitor, Jon, Ane, Irati o Leire. Pero también entre los menos frecuentes aparecen algunos en euskera. “Hay gente que quiere nombres vascos, pero que sean únicos, que cuando en el patio griten el nombre no se vuelvan 17. Estos nombres especiales se buscan más habitualmente para chica”, comenta.
Así, estos nombres nuevos surgen de la investigación de documentos o porque hay palabras comunes o topónimos que son aptos para designar a una persona y la gente se los pone a los niños porque les gustan. “También surgen otros a raíz de que hay gente que quiere ponerse su nombre en euskera. Es el caso de Ziratz, que es un nombre raro que significa Consuelo, o Sorospen, que significa Auxiliadora”, detalla Gorrotxategi.
UN POCO DE HISTORIA
Euskaltzaindia publicó su primer nomenclator en el 66, y en el 72 y 77 tuvo sucesivas ediciones con un éxito importante. Los nombres en euskera estuvieron prohibidos en los registros desde el Concilio de Trento. Durante la República hubo un período en el que se pudieron usar los nombres en euskera, pero en la época de Franco volvieron a prohibirse. “Cuando por fin se permitieron, hubo un deseo por parte de la sociedad de usar nombres en euskera y se recurrió a los nomenclator de Euskaltzaindia”, explica Mikel Gorrotxategi. “Podemos decir que en la historia de los nombres en euskera hay dos personajes destacados: Sabino Arana y Jose María Satrustegi”, explica Gorrotxategi. “A este último le debemos el uso de nombres como Ainhoa, Iratxe, Irati o Leire, hoy día comunes, pero que antes no se usaban. No los inventó él, pero sí los popularizó”, comenta refiriéndose a este eclesiástico etnógrafo y antropólogo navarro. Sabino Arana publicó en 1894 un santoral que reunía nombres que han calado con fuerza, como Miren, Josune, Gorka, Kepa o Joseba, que son nombres inventados por él, junto con otros nombres populares vascos como Mikel, según explica Gorrotxategi.
En 1930 el registro civil permitió el uso de nombres en euskera y la gente empezó a usarlos. Pero en el 37, las tropas nacionales conquistaron el país y a esa gente se le tradujo el nombre y se le castigó.