El día 9 de octubre Belén dio a luz a sus gemelas y quince días después tenían que volver a Basurto. Desde Las Arenas les resultaba más cómodo ir en metro. Pero "la sorpresa fue cuando llegamos a la estación y no cabía el cochecito por la canceladora". Iba acompañada por Sergio, su marido, y optaron por desmontar el artilugio para poder pasar, armarlo, subir al tren, y en San Mamés "nos abrieron una puerta lateral para no tener que hacerlo de nuevo". La vuelta a casa transcurrió de la misma forma. "No he vuelto a usar el metro con esta silla", dice Belén resignada.
Después de lo ocurrido, el matrimonio interpuso una reclamación al Departamento de Consumo del Gobierno vasco en las oficinas de Metro Bilbao. Veinte días después la respuesta les remitía al Consorcio de Transportes. Repitieron el trámite pero dirigiéndose a esta entidad, pero la respuesta no llegó.
La contestación vino de la Organización de Consumidores, "diciendo que, según el metro, había accesos de 90 centímetros en todas las estaciones de metro, pero es mentira, porque mi silla mide 78 centímetros, y no cabe", relatan. El 5 de febrero Metro Bilbao les envió un escrito en que el les asegura "que lo van a solucionar". Sin embargo, "dos meses después sigo sin poder usar esa silla y he tenido que comprarme otra".
En la carta aparecía una fotografía de la estación de Abando de una canceladora en la que los flaps se abren por completo al haber quitado las gomas de protección ampliando la distancia de paso y asegurando que "lo vamos a acometer en toda la línea de Metro Bilbao para facilitar el paso de los coches de bebé gemelares, o sillas más anchas". La empresa adjuntaba un creditrans de cinco euros en compensación por el retraso de dos meses en la respuesta.
"Desde hace seis meses que nacieron mis hijas no puedo estar condenada a la calle Mayor de Las Arenas", afirma Belén. Así que, tras haberse gastado 800 euros en una silla gemelar, además de los complementos necesarios, decidieron realizar una nueva inversión, esta vez de 500 euros en otra silla dos centímetros más estrecha que les permitiese pasar por las validadoras del suburbano. Son habituales los viajes a Bilbao, "por ejemplo para hacer una ecografía a las niñas y la odisea se las trae: desmonta la silla para meterla en el automóvil, aparca, vuelve a montar la silla, paga la OTA o el parking cuando tenemos el metro en la puerta de casa y en Bilbao te puedes bajar donde quieras".
Pero Belén y Sergio no se conforman con la respuesta del metro y están pensando qué acciones emprenderán. Por el momento, las niñas ocupan todo su tiempo y "no nos podemos dedicar a mantener una batalla contra ellos". Lo que sí hace Belén es animar a que "reclamen" otras personas que se encuentren en similares circunstancias.
Además, la nueva silla es "de paraguas, y no deberían usarla hasta que tengan unos meses mientras que la que habíamos comprado era para bebés. En definitiva cogimos para poder usar el metro".
Reconocen que no sólo encuentran obstáculos en el metro y hacen referencia a otras situaciones "tan simple como realizar unas compras". Están convencidos que lo importante es "ir ganando terreno y venciendo obstáculos", concluye segura.
"Después de comprar una silla por 800 euros tuvimos que coger otra más estrecha que nos costó otros 500 euros"
"En febrero dijeron que lo iban a solucionar y dos meses después sigue igual. No nos conformamos" |