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Mesa de redacción
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En canal
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Alberto García
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La fuerza de los movimientos vecinales en Bilbao vuelve a surgir. Cuna de políticos y plataforma de líderes en la época de la Transición, tras varios lustros de apagada atonía, en los tres últimos años han retornado con fuerza su presencia. El crematorio de Zumalakarregi, la prostitución en Miribilla, los nuevos accesos por Basurto, el ascensor de Arangoiti... han unido a ciudadanos que son conscientes de que los votos en la urna constituyen una buena moneda de cambio para conseguir objetivos. El último y más llamativo ejemplo es la asociación El Canal, que el jueves se constituyó oficialmente como mandan los cánones de antaño. Es decir, en asamblea, en el recinto cedido por una iglesia y con una multitudinaria asistencia. Surgen además con una fuerza inusitada y un objetivo concreto. Han recogido más de 6.000 firmas en contra de rellenar la margen derecha del canal de Deusto. Y también lo han hecho de una forma muy espontánea: tras publicar en febrero DEIA la noticia de que el Puerto iniciaría la operación en marzo, algo, por cierto, que ya ha retrasado para julio. Son características peculiares de un movimiento que ya tiene un recorrido. Los promotores son los que consiguieron que el Ayuntamiento cerrara el Privéehace tres años, un local nocturno que generó gran polémica. Su repercusión mediática se ha afianzado también con la pelea entre los partidos en los días previos a las elecciones generales y con el apoyo de todos ellos a su causa, a excepción del PNV. Con las cartas boca arriba, los vecinos no se van a abrir en canal pero anuncian pelea larga, analizan sus posibilidades de llevar el tema a los tribunales de justicia y gritan a los cuatro vientos que no quieren rellenos para no tener viviendas frente a las suyas. Son ciudadanos en pie de guerra. |
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