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'Gesture to be a good daughter-Proper posture for seating', crítica del papel de la mujer coreana de Song. |
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Los personajes desdibujados
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'Piurak', figuras garabateadas de Juan Luis Goenaga, se pueden ver en la Galería Ekain de Donostia.
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Piurak, figuras, figuras extrañas, distorsionadas, deconstruidas, esbozadas, en posturas desastradas, trazadas contundentemente con grafito negro y con lápices de colores amarillos, rosas, naranjas, sobre el papel blanco, es lo que ha realizado durante 2007 el artista donostiarra Juan Luis Goenaga (Donostia, 1950) y ahora presenta en Galería Ekain de Donostia.
Se trata de figuras garabateadas de mujeres y hombres, desnudos, en movimiento, en cuyos fondos e intersticios se pueden observar figuras de animales, perros y caballos preferentemente, a manera de totems familiares, con los que el autor traza una superficie bastante llena y abigarrada. Es como un desfogue del artista, como un trazar bosquejos de algo que llegará al lienzo o al gran formato de manera más lenta y reposada. Pero en el fondo es lo mismo. Son relatos y correlatos de la misma historia. Figuras reales de su entorno y de la vida contemporánea.
Como lo son las figuras trazadas en calles de cualquier ciudad española, ciudades que el artista visita (Ávila, Segovia) y transporta en azules y rosas intensos al papel de manera fresca y directa. Junto a ellos, pequeños formatos, en los que traza personajes y manchas abstractas. Y junto a ellos, otras series de jinetes con caballos, y parejas de corte y posturas eróticas, en las que se deja entrever o montarse al lector parte de la historia. La influencia del arte negro y de los salvajes alemanes, está sin duda presente en las obras de Goenaga. Como lo está su pasión instintual por el trazo directo y la mancha, en la que últimamente se advierte una mayor presencia de azules y rojos intensos, de rosas, verdes y naranjas.
También se presentan en la muestra algunos óleos sobre lienzo y cartón, de carácter más abstracto, en los que también predominan los colores mas puros y potentes, rojos y azules. La verdad es que Goenaga nunca ha sido de muchos colores, sino que inserto en la gran tradición pictórica de los ocres y oscuros, siempre ha dicho que no necesita demasiados colores para expresarlo y decirlo casi todo. Se trata más bien de un buen pintor cavernario. Cavernario, por raíces y por decisión propia, cavernario por ancestros familiares y por historias de vanguardia.
Su viaje y recorrido es propio, único y personal, introspectivo y colectivo, instintual y salvaje. Y eso a él nunca le ha molestado: al contrario, le ha gustado. |
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