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06-04-2008
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Colaboración
Innovar ¿para qué ?
Francisco Garmendia
PENSAR que toda innovación produce un buen fin es tan ingenuo como creer que un paso adelante no pueda lanzarnos al precipicio. Por ello es razonable que nos preguntemos por los fines de la acción innovadora que deseamos impulsar y por los indicadores que puedan ayudarnos a discernir si vamos o no en la buena dirección.

"Innovar para mejorar" puede ser una expresión que podemos compartir sin dificultad. Sin embargo, la unanimidad no será tal si concretamos lo que, en diferentes ámbitos de nuestro existir, entendemos cada uno por "vivir mejor".

En el ámbito de lo económico, que tan fundamentalmente afecta a nuestro "sobrevivir", deseamos innovaciones que mejoren la relación calidad-costo-tiempo de cualquier producto, sistema o servicio de nuestro interés. Conseguir en menos tiempo unos zapatos de igual calidad y al mismo costo es un avance deseado por toda persona inteligente que necesita de calzado. En la construcción de viviendas, cultivo de hortalizas, producción de placas de ordenadores ... puede considerarse igualmente bienvenida toda innovación que conlleve la mejora de la relación de su calidad-costo-tiempo. En realidad cualquier persona, individualmente y en grupo, debiera ser agente innovador en su ámbito de actividad económica en el sentido descrito.

El propósito innovador en el que institucionalmente se le quiere implicar al conjunto de la sociedad vasca debiera, sin embargo, plantearse en un horizonte de fines más amplios y profundos que los estrictamente económicos, siendo éstos -como ya he dicho- condición básica necesaria para todo lo demás.

En primer lugar -aunque parezca contradictorio- por razones estrictamente económicas. En la composición de la base económica de los países avanzados, los factores subjetivos (conocimientos, valores, creencias, capital social en forma de redes organizadas ...) adquieren mayor importancia relativa frente a otros de carácter más material (recursos físicos) o financiero.

En segundo lugar, porque la innovación en lo económico resuelve solo el problema del ¿de qué vivir?, y, sin embargo, altera, generalmente, las condiciones relativas al "¿para qué vivir?" y al "¿cómo convivir?" tanto local como globalmente. Las innovaciones técnicas incorporadas al transporte, al hogar y a la comunicación han trastornado los modos tradicionales a través de los cuales nuestra sociedad ha transmitido y actualizado una parte de su capital social comunitario. Baste como ejemplo la sustitución de las tertulias o del cantar y bailar juntos en grupos de gran densidad personal y social por modos de comunicación individualista-masiva de escaso compromiso e implicación.

Toda innovación de las condiciones materiales de vida tiene su efecto en las condiciones humanas de realización personal, necesariamente social. Como no somos solo materia y vida animal, debemos tener en cuenta el efecto razonablemente previsible de las innovaciones aplicadas en muestra realidad humana integral. "La perfección en los medios y la confusión en los fines" -aforismo de Einstein para caracterizar su época- no debe ser utilizado para oponerse a la innovación de los medios, sino para reconducirla permanentemente a los mejores fines del más pleno desarrollo humano en su integridad.

Estimo que el fin básico y permanente no debe ser la cosa innovada sino el sujeto innovador responsable de su propio comportamiento, es decir, responsable de los efectos previsibles que se derivan de sus acciones y omisiones en relación a la humanidad y a la naturaleza en cuyo seno se desarrolla. Esta responsabilidad le obliga a innovar desde el conocimiento más avanzado posible y desde valores éticos enraizados en la dignidad humana. Hoy la humanidad no puede sobrevivir dignamente sin el esfuerzo innovador de las personas que más saben. Pero no basta con saber mucho. Son igualmente importantes los valores que guían su aplicación y uso. La ciencia avanzada hace posible el progreso técnico. Los valores proporcionan la ética. Ambas, técnica y ética, deben ser el bimotor del comportamiento innovador sabio y sostenible.

La política de innovación debiera, por todo ello, diseñarse en clave tanto técnica como ética.
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