|
|
|
Rontegi Puente de plata
|
|
Ha pasado de ser el 'Monumento al puente' a convertirse en estos últimos 25 años en la construcción viaria más importante para el desarrollo industrial, de servicios y humano del Bilbao metropolitano.
|
UNlejano 29 de abril de 1983 se produjo uno de los enlaces más curiosos vividos hasta entonces. Un puente, de apellido Rontegi, quedaba unido con el que poco después sería el primogénito de la Villa de Bilbao, Erandio. De este peculiar casamiento nacerían en la primera semana, cuarenta y dos mil satisfechos conductores. Y es que, la conexión viaria entre ambas márgenes de la Ría del Nervión fue y ha sido, durante todo este tiempo, decisiva para el crecimiento del Bilbao metropolitano y de toda Bizkaia.
Los primeros planes y bocetos para sumar las potencialidades de las poblaciones situadas a ambos lados del cauce que muere en El Abra amontonaron polvo durante cuarenta años. Fue el 1 de octubre de 1977 cuando dieron inicio las obras para construir este viaducto de ocho carriles, cuatro en cada sentido, y más de seiscientos metros (665 en concreto) de longitud. Diseñado por el ingeniero José Antonio Torroja, era la primera gran obra de la democracia tras cuatro décadas de olvido premeditado. La suerte (o una negociación certera) quiso que la concesionaria, Fernández Constructores (Autopista vasco-montañesa) comenzara por Rontegi sus labores para enlazar Bilbao con Santander y Torrelavega.
Hubo que esperar, sin embargo, seis años para que el puente de Rontegi quedara abierto al público. Durante ese tiempo, la colosal figura que hoy en día recorta el horizonte, fue tomando forma. Los retrasos en la entrega de la megaconstrucción (el plazo previsto era de 30 meses) motivaron que los vizcainos lo bautizaran como el Monumento al puente. Y lo hicieron con razón: durante algo más de tres años la estructura finalizada del viaducto permaneció desarmada, sin accesos rodados a ambas márgenes de la Ría que permitieran a los conductores cruzar el cauce montados en sus vehículos.
La política, dichosa en aquél entonces, (entendida como sinónimo de esperanza y felicidad), y la economía, fueron las principales causas. Y es que, la aprobación del Estatuto de Autonomía en el año 1979 (y el traspaso de las dichosas competencias) esfumó las pretensiones que la concesionaria había previsto para la gestión futura de este tramo. Ellos levantaron el puente, sí, pero las conexiones al mismo eran inexistentes.
El Gobierno vasco asumió la competencia sobre carreteras y tomó cartas en el asunto. La concesionaria, la Autopista vasco-montañesa, disponía de los proyectos necesarios para construir estos ramales: Ugaldebieta-1 en Ezkerraldea, y la conexión con Leioa en Eskuinaldea. Esto facilitó que las obras pudieran ser licitadas e inauguradas con éxito el 29 de abril de 1983 por el Lehendakari Garaikoetxea.
Desde entonces, millones de coches y camiones han lanzado sus malos humos a la atmósfera desde 42 metros de altura a los que se sitúa el viaducto. Los últimos datos, relativos al año 2006, cifran en más de 136.000 vehículos el tráfico diario en la Solución Rontegi.
La trascendencia del puente para el equilibrio territorial de Bizkaia ha sido importantísima. Posibilitó un reparto poblacional, un trasvase del caudal humano que desbordaba la margen izquierda de la Ría del Nervión y que tantos problemas medioambientales estaba ocasionando en el entorno.
Después vendrían otros: el de Euskalduna, el de La Peña,... y no faltan las voces que reclaman más puentes. Londres, París, la propia Donostia, son ejemplos a seguir. El proyecto de Zorrotzaurre y sus ocho brazos abiertos al futuro supondrá, como en su día lo fue Rontegi, un antes y un después en los tráficos humanos, en la democratización de la vida social. |
|