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Un grupo de seis alaveses y varios navarros y guipuzcoanos sufrieron un accidentado regreso a casa. |
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Por fin en casa
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Después de la calma vino la tempestad. Tras once perfectos días en Brasil, el gasteiztarra Luis Zubia vivió una larga peripecia para volver a casa: tormentas, aterrizaje forzoso y un comandante que se las da de faraón condimentan su singular aventura.
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pocas personas podrían imaginar unas vacaciones tan accidentadas como las que ha padecido el gasteiztarra Luis Zubia, que regresó a casa el pasado jueves tras una larguísima peripecia con escalas en Brasil, Tenerife y Madrid. 250 turistas, entre los que se encontraba un grupo de seis alaveses, varios navarros, guipuzcoanos, brasileños, italianos e incluso noruegos han padecido en la recta final de sus vacaciones una avería en un vuelo, larguísimas horas de espera y una parada de emergencia en las islas afortunadas entre otros contratiempos. Afortunadamente, han regresado a casa para contarlo, aunque con tres días de retraso sobre lo previsto.
Después de 11 días casi perfectos, a caballo entre las localidades brasileñas de Río de Janeiro, Iguazú y Salvador de Bahía, los problemas comenzaron a la hora de regresar a casa. El vuelo que el pasado domingo por la tarde traía de regreso a Madrid al grupo de turistas se vio obligado a regresar al aeropuerto de Salvador dos horas después de despegar debido a una avería en los radares del avión. Antes de volver a aterrizar, la aeronave estuvo dando vueltas en círculo sobre el aeropuerto durante 45 minutos debido a una fuerte tormenta. A partir de ahí, comenzó la odisea.
"Nos dejaron tirados en el aeropuerto durante dos o tres horas de mala manera hasta que nos llevaron a un hotel". Colas, esperas y papeleos hasta las 7.00 horas del día siguiente, momento en el que pudieron acostarse. El caos fue tal que algunos turistas debieron compartir habitación con otros miembros desconocidos del grupo.
notas bajo la puerta Poco tiempo después, sobre las 11.00 horas, la expedición fue avisada mediante notas por debajo de la puerta de sus habitaciones de que un autobús pasaría a recogerles, aunque sin especificarles el destino. Un método tan poco ortodoxo que algunos turistas todavía estaban descansando y ya no quedaba nadie en el hotel cuando se dieron cuenta del aviso. "No sabían qué hacer con nosotros", recuerda Luis.
Para más inri, el pasaporte de todos ellos ya estaba sellado con la salida del país y no habían vuelto a entrar "legalmente", una circunstancia que podía haber provocado algún malentendido de ser descubiertos por las autoridades y que les limitó en gran medida sus movimientos. "No nos podíamos ir a ningún sitio", rememora. Pese a que acababan de desayunar, fueron conducidos a una churrasquería para comer y, de ahí, a otro hotel. "Nadie nos decía nada, y sólo entonces mandaron a un pobre mecánico que no tenía ninguna culpa para darnos explicaciones". La compañía Air Europa, responsable de la aeronave estropeada, replica que los turistas "en ningún momento quedaron desamparados" y que "se hicieron esfuerzos ímprobos" para sacarles del país. Algunos turistas de la expedición han denunciado que ningún miembro de la compañía "dio la cara" por ellos en aquella estresante experiencia.
Al día siguiente, ya martes, por fin fueron avisados de que un autobús les llevaría al aeropuerto para regresar a Madrid. Las horas previas debieron estar pendientes de nuevas noticias, prácticamente sin poder salir a la calle, y con la incertidumbre de no saber si podrían regresar a casa. Algunos miembros del grupo, incluso, comenzaron a ser reclamados por sus empresas y se vivieron momentos de tensión.
Después de un enorme tumulto para embarcar en el avión -se dispararon rumores de que no habría sitios para todos-, la expedición pudo regresar a España, pero no a Madrid. Sin ser avisados, el avión realizó una parada de emergencia en el aeropuerto de Tenerife Sur porque un pasajero estaba muy nervioso y se enfrentó con parte de la tripulación. Luis, que resta importancia a lo sucedido, relata que el comandante soltó "un mitin en el que parecía el faraón de una república bananera" justificando ese aterrizaje de emergencia. Hasta que la tripulación del vuelo logró interponer la denuncia contra el pasajero, debieron esperar otras dos largas horas para despegar ya, por fin, rumbo a Madrid.
Aunque llegaron sanos y salvos, las sorpresas desagradables, en este caso para Luis, no habían finalizado. La furgoneta con la que acudió al aeropuerto había sido desvalijada días atrás y los faros reventados, por lo que no pudo regresar a Vitoria hasta la mañana siguiente, guiado por la luz del sol. Con el tiempo, a buen seguro, a Luis sólo le quedarán los recuerdos positivos de este viaje y relegará a divertidas anécdotas su accidentada recta final.
andanzas
Por fin de regreso, el avión tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia por la conducta de un pasajero
Al llegar al aeropuerto, Luis descubrió que la furgoneta con la que había acudido a Madrid había sido desvalijada |
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