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Mesa de redacción
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Ir de tiendas
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Concha Lago
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HACE poco, alguien decidió que las chicas ya no teníamos que ponernos silicona para lucir un escote de ésos en los que empiezas a ver crecer tus tetas hasta que se convierten en seres alienígenas a la altura de la barbilla. No, no hablo del histórico worderbra sino del aumentax, una prenda que reactualiza los logros de aquel sostén clásico al equilibrar perfectamente los pectorales y dejarlos dos tallas más grandes. ¡Ah! Perdonen que aborde una temática frívola y que hable de cosas sexistas pero ya que nos apabullan con planes de igualdad ficticios, me pido un hueco para todo aquello que es objeto del escarnio masculino pero en lo que las mujeres vemos verdades como puños. A lo que iba. Los hombres de hoy día, los ubersexuales, esos nuevos machos que nunca llegarán ni a la suela del zapato a los metrosexuales, consideran que ir de compras es una práctica tan vulgar que se escribe con 'v' de ovario. Pero no saben lo que se pierden: un universo inagotable de experiencias y un mundo de sensaciones fuertes. Si no, cómo descubrir un producto que sonroja las mejillas con el rubor que se produce en la mujer justo en el momento del orgasmo. Merced a este tono de maquillaje, un melocotón rosáceo con partículas doradas, ahora más que nunca cabe decir aquello de: "Señores, me disculpan que voy a empolvarme la nariz". Además de los indudables efectos colaterales del nuevo sujetador y el innovador cosmético, estos artículos, con un precio más que razonable, permiten desmentir dos leyendas urbanas: a): que las chicas sólo nos dedicamos a pulir la Visa y b): que Inditex es el demonio. Encima corroboran otro dato empírico. Que ir de tiendas es más eficaz y relajante que cualquier terapia con todo el colegio oficial de psicoanalistas argentinos. Y si compras el susodicho colorete, ni te cuento. |
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