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La Bilbao-Bilbao volvió a reunir a cientos de cicloturistas que disfrutaron del recorrido por Bilbao y sus alrededores. reportaje gráfico: roberto zarrabeitia |
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Un día perfecto para disfrutar de la bicicleta
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La marcha de 116 kilómetros transcurrió con fluidez gracias a las salidas escalonadas desde las 8.30 horas.
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Roberto Calvo
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bilbao. El día invitaba a salir en bicicleta. Después de unas semanas en las que el intenso frío y las lluvias habían llevado a mantener la burra protegida a buen recaudo, 6.017 aficionados tenían ganas de pegarse una pechada de 116 kilómetros en la Bilbao-Bilbao de 2008. Ayer hacía fresquito por la mañana, lo que obligaba a protegerse convenientemente con chalecos, manguitos y guantes, pero no llovía y el recorrido pudo hacerse más llevadero y menos peligroso.
Desde las 8.30 horas, enfrente del Centro Comercial Bidarte, fueron citándose los grupos más o menos numerosos para afrontar la prueba, con salidas escalonadas en función de las exigencias que se marcase cada cual. La única obligación era llegar antes de las 14.30 horas, a una media de 20 km/h. para quienes menos exigen a su cuerpo. Los más preparados iniciaron la marcha más tarde, lo suyo era picarse y comprobar que su preparación dio frutos. Por contra, los menos competitivos madrugaron para poder disfrutar del recorrido sin prisa y sin más compañía que los amigos y el paisaje.
La mayoría de ellos, seguramente todos, conocían el trazado de memoria. Erandio, Loiu, Gatika, Plentzia, Sopela, Urduliz, Unbe, Derio, Zamudio, Artebakarra, Mungia, Morga y Galdakao fueron algunos de los lugares de paso que les iban a llevar de vuelta a Bilbao. Alguna tachuelita para dejarse el resuello y muchas zonas en las que la bicicleta podía avanzar casi por si sola.
El Parque Tecnológico fue el escenario del avituallamiento en el que, a diferencia de otras ocasiones, no hubo aglomeraciones y se cumplió el trámite con rapidez y diligencia. La mitad del recorrido obligaba a reponer fuerzas porque la meta era ya entonces un objetivo al alcance.
Lo peor de todo fue que a Bilbao sólo llegaron 6.016 participantes, uno quedo por el camino. Javier B.A. se desplomó a la altura de Derio. Fue la nota trágica de una fiesta colorida, variopinta y siempre civilizada. La bicicleta volvió a ser reivindicada como medio de transporte y de diversión. Para todos los públicos y para todas las edades |
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