bilbao. El Athletic ya puede mirar hacia otro lado. La cifra de los 43 puntos, esa sinónimo de salvación, es realidad cuando restan aún siete jornadas por delante. La permanencia, por tanto, está asegurada. Toca ahora marcarse otro objetivo. Y éste mira a Europa, aunque el sexto puesto, con la victoria del Sevilla, siga a cinco puntos. Pero el conjunto rojiblanco sabe que cuenta con el plus que aporta su inercia positiva. La que le valió ayer para tumbar al Espanyol de Ernesto Valverde. La que le sirve para enterrar de forma definitiva el vértigo de la zona de descenso y la que le permite atrapar la palabra ambición en lo que queda de curso. El Athletic disfruta del momento más dulce de los últimos tiempos. Porque así lo desnuda marcar en la primera ocasión que dispuso y porque así lo delata que la fortuna le rescate cuando Raúl Tamudo, autor del gol de la última victoria periquita en San Mamés siete años atrás, lanzó a las nubes un penalti cometido sobre su persona por Susaeta cuando quedaba poco más de un cuarto de hora y con un Espanyol que mandaba. El Athletic, sin más, rentabiliza una inercia de seis jornadas consecutivas sin caer, de tres victorias seguidas en La Catedral y de una cosecha de 21 puntos en lo que va de segunda vuelta. Y que no pare. La próxima estación llega el próximo domingo con la visita a Riazor.
Caparrós puede presumir de su intuición. O Joseba Garmendia puede presumir de reivindicarse. Lo cierto es que la primera titularidad del basauritarra del curso en San Mamés no pudo ser más fructífera. La presencia de Garmendia en el once ofreció una cierta dosis de sorpresa, cuando parecía que Joseba Etxeberria o Aduriz pugnaban por acompañar en ataque a Fernando Llorente. Garmendia, con todo, no dejó pasar la oportunidad. Pedía a gritos minutos. Ayer los tuvo. Y bien que sacó rédito de ellos, porque se convirtió en uno de los nombres propios del encuentro. Su gol, de una factura destinada para un delantero centro nato, le valió para dar un golpe sobre la mesa. Para decir que tiene hambre. Y el Athletic lo agradeció. Como agradeció que Gabilondo, que sube su cotización partido a partido, le ofreciera ese sutil servicio que suele tasarse en medio gol.
El tanto de Garmendia llegó, además, en la primera llegada de los de Caparrós, que también presenta su plus de relevancia. Es lo que tiene vivir en una inercia positiva. Antes costaba mil amores hacer gol y ahora se hace casi a las primeras de cambio. El Athletic se vio a los 13 minutos con el resultado de cara. Y siempre gusta navegar con viento a favor, aunque ello no quiera decir que se llegue a puerto con una mar serena. Porque San Mamés está acostumbrado a padecer instantes de tormenta. El Athletic, de momento, supera las turbulencias, pese a que supongan poner a prueba el corazón de muchos. El conjunto rojiblanco, a imagen y semejanza de los duelos ante el Valladolid y el Getafe, regaló sus mejores minutos en el primer periodo. Cuando puso en marcha esas armas que suelen aportar pingües beneficios. Este Athletic ha mostrado por activa y pasiva que sus opciones de éxito pasan por atosigar a su rival en la medular. Javi Martínez, al que tanto se le echó de menos en el Nuevo Colombino, es imprescindible en esa labor. El de Aiegi ya es una realidad. Sabe que tiene adquiridos unos galones que debe hacer valer. Ayer los volvió a imponer. Roba balones a mansalva, aporta una inagotable presencia y alivia, como nadie, el trabajo de los peloteros. Yeste, hasta que tuvo que abandonar por un golpe en el gemelo derecho, se valió de las virtudes del navarro para dirigir la orquesta, con un Gabilondo estelar en el tramo inicial, un Llorente descomunal en el trabajo ante los centrales periquitos y un Garmendia enchufado. El cóctel ya estaba servido. Porque el Espanyol también era víctima de la inercia que vive. Negativa, en este caso. Y el fútbol es cuna de sensaciones. El conjunto de Valverde está en crisis de juego y resultados, y sus primeros 45 minutos pueden dan fe de ello.
El Athletic, con todo, repitió los pecados de otros días. No mató el encuentro cuando tuvo ocasión para ello. Primero, en un remate de Javi Martínez, solo ante Kameni tras una bella combinación entre Llorente y Garmendia, que se fue alto y, segundo, en un mano a mano de Susaeta ante el camerunés, segundos antes del descanso, que el de Eibar despreció. En medio, llegó la única oportunidad del Espanyol, en un disparo de Rufete con su zurda que se estrelló en el palo derecho de la meta de Armando. Es el noveno balón que se topa con la madera con el de Sopelana bajo palos. Armando, por tanto, puede decir que también aporta ese plus de ayuda bienvenido.
penalti decisivo El segundo acto cambió el decorado. Valverde, que continúa sin ganar en San Mamés en el banquillo catalán, se vio obligado a mover fichas tras la decepcionante imagen de su equipo en los primeros 45 minutos. La entrada por bandas de Riera y Coro aportó otro aire a los periquitos. Y asustó al conjunto rojiblanco, que, como ha ocurrido en otras ocasiones, dio un paso hacia atrás. El encuentro entró en otra lectura. El Espanyol ya no estaba dispuesto a conceder más. Desveló que quería sumar. El Athletic, en cambio, perdió la intensidad del tramo inicial. Y ello suele tener su precio. El del sufrimiento. Nada nuevo. Lo suyo ya es una flagelación habitual.
Riera y Coro se convirtieron en las pesadillas de los leones. El primero pudo empatar tras un error garrafal de Iraola en su intento de ceder en plancha a Armando, muy seguro en los peores momentos, pero la aparición de Ocio fue providencial. El segundo echó a Del Horno, incapaz de frenar al de Girona, Tamudo despreció el penalti que le regaló Susaeta. El Athletic, mientras, se encomendó a una contra que nunca llegó. El plus de la inercia, con todo, impuso su ley. |