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Vida sin fronteras
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Morar en la epidermis
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Rafa Redondo
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la palabra persona proviene del griego prosophon, que significa máscara, en referencia a la tragedia y la comedia del teatro heleno. El espíritu humano sopla y suena a través del personaje con que se presenta y re-presenta en sociedad; es más, sonamos a través de una fabricada per-sonalidad, y así se entiende que en latín persona derive de per-sonare (sonar a través de).
En una reciente entrevista televisiva, me impresionó la transformación que ha experimentado el otrora fulgurante personaje de Mario Conde a través del sonar de su rostro, que, tras la cárcel y el fallecimiento de su esposa, trasparenta hoy un aspecto deteriorado, aunque desnudo de las caretas de su época triunfal. Pero renuncio a seguir hablando del per-sonaje y me centraré en incapacidad de ver que ofrecen los entrevistadores-estrella, a la que se une esa futilidad del espectador medio, tan insensible y alienada para intuir la posibilidad de transformación de cualquier hombre.
Al entrevistador-estrella, ajeno a otra sensibilidad que no fuera el impacto, el icono, la imagen y la cota de audiencia, se le escapa de sus ojos el extraer la Noticia oculta en la apariencia. Para eso -ya ven- le pagan. Rehúsan a des-cubrir la Vida.
Y tal ineptitud es aún más trágica que todas las tragedias de Esquilo, Sófocles o Eurípides juntos, porque el drama de nuestro tiempo reside en la monumental ceguera para superar la epidemia de superficialidad que embota las mentes para atisbar la Noticia que ocultan las caretas.
Una sociedad dormida, lo seguirá siendo aún más a través de las idiotizadas noticias de unos desustanciados medios de comunicación incapaces de ver la Noticia que suena en cada instante. Morar en la epidermis, tal es nuestra tragedia. Y aquí acaba hoy mi columna; vayamos a publicidad. |
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