bilbao. Marian Oliva no dejó de comer carne ni siquiera cuando estalló la crisis de la encefalopatía espongiforme, allá por el año 2000. "Si habíamos comido vacas locas, las habíamos comido ya", comentaba con cierta resignación, mientras paseaba la vista sobre las bandejas de filetes expuestas en el supermercado de El Corte Inglés de Bilbao. Convencida de que ahora la carne está "más controlada" que nunca, esta vecina de Erandio, consumidora habitual de label, no tenía recelo alguno pese a su embarazo. "Los que se han muerto lo han incubado siete años", se tranquilizaba.
También Isabel López, una mujer de avanzada edad de Las Arenas, estaba muy bien informada. "He oído que tarda siete u ocho años en salir, o sea que igual lo tenemos y no lo sabemos", señalaba, sin visos de preocupación. "Si vas a tener miedo, entonces no comerías nada", se explicaba, al tiempo que su sobrina, Marta González, le leía las etiquetas de las bandejas. "¡Ossobuco!, esto es riquísimo", exclamaba Isabel, quien decía no fijarse demasiado en la procedencia de los filetes y las chuletas. "Ahora hay más controles y me fío más", argumentaba.
En sintonía con el lema lo que no mata engorda, Gloria demostraba, cesta de la compra en mano, no haber perdido con el paso del tiempo su excelente sentido del humor. "A tu edad todavía, pero con los años que yo tengo ya no me da miedo nada", bromeaba, antes de afirmar, ahora más en serio, que "no hay nada que temer porque está todo muy bien controlado".
Rosa María García, sin embargo, no tenía reparos en reconocer que noticias como la de los dos fallecidos en León "siempre afectan algo". De hecho, esta vecina de Bilbao que tras desatarse la crisis hace ocho años estuvo "meses sin probar la carne", aunque su familia "la seguía comiendo", tampoco parecía ayer muy atraída por los filetes de ternera gallega que estaba comprando. Fueran o no a acabar en su plato, Rosa María decía que se fija mucho en la procedencia de la carne y habitualmente se decanta por "la del País Vasco, Ávila o Galicia". Rosa María no fue la única en confesar su recelo. "Te da algo de reparo, pero como siempre compro aquí me da confianza", acertaba a decir otra señora, mientras su marido, reacio a hacer declaraciones, la estiraba del brazo.
Convencida de que "si te pones a pensar, no comes nada", Luisa Mari del Monte aseguraba que "algo de miedo sí te da, aunque de la carne de El Corte -añadía- me fío bastante". No en vano esta mujer acude a menudo a Bilbao, desde Portugalete, para comprar chuletas. "El label vasco te da más garantías, pero las carnicerías pequeñas no sabes a quién gastan, ni de dónde traen la carne", manifestaba, antes de constatar que a raíz de la encefalopatía espongiforme, "al menos en mi familia, se come menos carne".
"no se prima el comer" La desconfianza, el descenso del consumo de carne, su carestía... todo parece haber influido en el hecho de que profesionales como José Miguel Artola estuvieran, a mediodía de ayer, de brazos cruzados a la puerta de su negocio, en la bilbaina calle Licenciado Poza. "A raíz de las vacas locas pegó un bajonazo, se añadió el euro y se ha herido de muerte a la tienda de carnicería, más si cabe a la que está en el centro", manifestaba, tras despedirse de un hombre con el que había tramado conversación. Además, añadía, "la gente relaciona la tienda pequeña con las cosas caras" y prima "tener dos viviendas, dos coches o varias teles antes que comer".
Los hábitos de consumo, sostenía, también han variado. "Cuesta hasta vender chuletas, que antes eran muy demandadas y, para cuando alguien te compra un pollo, has vendido diez kilos de pechugas. Los muslos también cuesta sacarlos", detallaba, consciente de que "la gente va al supermercado, coge las bandejas y ya está". "La carne ha perdido el valor que tenía y el carnicero ahora es un don nadie", se lamentaba, antes de que un hombre entrara a su comercio, pero sólo a coger los diarios gratuitos que, a modo de reclamo, tenía frente al mostrador.
en busca del label En el supermercado de El Corte Inglés, según confirmaba su jefe, Patxi González, la nueva alarma de vacas locas no tuvo "repercusión". "La gente está muy informada y hay tranquilidad", aseguraba, tras apuntar que la crisis de hace años tampoco les perjudicó en exceso. "Fue un impacto moderado. Incluso hubo al final un pequeño repunte de venta, porque la gente confiaba en las piezas de Eusko Label. El que tiene marca de calidad en estas crisis alimentarias sale beneficiado", aseveraba.
A punto de terminar su turno, la encargada de la charcutería de uno de los supermercados que Eroski tiene en Bilbao corroboraba que "de momento" la gente estaba "comprando carne con normalidad porque confían en que está controlado". El panorama fue muy diferente cuando se dieron a conocer los primeros casos. "Aquello sí que afectó. Como ama de casa, hasta yo dejé de comprar, por si las moscas". |