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Mesa de redacción
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Contador a cero
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Raquel Ugarriza
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lAS chicas buenas van al cielo, las malas van a todas partes, decía la excesiva Mae West. Las jóvenes gasteiztarras beben y fuman más que los chicos, dictamina un informe elaborado por el Ayuntamiento de la ciudad. Oigo a mi alrededor quien afirma que es una lástima que la equiparación de las féminas a los usos y costumbres de los hombres sea también en los aspectos más negativos de la masculinidad. Todo ello me lleva a recordar al compañero Xabi Larrañaga cuando en una de sus columnas llamaba, con razón, meonas, a esas chicas que, quitándose de encima de un plumazo milenios de pudor, miccionan en plena vía pública cuando la necesidad aprieta y casi siempre en un entorno lúdico-festivo-beodo. Supongo que Xabi se vio sorprendido por el desprejuicio con el que se manejan muchas jóvenes, pero lo que me incomodó es que tomara aquella revelación como un signo de lo más feo que trae la equiparación hombre-mujer. Mujer soy y me he visto en esa necesidad, ya saben, la de evacuar donde se pueda, y no les voy a contar cómo acabó la cosa pero les diré algo: he visto con estos ojitos docenas, cientos, tal vez miles de machitos orinando alegremente en cualquier vía pública y sólo un puñado de mujeres en las mismas circunstancias. Tenemos derecho a ser drogadictas, borrachas, meonas o lo que queramos ser sin que vuelva la inquisición moral a otorgar un plus de maldad o fealdad a nuestras acciones sólo por ser mujeres. Que ellas beben y fuman más, bien. Pero las estadísticas también apuntan que llegan más lejos en los estudios o que conducen mejor. El día en que lleguemos a cometer en calidad y cantidad los mismos desmanes cometidos por el género masculino durante milenios, sólo entonces pondremos el contador a cero.
rugarriza@deia.com |
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