El dramaturgo Alfonso Sastre (Madrid, 1926) presenta el fin de semana (19.30 horas) en el teatro Victoria Eugenia la obra ‘¿Dónde estás Ulalume, dónde estás?’ que ‘reconstruye’ de una manera peculiar los últimos días del escritor Edgar Allan Poe, a quien este autor confiesa “admirar” DONOSTIA. ¿Qué es ¿Dónde estás Ulalume, dónde estás?
Es un homenaje a la figura de Edgar Allan Poe y también la aceptación de un reto desde el punto de vista dramático.Hay un momento misterioso durante sus últimas horas de vida. Siempre se cuenta una historia de la que se sabe una parte y la parte que se desconoce es la que yo he creado y eso fue un reto para mi imaginación. Poe, en un viaje a Baltimore tenía que hacer un transbordo de un barco a un tren para recoger las cosas de la casa donde vivió con su mujer (Ulalume). Llevaba muchas recomendaciones de toda la gente que le amaba para que no bebiera. Yo he estudiado su biografía y no es que bebiera mucho, sino que el alcohol le hacía mucho daño.
Y, ¿qué pasó?
Lo que pasó durante esas horas es el enigma. De pronto apareció con un delírium trémens en un parque de la ciudad y, poco después, murió.Por eso es un desafío para un autor. Nosotros no sólo nos dedicamos a hacer testimonio de cosas que han ocurrido, hacemos mucho más y una de ellas es imaginar. Pensar qué es lo que ocurrió desde su desembarco a su aparición gravísimamente enfermo en un parque. Eso me movió a escribir la obra y, sobre todo, la base fundamental es la admiración por el autor.
Muchas de sus obras se han enfrentado a la censura, ¿qué problemas debe superar hoy un autor?
Al contrario que hace algunos años lo más que ocurre no es que sobren prohibiciones sino que falta ánimo para entender este tipo de actividades. No se puede decir como durante el franquismo: hay dictadura o hay censura previa obligatoria. Sí hay tabúes como, por ejemplo, el tema de la unidad de España o cualquier objeción o crítica que se plantee sobre si podría replantearse esto. España no es una unidad de destino como creía José Antonio Primo de Rivera, sino una asociación histórica formada de un modo problemático y no muy acertada en muchas ocasiones a través de bodas.
¿Condiciona defender determinada postura política a la hora de trabajar o de los reconocimientos?
En el caso de José Bergamín sin duda lo hubo. Nunca hubo ni siquiera el asomo de que pudieran darle un gran premio literario y lo único que se decía era que Bergamín estaba con los vascos o cosas de ese tipo.
Lo suyo ha sido un trabajo de fondo...
Ahora que ya puedo decir que llevo muchísimos años creo que un escritor es un corredor de fondo. Esa situación yomela planteé y la acepté hacemucho tiempo y por tanto no he cargado con ella como si fuese una desdicha.
¿Y qué ocurre con el olvido?
Enese sentido los actores tienen una vida más inquietante, porque no es que su trabajo sea menos sólido, es que lo parece. Es más evanescente, al no quedar escrito, aunque estoy diciendo una cosa que ahora ya no es tan cierta, porque existen formas de grabar el trabajo propiamente dramático y quedan testimonios de muchas cosas que antes se perdían. Sin embargo, hace unos años había actores de gran talento que morían sin haberlo expresado y sin que quedara ningún testimonio de que lo habían tenido. Mientras que a nosotros, voy a poner nada menos que a Valle Inclán entre nosotros, a lo mejor nadie estrenaba nuestras obras pero quedaban en los libros.
¿Se leen obras de teatro?
Se está fomentando bastante. Hay una asociación de autores de teatro que realiza todos los años una feria basada en el lema de que el teatro también se lee. Según algunos resúmenes de informes el teatro se lee bastante. Sin embargo, el otro día en Bilbao, en una discusión sobre el tema, hubo opiniones distintas, o sea que no está tan claro. Nosotros tenemos en nuestra familia una pequeña editorial (Hiru) que mi compañera Eva Forest fundó y que publica teatro. Y la opinión de los que llevan la casa es que el teatro sí que se lee.
Ha comentado en alguna ocasión que usted es un autor leído pero no tan representado.
Eso es así todavía. En el último año, más o menos, ha habido más representaciones de cosas mías que en los diez, doce o catorce anteriores. Se ha producido una especie de inflexión a pesar de lo cual, dado que yo he escrito mucho, eso también es verdad, queda mucho todavía por ser representado por primera vez.
¿Alguna en especial?
Alo mejor el año que viene se estrenar una obra que está pendiente y que se ha representado alguna vez en lugares pequeños,muymodestamente y que se titula El camarada oscuro. Pero parece que el proyecto se ha abandonado.Empiezo contándola a principios del siglo XX y termina en los años 60, y trata la vida de un militante revolucionario. Está basada en la vida de una persona que conocí y cuyos testimonios me impresionaron mucho. Son hechos de la historia de España contados a través de la vida de un personaje imaginario a medias. Esa obra síme gustaría que se representara alguna vez, aunque está escrita hace mucho.
¿Y qué opina de la programación teatral actual?
Yo, sinceramente, no veo que haya una política teatral que presente una cierta coherencia. Es decir, una programación que conduzca a alguna parte. En algunos encuentros se ha planteado que programar un teatro es una manera de pensar y aquí los teatros se programan sin que se vean como una parte de un gran pensamiento. Ocurren cosas, muchas, y la mayor parte se suelen hacer bien y, sin embargo, es como si no ocurriera nada. Al no tener las cosas cierta coherencia es como si no ocurrieran.
¿Y cuál sería la solución?
El otro día hablaba sobre la necesidad de que las programaciones fueran a alguna parte y lo terrible que era que no fuera así. Se hace mucho teatro y no se puede decir que se haga mal. Además, hay un problemaserio con la dicción. No sigo este tema tanto como para hacer grandes afirmaciones, pero no se habla bien en el teatro. Y por todo esto es difícil que pueda darse una opinión tal como se daba en los años sesenta, por ejemplo. Se podía decir que una tendencia era el teatro épico, otra el teatro del absurdo... Se podrían señalar tendencias como si el teatro fuese a alguna parte y se enfrentaran unas corrientes con otras; y ahora eso es muy difícil. Ahora todo parecen corpúsculos y no se forman ondas, y creo que tendrían que formarse ondas porque las cosas tienen que tener una cierta coherencia: teatro vertebral.